¿Qué es la prueba de Wada?
El test de Wada es un procedimiento diagnóstico realizado antes de ciertas cirugías cerebrales, principalmente para pacientes con epilepsia o tumores. Su objetivo fundamental es determinar qué hemisferio cerebral controla el lenguaje y cuál domina la memoria, de modo que la cirugía pueda planificarse para minimizar el riesgo de afectar estas funciones. A continuación se describen su propósito, cómo se realiza, quiénes pueden someterse, qué esperar durante el proceso, posibles riesgos y cómo se interpretan los resultados.
Propósito y fundamentos del test de Wada
El test de Wada, también conocido como intracarotid amobarbital test, sirve para responder dos preguntas clave sobre el cerebro de cada individuo antes de una intervención quirúrgica. En primer lugar, se busca determinar qué lado del cerebro controla el lenguaje, ya que, en la mayoría de las personas, ese control recae en el hemisferio izquierdo; sin embargo, ello no es universal (especialmente en personas zurdas). En segundo lugar, se evalúa qué lado del cerebro es más importante para la memoria, ya que ambos hemisferios contribuyen a este proceso y la dominancia puede variar entre individuos. En conjunto, esta información permite a los neurólogos y cirujanos estimar el riesgo de cambios en el lenguaje o la memoria tras la cirugía.
El test de Wada se realiza con la finalidad de que el equipo neuroquirúrgico determine, antes de la intervención, si una determinada operación podría afectar funciones comunicativas o de memoria. Además de este procedimiento, existen otras pruebas que pueden emplearse antes de una cirugía para epilepsia, entre ellas la resonancia magnética funcional (fMRI), la estimulación magnética transcraneal (TMS) y pruebas neuropsicólogicas. Estas evaluaciones complementarias aportan información adicional sobre la organización funcional del cerebro y la posible reubicación de funciones durante la cirugía.
Qué lado controla el lenguaje y qué lado controla la memoria
¿Qué lado de la corteza se ocupa del lenguaje?
En la mayoría de las personas, el hemisferio izquierdo es el dominio del lenguaje. Sin embargo, el test de Wada es necesario porque la dominancia puede no seguir esta pauta en todos los individuos, especialmente en personas con dominancia atípica o con ciertas variaciones anatómicas. La determinación de la lateralización del lenguaje es crucial para poder planificar la cirugía de forma que se minimicen alteraciones en la expresión y comprensión verbal tras la intervención.
¿Qué lado de la memoria es más importante?
La memoria no está reducida a un único hemisferio; ambos lados del cerebro participan en distintos tipos de memoria. En personas con lenguaje dominando el hemisferio izquierdo, la memoria verbal tiende a depender del hemisferio izquierdo, mientras que la memoria visual y espacial suele relacionarse más con el hemisferio derecho. El test de Wada permite al equipo médico identificar cuál hemisferio tiene mayor aportación a la memoria, lo que influye en la planificación quirúrgica para preservar la memoria de forma óptima.
Quién puede someterse a la prueba
La prueba está diseñada para adultos y niños, pero la participación infantil depende de la edad y de la capacidad para conversar y comprender instrucciones durante el procedimiento. En particular, un niño pequeño podría no entender las palabras o las instrucciones necesarias para el test, con lo que la utilidad de la prueba podría verse comprometida. En general, la selección de pacientes se realiza tras una evaluación clínica y de otras pruebas prequirúrgicas para asegurar que el test aportará información relevante para la cirugía planificada.
Equipo médico y preparación
Equipo responsable
- Epileptólogo: neurólogo especializado en epilepsia, encargado de coordinar la evaluación y las pruebas para la cirugía.
- Neurorradiólogo intervencionista: médico con experiencia en procedimientos de cateterización; coloca el catéter en las arterias carotídeas para administrar el fármaco anestésico durante el test y realiza las imágenes necesarias.
- Neuropsicólogo: especialista en cómo las condiciones cerebrales afectan el comportamiento y las habilidades cognitivas, evaluando el rendimiento durante la prueba.
Preparación previa
- Puede indicarse evitar ciertos fármacos hasta dos semanas antes del procedimiento, como aspirina, antiinflamatorios no esteroideos (NSAIDs) y anticoagulantes.
- Es importante seguir tomando los medicamentos recetados según indicaciones, a menos que el equipo médico indique lo contrario.
- Se debe informar sobre cualquier alergia a medicamentos para adaptar la preparación y evitar reacciones adversas.
Antes del procedimiento
En la etapa preoperatoria se preparan aspectos prácticos y técnicos para asegurar una realización adecuada del test. El paciente suele cambiarse a una prenda de hospital y, en muchos casos, la región inguinal se desinfecta y se rasura para facilitar el acceso vascular. En la sala de pruebas se colocarán electrodos en el cuero cabelludo para obtener un electroencefalograma (EEG), que mide la actividad eléctrica cerebral durante el procedimiento y ayuda a confirmar cuándo una mitad del cerebro está “dormida”.
Con la piel de la ingle adormecida, se introduce una aguja en un vaso sanguíneo de la pierna para, posteriormente, avanzar un catéter hacia la arteria carótida en el cuello. Al introducir el catéter puede experimentarse un sabor metálico en la boca y una sensación de calor; estas sensaciones son esperables y suelen ser momentáneas. Paralelamente, se realiza una angiografía para estudiar el flujo sanguíneo cerebral y descartar anomalías que podrían complicar la prueba.
Desarrollo del test
Procedimiento principal
El equipo procederá a «dormir» temporalmente una mitad del cerebro mediante la administración de un fármaco anestésico a través del catéter en una de las arterias carótidas (izquierda o derecha). Si la medicación llega a la arteria carótida derecha, la mitad derecha del cerebro quedará inactiva temporalmente y sin comunicación normal con la mitad izquierda. Durante este estado, pueden aparecer sensaciones como ver destellos (estrellas), presión detrás del ojo y un enrojecimiento o sensación de calor en la cara. También puede haber debilidad o imposibilidad temporal para mover el lado opuesto del cuerpo. Los médicos controlarán la eficacia de la «inmovilización» cerebral comprobando las señales en el EEG.
Una vez verificado que una mitad del cerebro está efectivamente “dormida”, el epileptólogo o el neuropsicólogo evaluarán la capacidad de lenguaje mientras se muestran tarjetas con palabras e imágenes. Se pedirá al paciente que intente recordar lo que ve o interpreta. Es normal que aparezcan algunas dificultades para hablar o debilidad; estas respuestas ayudan a mapear las funciones de cada hemisferio. En algunas situaciones, la persona puede quedarse dormida durante el procedimiento, lo que requiere una adecuada supervisión y manejo por el equipo médico.
Limitaciones y escenarios que reducen la utilidad
La prueba puede no ser tan útil en ciertas condiciones, entre ellas:
- Niños menores de 10 años, debido a limitaciones en la comprensión y comunicación durante la prueba.
- Riesgo de convulsiones durante el proceso.
- CI inferior a 70, que puede afectar la interpretación de las pruebas cognitivas durante la evaluación.
El manejo del miedo o la ansiedad del paciente es una parte integral del procedimiento, con apoyo del equipo para garantizar una experiencia lo más calmada y segura posible.
¿La prueba se realiza con el paciente despierto?
Sí. A diferencia de muchos procedimientos que requieren sedación profunda, el test de Wada se realiza con el paciente despierto, ya que la evaluación de funciones como el lenguaje y la memoria debe hacerse mientras se produce la interrupción temporal de una mitad del cerebro.
Duración típica
La duración total varía entre centros, pero suele ser de tres a cuatro horas, con ambas mitades del cerebro evaluadas durante la sesión. Después de la primera mitad, suele haber un periodo breve de recuperación antes de intervenir la segunda mitad y repetir el proceso de evaluación.
Qué ocurre tras el procedimiento
Tras finalizar la parte activa del test, el paciente permanece en la unidad de recuperación para descansar y ser monitorizado. El personal revisará periódicamente el pulso en la pierna de acceso, comprobará que la incisión inguinal esté cicatrizando correctamente y verificará que la sensación y la circulación en la pierna se encuentran normales. Una vez recuperado, se evalúa la respuesta global y el paciente puede regresar a casa el mismo día o, en algunos casos, al día siguiente, según la evolución clínica.
Se recomienda evitar esfuerzos físicos intensos durante 24 a 48 horas tras la prueba para reducir el riesgo de complicaciones en la zona de la entrada del catéter.
Seguridad, riesgos y consideraciones especiales
El test de Wada es un procedimiento de bajo riesgo, pero, al ser invasivo, conlleva la posibilidad de complicaciones. Los efectos adversos más comunes suelen ser dolor en el sitio de la catéterización una vez que desaparece la anestesia local. Entre las complicaciones menos frecuentes se incluyen:
- Convulsión.
- Encefalopatía, que puede manifestarse como alteración temporal del estado mental.
- Accidente cerebrovascular (ICTUS).
El riesgo de sangrado o infección es inherente a cualquier procedimiento invasivo. Este riesgo es algo mayor en personas de edad avanzada (≥65 años), en personas con aterosclerosis o con antecedentes de colesterol alto, y debe ser discutido individualmente con el equipo médico antes de la realización.
Resultados y cómo se interpretan
Los resultados del test de Wada permiten al equipo de tratamiento identificar qué lado del cerebro es dominante para el lenguaje y qué lado es dominante para la memoria. Se integran estos datos con la información obtenida de pruebas previas que localizan las zonas de crisis en el cerebro. Con toda la información recopilada, el cirujano puede valorar los posibles riesgos adicionales que la cirugía podría implicar para las funciones de lenguaje y memoria, y planificar la intervención de manera que se preserve la mayor parte posible de estas capacidades.
La interpretación de los resultados del test de Wada es un paso clave en la planificación neuroquirúrgica. Aunque el procedimiento aporta información valiosa, no determina por sí solo la decisión final; se integra con el resto de pruebas y con la evaluación clínica para decidir si la cirugía es la opción más adecuada, cómo se debe plantear la resección y qué estrategias de preservación de funciones cognitivas pueden ser necesarias durante el proceso quirúrgico.
Alternativas y enfoques complementarios
Además del test de Wada, existen otras estrategias para estimar la organización funcional del cerebro y la posible afectación de lenguaje y memoria tras la cirugía. Entre ellas:
- Resonancia magnética funcional (fMRI) para mapear áreas responsables de lenguaje y otras funciones sin necesidad de intervención invasiva.
- Estimulación magnética transcraneal (TMS) como método no invasivo de explorar la función de áreas específicas del cerebro.
- Pruebas neuropsicológicas para evaluar capacidades cognitivas y su baza en el rendimiento durante diferentes tareas.
La combinación de estas herramientas puede proporcionar una visión integral de la organización cerebral y permite planificar la cirugía de forma que se preserven las funciones críticas del lenguaje y la memoria, minimizando el impacto en la calidad de vida del paciente.
Vídeo sobre ¿Qué es la prueba de Wada?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.