Nefroscopia
La nefroscopía es un procedimiento médico utilizado para examinar el interior del riñón y tratar ciertas condiciones del tracto urinario superior. Se realiza con un nefroscopio, una sonda delgada que se introduce a través de una pequeña incisión en la piel. Este instrumento permite iluminar, observar y tratar el interior renal, utilizando energía para descomponer cálculos y técnicas para extraer fragmentos, con un impacto menor que la cirugía abierta tradicional.
Qué es la nefroscopía
La nefroscopía es un procedimiento que facilita la exploración directa del riñón. El nefroscopio es un tubo estrecho que contiene una fuente de luz, un telescopio para la visualización y un sistema de irrigación para limpiar el sitio quirúrgico durante la intervención. En muchas intervenciones, se emplea energía de ultrasonido o de láser para descomponer los cálculos renales u otros materiales presentes dentro del riñón. Una vez que el objetivo se ha fragmentado, las piezas pueden succionarse a través de uno de los canales del nefroscopio o tomarse con pinzas quirúrgicas y extraerse fuera del cuerpo.
La nefroscopía se describe como un procedimiento no invasivo que reduce la necesidad de recurrir a una cirugía abierta. Este enfoque minimiza la magnitud de la incisión y la recuperación comparada con métodos más invasivos, al tiempo que permite abordar con precisión lesiones o problemas en el tracto urinario superior.
Usos y aplicaciones
- Eliminación de cálculos renales pequeños mediante una técnica denominada PCNL (nefrolitotomía percutánea). Se realiza una pequeña incisión en la piel y se introduce un nefroscopio para extraer o fragmentar cálculos que miden aproximadamente un tercio de pulgada (1 cm) o más.
- Eliminación de fragmentos de cálculos que persisten después de una intervención previa o durante el procedimiento.
- Extirpión de tumores pequeños que pueden localizarse en el riñón o en estructuras próximas.
- Remoción de cuerpos extraños, como un stent que haya quedado previamente instalado.
- Extirpación de quistes renales, es decir, bolsas llenas de líquido que pueden estar en el riñón o en su superficie.
- Tratamiento de la obstrucción ureteropélvica (UPJ) —bloqueo en la unión entre el riñón y el uréter— para restaurar el flujo urinario.
- Verificación de intervenciones previas para confirmar si una patología residual, como cálculos o fragmentos, persiste tras una intervención anterior de PCNL.
Cuándo se emplea
La nefroscopía es especialmente útil para la retirada de cálculos renales pequeños. En el contexto de la PCNL (nefrolitotomía percutánea), se realiza una incisión pequeña en la piel para permitir el acceso directo al riñón mediante un nefroscopio y otros instrumentos insertados a través del mismo canal. En este marco, el objetivo suele ser la eliminación de cálculos que miden un tercio de pulgada (1 cm) o mayor.
la nefroscopía puede emplearse para eliminar fragmentos de cálculos, tratar pequeños tumores, retirar cuerpos extraños como un stent, eliminar quistes renales, abordar una obstrucción UPJ y verificar la efectividad de intervenciones previas, asegurando que no queden cálculos ni fragmentos.
Dónde se realiza
Cuando se realiza como una prueba diagnóstica o de seguimiento, la nefroscopía puede hacerse en régimen ambulatorio, sin necesidad de hospitalización. Si se practica junto con una PCNL, se realiza en un hospital bajo supervisión médica. En un procedimiento de PCNL—si se requiere—la anestesia es de anestesia general y la recuperación suele ocurrir en el hospital durante aproximadamente un día.
Detalles del examen
Preparación
Antes de la nefroscopía, puede realizarse un análisis de orina y, si se detecta infección, puede indicarse tratamiento antibiótico previa. Si está tomando aspirina debe suspenderse al menos una semana antes del procedimiento, y lo mismo aplica para otros fármacos antiplaquetarios y la warfarina (anticoagulante). Su urólogo indicará exactamente cuándo deben suspenderse estos fármacos para reducir el riesgo de sangrado. se recomienda ayunar: no comer ni beber durante 8 horas previas al procedimiento.
Cómo se realiza la nefroscopía
El equipo médico revisará sus opciones a partir de imágenes recientes del riñón y del tracto urinario, como una TC (tomografía computarizada) o una urografía, para planificar la intervención. Se administra anestesia general y la persona se coloca en la mesa de operaciones en posición prona (tumbada boca abajo). Se inserta un pequeño catéter a través de la uretra para aspirar o inyectar un medio de contraste hacia el riñón, permitiendo que se realicen imágenes radiográficas de alta resolución para detallar las estructuras internas.
Posteriormente, se guía una aguja desde la espalda hacia el riñón en el sitio planificado. La zona se dilata para permitir la introducción de una vaina o tubo guía de diámetro suficiente para alojar el nefroscopio y los otros instrumentos quirúrgicos. Este acceso directo al interior del riñón facilita la localización y el tratamiento del objetivo, ya sea un cálculo, una obstrucción u otra lesión.
El objetivo de la intervención —por ejemplo, un cálculo renal o una obstrucción— se fractura y/o extrae a través del nefroscopio.
se coloca un stent ureteral en el riñón para mantener despejado el uréter y favorecer el drenaje de la orina durante la fase de curación. Un stent es un tubo suave y hueco de entre 10 y 12 pulgadas de longitud que se sitúa a lo largo de la totalidad del ureter, el conducto que transporta la orina desde el riñón hasta la vejiga. Este dispositivo ayuda a mantener abierto el conducto y a facilitar la curación del riñón. Normalmente, el stent se retira en la consulta del médico, dentro de la primera semana tras la intervención.
Qué sucede después
Tras la intervención, se traslada a la sala de recuperación y se observa a la persona mientras despierta de la anestesia. Se vigila de forma estrecha la aparición de dolor excesivo y signos de sangrado interno. La terapia antibiótica se mantiene según lo indicado por el equipo médico para prevenir infecciones. Se proporcionarán instrucciones específicas sobre el cuidado posterior y las señales de alarma a vigilar en casa.
Resultados y Seguimiento
Cuándo se devuelve a casa
La alta hospitalaria depende de el motivo de la nefroscopía. En la mayoría de los casos, la persona recibe el alta al día siguiente de la intervención. El médico informará sobre la duración típica de la estancia hospitalaria en función de la complejidad de la intervención y de la evolución clínica de cada paciente.
Qué vigilar y cuándo consultar
- Llame de inmediato a su médico si experimenta fiebre o escalofríos, o si tiene dolor que no cede con la medicación prescrita.
- Acuda a la urgencias si observa sangrado importante o la presencia de coágulos en la orina.
- Evite esfuerzos físicos intensos y levantar objetos pesados durante un periodo de dos a cuatro semanas, salvo indicación específica de su médico.
Detalles Adicionales
Riesgos y beneficios
La nefroscopía se presenta como un procedimiento muy seguro que reduce la necesidad de cirugía tradicional, la cual suele implicar una recuperación más prolongada y un mayor riesgo de infección. Aun así, existen riesgos asociados que deben discutirse con el equipo médico.
- Sangrado significativo que podría requerir una transfusión transfusional.
- Acumulación de líquido en los pulmones, que podría requerir drenaje mediante aguja o tubo.
- Sepsis, una infección grave que requiere tratamiento intensivo.
- Infección del tracto urinario.
- Lesión del ureter o del riñón durante la manipulación quirúrgica.
Vídeo sobre Nefroscopia
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.