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Anfetaminas: qué tratan y cómo funcionan

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Las anfetaminas son sustancias estimulantes del sistema nervioso central que se utilizan en medicina para tratar diversas condiciones, como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la narcolepsia y la obesidad. Su acción implica aumentar la liberación de neurotransmisores y prolongar su presencia en la sinapsis, lo que eleva la actividad cerebral. Aunque pueden ser eficaces cuando se usan como se indica, presentan riesgos de abuso, dependencia y efectos adversos importantes si se emplean incorrectamente.

Qué son y para qué se utilizan

Definición general: las anfetaminas son un grupo de fármacos estimulantes que modifican la comunicación entre neuronas mediante el aumento de ciertos mensajeros químicos. Este efecto puede mejorar la atención, la vigilancia, la energía y la motivación, pero también puede suprimir el apetito y alterar el estado emocional en algunas personas. El uso farmacológico está dirigido a condiciones específicas y debe realizarse bajo supervisión médica.

Cómo actúan en el organismo

Las anfetaminas tienen un impacto destacado en el sistema nervioso central. Sus mecanismos principales incluyen:

  • Aumento de la liberación de dopamina y noradrenalina en ciertas áreas del cerebro, lo que fomenta la excitación neuronal y mejora la atención y la concentración.
  • Prolongación de la acción de estos neurotransmisores al disminuir su reabsorción y degradación, manteniendo una mayor señalización sináptica.
  • Efectos periféricos que pueden incluir incremento de la frecuencia cardíaca y la presión arterial, así como cambios en el apetito y el estado de alerta.

Los efectos subjetivos típicos cuando se usan de forma controlada pueden incluir mayor alerta, capacidad de concentración, energía y una sensación de bienestar. No obstante, administrar estas sustancias en dosis o modos no indicados puede desencadenar efectos adversos significativos y, en algunos casos, conducir a trastornos de uso de sustancias.

Qué fármacos se clasifican como anfetaminas

Principales fármacos basados en anfetamina (genéricos y combinaciones)

A continuación se describen los fármacos que pertenecen a este grupo y sus usos clínicos habituales, sin referirse a marcas comerciales:

  • Anfetamina (genérico): indicaciones en el tratamiento del TDAH, de la narcolepsia y de la obesidad en algunos contextos.
  • Combinaciones de anfetamina (dos o más componentes en una formulación): utilizadas para el manejo del TDAH y otros trastornos cuando se requieren efectos prolongados o coordinados.
  • Benzpamina: utilizada principalmente en el manejo de la obesidad en ciertos regímenes terapéuticos.
  • Dextroanfetamina: tratamiento de TDAH y, en algunas ocasiones, de narcolepsia y obesidad cuando corresponde a la pauta terapéutica.
  • Lisdexamfetamina: un profármaco que se activa tras la metabolización; se utiliza para TDAH y, en algunos casos, para trastornos de ingesta compulsiva.
  • Metanfetamina: aparece como opción en ciertos contextos clínicos, con aprobación para TDAH limitada en algunos países y uso no recomendado fuera de indicaciones específicas debido a su perfil de seguridad.
  • Fenfluramina y derivados orales relacionados: históricamente utilizados para obesidad, pero con uso restringido por seguridad en la actualidad; su presencia depende de las indicaciones y aprobaciones locales.

Otras sustancias con propiedades anfetamínicas de uso clínico

Existen fármacos que, técnicamente, son anfetaminas o análogos, pero que tienen efectos diferentes o usos muy específicos. Entre ellos se incluyen:

  • Iofetamina: utilizado en procedimientos de imagen nuclear y evaluaciones diagnósticas, con perfiles de efectos y seguridad particulares.
  • Hidroxianfetamina: se emplea en forma de colirios para dilatar la pupila durante ciertos exámenes oftalmológicos; su uso es específico y controlado.
  • Levmetanfetamina: presente en ciertos descongestionantes nasales de venta libre; su uso y concentración están regulados por normativa de medicamentos y mostramos su perfil de seguridad correspondiente.

Uso no médico y consideraciones de seguridad

El uso no médico de anfetaminas es relativamente común con sustancias como anfetamina, dextroanfetamina y metanfetamina, lo que incluye consumo sin prescripción o en maneras distintas a las indicadas. Esto también abarca usos alternativos, como inhalarlas o inyectarlas. Un caso notable dentro de este grupo es el MDMA, conocido popularmente como “éxtasis” o “Molly”; su investigación está explorando su potencial terapéutico para trastornos como el trastorno de estrés postraumático (TEPT), aunque su uso recreativo sigue siendo regulado y riesgoso.

Qué condiciones pueden tratar las anfetaminas

Los fármacos basados en anfetamina y sus combinaciones pueden emplearse en distintas patologías, con indicaciones que pueden variar según el fármaco y la normativa local. Entre las más relevantes se encuentran:

  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños, adolescentes y adultos, cuando hay indicación clínica y monitorización adecuada.
  • Narcolepsia, un trastorno del sueño que provoca somnolencia diurna excesiva y episodios de cataplexia en algunos casos.
  • Obesidad, en regímenes terapéuticos específicos como parte de un plan integral de pérdida de peso cuando otras intervenciones no han sido suficientes.
  • Trastorno por atracón u otros trastornos alimentarios en ciertos escenarios clínicos, cuando existen indicaciones aprobadas y supervisión profesional.

Diferencias entre anfetamina y metanfetamina

A nivel químico, ambas comparten estructuras similares, pero presentan diferencias importantes en uso, efectos y riesgos:

  • : la metanfetamina tiene aprobación para tratar solo ciertas condiciones de forma restringida, mientras la anfetamina cuenta con aprobación para TDAH, narcolepsia y obesidad en distintos escenarios clínicos.
  • Potencia y velocidad de acción: la metanfetamina suele ser más potente y actuar con mayor rapidez que la anfetamina, lo que puede traducirse en efectos más intensos y un perfil de seguridad más complejo.
  • Riesgos y uso prolongado: la metanfetamina presenta riesgos significativamente mayores de dependencia y efectos adversos graves, lo que explica su menor frecuencia de prescripción en comparación con la anfetamina.
  • Disponibilidad de prescripción: las prescripciones de metanfetamina son menos habituales y están más reguladas dada la combinación de efectos y riesgos de uso indebido.

Preguntas frecuentes sobre diferencias entre sustancias y sus formas

Dextroanfetamina frente a anfetamina

La dextroanfetamina es un enantiómero de la anfetamina, y representa la fracción que suele tener mayor potencia en ciertos efectos psicostimulantes. En formulaciones mixtas, la dosis se reparte entre el enantiómero dextrómero y el levómero, influyendo en la intensidad de la respuesta y en el perfil de efectos. En algunas preparaciones, se emplea principalmente uno de los enantiómeros, de modo que las indicaciones y la tolerabilidad pueden diferir entre productos.

Formas farmacéuticas disponibles

Las anfetaminas se pueden administrar en varias presentaciones para adaptar la duración de la acción y la adherencia al tratamiento. Las formas más comunes incluyen:

  • de liberación inmediata> o instantáneas: suelen generar efectos más rápidos, con duración de horas limitadas.
  • Cápsulas: pueden contener mezclas de liberación instantánea y prolongada, lo que facilita una acción sostenida a lo largo del día.
  • Solución oral: formulaciones líquidas para facilitar dosificación en pacientes con dificultades para tragar, o para ajustes finos de dosis.
  • Parche transdérmico: permite la absorción gradual a través de la piel, proporcionando una liberación sostenida durante un periodo prolongado.

Rangos y ajustes de dosis

La dosis de anfetaminas se adapta a cada persona y al objetivo terapéutico. En general, se recomienda iniciar con la dosis más baja posible y realizar un incremento gradual hasta obtener la eficacia deseada o hasta que aparezcan efectos adversos que limiten su continuidad. Los rangos pueden variar, pero en múltiples formulaciones se observan variaciones desde pocos miligramos hasta rangos que pueden alcanzar decenas de miligramos por día, dependiendo de la formulación (liberación inmediata vs. prolongada) y de la indicación. El ajuste debe hacerse bajo supervisión médica para maximizar beneficios y minimizar riesgos.

Efectos secundarios y riesgos

Los efectos de las anfetaminas pueden clasificarse en secundarios comunes y efectos adversos serios. Entre los primeros se destacan:

  • Disminución de la percepción de calor y de la circulación en manos y pies (sensación de frío, cambios de color, fenómeno de Raynaud).
  • Reducción del apetito con posible pérdida de peso involuntaria.
  • Mareo o aturdimiento.
  • Taquicardia o elevación de la presión arterial.
  • Ansiedad, nerviosismo, inquietud o irritabilidad.
  • Dolores de cabeza.
  • Insomnio u otros problemas del sueño.
  • Náuseas y vómitos.
  • Cambios en la función sexual o disfunción sexual.
  • Dolor de estómago o molestias abdominales.
  • Temblores.
  • Alteraciones visuales, como visión borrosa.

Entre los efectos menos comunes pero más graves se incluyen:

  • Reacciones alérgicas graves, que pueden requerir atención médica urgente.
  • Bruxismo (rechinar de dientes) y conductas compulsivas relacionadas con la piel (p. ej., excoriaciones o "dermatillomanía").
  • Dependencia y adicción, especialmente con uso prolongado o fuera de indicación.
  • Pérdida de cabello (alopecia) en casos raros.
  • Síntomas cardíacos graves, como dolor en el pecho o palpitaciones persistentes.
  • Estados maníacos o síntomas psicóticos en ciertas personas, especialmente con dosis altas o uso indebido.
  • Síndrome serotoninérgico cuando se combinan con otros fármacos que aumentan la serotonina.
  • Heridas inexplicables en dedos u otros lugares que pueden indicar problemas de circulación o daño neuropático.

Es fundamental consultar a un profesional de la salud ante cualquier efecto adverso, para determinar si corresponde ajustar la dosis, cambiar de formulación o interrumpir el tratamiento.

Interacciones con otros fármacos

Las anfetaminas pueden interactuar con una amplia variedad de medicaciones y sustancias. Un profesional de la salud o un farmacéutico puede identificar riesgos específicos. Entre las interacciones relevantes se encuentran:

  • Antácidos, que pueden afectar la absorción.
  • Antihistamínicos, que pueden potenciar efectos sedantes o cardíacos.
  • Medicamentos para la tensión arterial, que pueden modificar la presión arterial y la frecuencia cardíaca.
  • Insulina y otros fármacos que afectan la glucosa, ya que pueden alterar el control metabólico.
  • Inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), que pueden provocar interacciones graves.
  • Medicamentos que aumentan los niveles de serotonina, con riesgo de síndrome serotoninérgico.
  • Inhibidores de la bomba de protones y antidepresivos tricíclicos, que pueden modificar el efecto terapéutico y el perfil de seguridad.

Es esencial informar a la persona que atiende sobre todos los fármacos, suplementos o remedios de venta libre que se estén usando para evitar interacciones inesperadas.

Consumo de alcohol y uso social

No se recomienda consumir alcohol poco después de tomar anfetaminas. La interacción entre ambas sustancias puede aumentar efectos no deseados y complicaciones. El profesional de la salud puede indicar el intervalo de tiempo recomendado entre la toma de la medicación y el consumo de alcohol, si procede.

Síndrome de abstinencia y “caída” tras el efecto

Las anfetaminas pueden provocar síntomas de abstinencia, aunque son menos probables cuando se siguen las indicaciones de dosificación. Tras la retirada de la eficacia de la medicación, algunas personas reportan una caída marcada que puede incluir:

  • Incremento de la ansiedad o irritabilidad.
  • Aumento de la somnolencia o hambre repentina.
  • Sentimientos de tristeza o depresión parecidos a la disforia.
  • Dificultad para concentrarse o mantener la atención.

Si estas sensaciones son persistentes o interfieren con la vida diaria, es recomendable consultar con el equipo médico. Pueden considerarse ajustes de dosis, cambios en el horario de administración o incluso la transición a una formulación distinta, como una versión de liberación prolongada.

Consideraciones sobre disponibilidad y suministro

En ciertos momentos, pueden producirse interrupciones o reducciones en la disponibilidad de algunas preparaciones de anfetaminas. Por ejemplo, se han reportado escenarios de escasez a nivel regulatorio que afectan a diversas dosis y formulaciones (liberación inmediata vs. liberación extendida) durante periodos que pueden prolongarse. Si se presenta una dificultad para obtener la medicación, es importante consultar con el profesional de la salud o con el farmacéutico, quienes pueden sugerir alternativas o estrategias para evitar interrupciones en el tratamiento.

Vídeo sobre Anfetaminas: qué tratan y cómo funcionan

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.