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Úlceras por presión: Síntomas, Etapas y Tratamiento

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Las úlcera por presión, también conocidas como escaras o lesiones por presión, son heridas en la piel y los tejidos subyacentes causadas por una presión sostenida. Son más comunes en personas que no pueden moverse con facilidad o que dependen de ayudas para desplazarse. Su manejo exige prevención, diagnóstico cuidadoso y tratamiento oportuno para evitar infecciones y complicaciones graves. A continuación se describen qué son, cómo se clasifican, qué las causa y cómo prevenirlas y tratarlas de forma rigurosa.

Qué son las úlceras por presión

Las úlcera por presión se originan cuando la presión aplicada sobre una zona de la piel reduce o corta el flujo sanguíneo hacia esa área. Sin un flujo sanguíneo suficiente, las células de la piel empiezan a morir y la lesión se agranda. Estas lesiones pueden desarrollarse en cualquier parte del cuerpo, pero son más comunes en áreas donde los huesos quedan más cercanos a la superficie de la piel y, por tanto, reciben mayor presión cuando una persona está sentada o acostada. A continuación se detallan los conceptos clave relacionados con estas lesiones.

Sinónimos y terminología utilizada

  • Decúbito ulcer o úlcera de decúbito.
  • Lesión por presión.
  • Úlcera de presión o lesión por presión.
  • Herida por presión.
  • Con frecuencia se emplean estas distintas expresiones para describir la misma entidad clínica.

Frecuencia y alcance

Se estima que millones de personas en distintos países desarrollan úlceras por presión cada año. Aunque cualquiera puede padecerlas, el riesgo es mayor en personas con movilidad reducida, edad avanzada y condiciones de salud que debilitan la piel o dificultan la recuperación. El reconocimiento temprano y la intervención adecuada pueden modificar significativamente el pronóstico y la duración del proceso de curación.

Áreas del cuerpo más afectadas

Las lesiones pueden aparecer en cualquier zona sometida a presión prolongada, pero suelen localizarse en las superficies óseas o próximos a ellas. Entre los lugares más vulnerables se encuentran:

  • Talones.
  • Espalda (incluido la región sacra y las crestas ilíacas).
  • Nalgas y zona glútea.
  • Codillos y parte superior de los muslos.
  • Pies y tobillos.
  • Hombros y axilas en personas que se apoyan de forma constante.
  • En personas que requieren oxigenoterapia, pueden aparecer en zonas inusuales como la nariz, las orejas o la cabeza, así como dentro de la boca en casos de dentaduras mal ajustadas o intubación mecánica.

Señales, causas y factores de riesgo

La causa principal de una úlcera por presión es la presión sostenida que impide el riego sanguíneo adecuado hacia la piel. Esto provoca daño tisular que progresa con el tiempo si la presión continúa. En algunos casos, la presencia de humedad por sudor, orina o heces puede empeorar la situación, al igual que la fricción o tracción al deslizarse en una cama o silla de ruedas.

Qué la provoca

La presión continua interrumpe el flujo sanguíneo hacia la piel y los tejidos cercanos. Cuando la presión persiste durante un periodo corto de tiempo, especialmente si se acompaña de humedad, puede desencadenar una lesión cutánea. En condiciones de fricción o tracción, la piel se daña con mayor facilidad y la lesión puede avanzar más rápidamente hacia capas más profundas de la piel y, a veces, más allá de la epidermis.

Factores de riesgo

  • Personas con movilidad limitada o ausencia de capacidad para cambiar de posición de forma independiente.
  • Pacientes en coma o en estado vegetativo, con parálisis o uso prolongado de dispositivos de inmovilización.
  • Uso de sillas de ruedas o yesos/proteis que limitan la movilidad.
  • Edad avanzada o piel más fina, que se daña con mayor facilidad.
  • Hipótesis de malnutrición o deshidratación, que debilita la capacidad de la piel para sanar.

Condiciones de salud que aumentan el riesgo

Algunas condiciones médicas pueden predisponer a la aparición de úlceras por presión o dificultar su curación. Estas incluyen:

  • Cáncer y estados de debilidad general.
  • Parálisis cerebral o deterioro neurológico que reduce la movilidad o la sensación en la piel.
  • Insuficiencia venosa crónica que favorece la hinchazón y la fragilidad cutánea.
  • Demencia o deterioro cognitivo que dificulta el cuidado de la piel.
  • Diabetes y otras condiciones metabólicas.
  • Insuficiencia cardíaca o renal.
  • Desnutrición o ingesta insuficiente de proteínas y calorías.
  • Enfermedad vascular periférica que reduce el flujo sanguíneo a extremidades.
  • Lesiones de la médula espinal o espina bífida que reducen la sensibilidad y la movilidad.

Señales y síntomas

Las úlceras por presión pueden ser dolorosas o presentarse con picor. En personas con menor sensibilidad, la lesión puede no ser percibida de inmediato. La apariencia y los síntomas varían según la etapa de la lesión y pueden incluir dolor, sangrado leve, mal olor o secreción. A medida que la lesión avanza, la piel puede presentar cambios en color, textura y consistencia, y la herida puede exponer capas más profundas de la piel y tejido subyacente.

Etapas de las úlceras por presión

  1. Estadio 1: la piel se ve roja o rosada y no hay herida abierta. En personas con piel más oscura, el cambio de color puede ser difícil de detectar. Puede sentirse a la palpación como más caliente, más fría, más suave o más firme.
  2. Estadio 2: aparece una llaga superficial con base rosada o roja. Puede haber pérdida de piel o ampollas.
  3. Estadio 3: la herida es más profunda e invade la capa grasa subcutánea (hipodermis), a veces con apariencia de hundimiento o bulto profundo.
  4. Estadio 4: la herida penetra las capas de la piel y expone músculos, tendones o incluso huesos, con mayor compromiso de estructuras profundas.

Complicaciones y riesgos graves

Las úlceras por presión pueden acarrear complicaciones potencialmente graves, especialmente cuando se extienden o se infectan. Entre las complicaciones se incluyen:

  • Infecciones bacterianas que pueden extenderse a la piel y provocar celulitis, o incluso infecciones sistémicas como sepsis.
  • Problemas más graves como bacteriemia (bacterias en el torrente sanguíneo), que pueden afectarlo meninges o válvulas cardíacas (endocarditis).
  • Infecciones óseas o articulares, como osteomielitis o artritis séptica.
  • Complicaciones graves asociadas a infecciones de estreptococos del grupo A, que pueden ir desde celulitis hasta condiciones agresivas como la fascitis necrosante.

Signos de infección en una úlcera por presión

Se deben vigilar signos como fiebre, escalofríos, dolor intenso, enrojecimiento o calor alrededor de la herida, mal olor o empeoramiento de la inflamación y la secreción. Ante cualquiera de estos signos, es crucial buscar atención médica para identificar la infección y adecuar el tratamiento.

Diagnóstico y pruebas

El diagnóstico de una úlcera por presión se realiza mediante exploración clínica y, en ocasiones, pruebas complementarias para evaluar la profundidad y buscar infecciones asociadas. Un profesional de la salud puede:

  • Evaluar la apariencia de la herida y su estadio para clasificar su severidad.
  • Registrar imágenes de la herida para monitorear la evolución a lo largo del tiempo.
  • Solicitar pruebas específicas si se sospecha infección, como cultivos de sangre y de la herida, o pruebas para detectar bacterias.
  • Realizar radiografías u otros estudios de imagen cuando se requiere evaluar la afectación de estructuras profundas, hueso u otros tejidos.

Manejo y tratamiento

El manejo de las úlceras por presión depende de la etapa de la lesión y de la presencia de complicaciones. En etapas tempranas, la curación puede lograrse con cuidados conservadores, mientras que en casos más graves puede requerirse intervención especializada. A grandes rasgos, se contemplan las siguientes estrategias.

Tratamientos no quirúrgicos

En estadiamiento temprano (estadio 1 o 2), y en algunas lesiones selectas de estadio 3, el manejo puede realizarse sin cirugía, con un enfoque integral que incluye:

  • Higiene y limpieza de la herida mediante irrigación con suero fisiológico o soluciones estériles para eliminar suciedad y tejido muerto.
  • Cubiertas o apósitos especializados que facilitan la curación: hidrogel, hidrocoloide, alginatos y apósos de espuma.
  • Lavados y limpieza regular de la herida para mantener un ambiente óptimo para la curación.
  • Desbridamiento en lesiones profundas para eliminar tejido necrótico y dañado; este procedimiento puede realizarse con bisturí, métodos enzimáticos o uso de soluciones específicas. La zona suele anestesiarse localmente para disminuir el dolor durante el procedimiento.

Medicamentos y manejo farmacológico

El tratamiento farmacológico puede incluir:

  • Antibióticos en presencia de infección confirmada o sospechada.
  • Analgésicos y, si procede, antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) para aliviar dolor e inflamación.
  • Ansiar un plan de manejo del dolor individualizado, con ajuste de dosis y rutas de administración adecuadas.

Tratamientos quirúrgicos

Las úlceras de estadio 3 o 4, cuando son profundas o afectan una porción amplia de la piel, pueden requerir intervención quirúrgica. Las opciones pueden incluir técnicas de cierre de la herida o injertos de piel para favorecer la cicatrización. El objetivo es restaurar una cubierta cutánea estable y reducir el riesgo de infecciones recurrentes, permitiendo una recuperación más rápida cuando sea posible.

Pronóstico y perspectivas

El pronóstico de una úlcera por presión depende de su estadio y de la capacidad para prevenir nuevas lesiones. Una piel que ya ha sufrido una úlcera puede permanecer más frágil tras la curación, lo que subraya la importancia de medidas preventivas constantes y de una vigilancia regular de la piel. Las lesiones en estadio avanzado presentan mayores desafíos y requieren un manejo más intensivo, con mayor riesgo de complicaciones infecciosas y otras secuelas. Una pronta detección y tratamiento adecuado pueden mejorar significativamente el resultado y reducir la duración del proceso de curación.

Prevención de las úlceras por presión

La prevención es fundamental para reducir la aparición de estas lesiones. Las estrategias habituales incluyen intervenciones de reposicionamiento, cuidado de la piel y optimización de la nutrición y la movilidad. A continuación se describen medidas prácticas y efectivas para disminuir el riesgo.

Posicionamiento y movilidad

  • Cambiar de posición con regularidad, cada 15 minutos si se está sentado, o cada 1 a 2 horas si se permanece en cama. Un cuidador puede ayudar si la persona es incapaz de moverse por sí misma.
  • Utilizar dispositivos de soporte que distribuyan la presión de manera adecuada, evitando esfuerzos puntuales sobre una zona, y eliminando el uso de cojines u objetos inadecuados que aumenten la presión en áreas sensibles.

Revisión y cuidado de la piel

  • Inspección regular de la piel para detectar cambios de color, hormigueo, dolor o sensibilidad en las áreas de presión.
  • Higiene adecuada y control de la humedad de la piel para evitar maceración o irritación por sudor, orina o heces.
  • Aplicación de barreras cutáneas o cremas específicas para proteger la piel frente a la humedad y irritantes.

Nutrición e hidratación

  • Una dieta adecuada y suficiente ingesta de proteínas pueden ayudar a la cicatrización y a la resistencia de la piel. Mantener una hidratación adecuada también es esencial para sostener la elasticidad y la salud de la piel.
  • En algunos casos, puede ser necesario suplementar vitaminas o minerales; en contextos severos, podría requerirse soporte nutricional especial, como nutrición enteral o hiperhidración intravenosa, siempre bajo supervisión médica.

Cuidados de la cama y el entorno

  • Mantener sábanas limpias y secas, cambiarlas con frecuencia para evitar irritación y humedad acumulada.
  • Utilizar superficies de descanso diseñadas para reducir la presión, como colchones o cojines adecuados que distribuyan la carga sin crear puntos de presión intensos.
  • Evitar el uso de cojines con formas que concentren la presión de forma inadecuada, como los “donuts”; la distribución amplia de la presión es clave para la prevención.

Vivir con úlceras por presión

La vida diaria con una úlcera por presión requiere vigilancia, adherencia a las recomendaciones de cuidado y cooperación entre el paciente y el equipo de atención sanitaria. La meta es garantizar que la piel mantenga una integridad suficiente, reducir el dolor y prevenir complicaciones. A continuación se ofrecen recomendaciones y pautas de seguimiento.

Cuándo consultar al profesional de la salud

Solicite atención médica si observa cualquiera de estos signos o cambios:

  • Cambios en el color de la piel alrededor de la zona afectada.
  • Señales de infección, como fiebre, dolor que aumenta, enrojecimiento que se extiende, calor local o mal olor.
  • Incremento de la firmeza o dolor en la zona afectada, o aparición de nueva hinchazón.

Preguntas útiles para hacerle a su equipo médico

  • ¿Qué causó la úlcera y en qué estadio se encuentra?
  • ¿Cuál es el mejor tratamiento para mi caso específico?
  • ¿Se necesita cirugía o intervenciones adicionales?
  • ¿Qué pasos puedo tomar para prevenir nuevas úlceras?
  • ¿Qué signos de complicación debo vigilar y cuándo buscar ayuda?

Preguntas frecuentes sobre la nutrición y el cuidado óptimo

La nutrición juega un papel importante en la prevención y la curación de las úlceras por presión. En muchos casos, las personas que desarrollan estas lesiones presentan desnutrición o ingesta insuficiente de proteína, lo que puede retrasar la cicatrización. Una dieta adecuada, rica en proteínas y con un balance adecuado de calorías, vitaminas y minerales, puede favorecer la recuperación y disminuir el riesgo de complicaciones. En casos de malnutrición severa, se pueden considerar medidas de soporte nutricional, como alimentación por sonda o nutrición intravenosa, siempre bajo supervisión médica.

En síntesis, las úlcera por presión requieren un enfoque multidisciplinario que combine prevención, vigilancia, tratamiento de la herida y manejo de factores de riesgo para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de las personas afectadas.

Vídeo sobre Úlceras por presión: Síntomas, Etapas y Tratamiento

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.