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Tumor cerebral en niños: tumor cerebral pediátrico, cáncer cerebral infantil

mayoclinic.org

Un tumor cerebral pediátrico es un crecimiento de células cerebrales anómalas en un niño. Estos tumores se originan cuando ocurren cambios genéticos que hacen que las células cerebrales se multipliquen de forma descontrolada. Pueden ser malignos o benignos y pueden presentarse a cualquier edad desde la primera infancia hasta la adolescencia. Su tipo, ubicación y velocidad de crecimiento influyen significativamente en los síntomas, el diagnóstico y las opciones de tratamiento.

Clasificación y panorama general

¿Qué es un tumor cerebral en la infancia?

Un tumor cerebral pediátrico es una neoplasia que se forma en el cerebro o cercanías, derivada de células presentes en el sistema nervioso central. Estas masas pueden originarse en distintas tipos de células y, por ello, su comportamiento clínico, pronóstico y tratamiento pueden variar ampliamente. Los tumores pueden ser malignos (cáncer) o benignos (no cancerosos), y su impacto depende de la ubicación y de la velocidad de crecimiento.

Clasificación por origen celular

La mayoría de los tumores se agrupan según el tipo de célula cerebral de la que se originan. Las categorías principales incluyen las siguientes, con ejemplos representativos para cada una:

Gliomas

Los gliomas se originan en las células gliales, que sostienen, nutren y protegen el tejido cerebral. Aproximadamente la mitad de los tumores cerebrales en niños pertenecen a este grupo. Los gliomas pueden clasificarse como de bajo grado (de crecimiento lento) o de alerta alto grado (agresivos y de crecimiento rápido). Entre los tipos se cuentan:

  • Astrocitoma: se inicia en los astrocitos y puede aparecer en el cerebro o la médula espinal, con evolución que varía entre lenta y agresiva.
  • Oligodendroglioma: se origina en oligodendrocitos y suele localizarse en la capa externa del cerebro.
  • Neuroglial: tumores que comprenden tanto células gliales como neuronas, pueden ocurrir en cerebro y médula espinal y con frecuencia provocan convulsiones.
  • Ependimoma: comienzan en células ependimarias que recubren los espacios con líquido cerebral.

Tumores embrionarios

Estos tumores se inician en células mínimamente desarrolladas del sistema nervioso central durante períodos embrionarios. Son cancerosos y pueden presentarse a cualquier edad, con mayor frecuencia en bebés y niños pequeños. Tipos dentro de este grupo incluyen:

  • Meduloblastoma: el tipo embrional más común; suele originarse en la parte posterior del cerebro (cerebelo).
  • Meduloepitelioma: tumor raro y de crecimiento rápido, típicamente en lactantes y niños pequeños.
  • Tumor atípico teratoide/rabdoide (ATRT): neoplasia poco frecuente que a menudo empieza en el cerebelo de niños muy pequeños.
  • Embryonal tumor con rosetas multicapa (ETMR): cáncer cerebral infantil agresivo dentro del sistema nervioso central.

Tumores de la glándula pineal

La glándula pineal, situada en la región central del cerebro y que regula la melatonina, puede dar origen a varios tumores. Pueden ser benignos o malignos. Ejemplos incluyen:

  • Pineoblastoma: el tipo embrionario más agresivo que puede diseminarse rápidamente al cerebro y la médula espinal.
  • Tumores de parénima pineal: de grado intermedio, principalmente confinados a la región pineal si se detectan a tiempo.
  • Tumores germinales: se originan a partir de células germinales que pueden permanecer en la glándula pineal tras el desarrollo.

Craneofaringiomas

Son tumores no cancerosos que se originan cerca de la glándula pituitaria (hipófisis) y surgen de tejido embrionario de la propia glándula. Pueden ser sólido-quísticos o mixtos y su velocidad de crecimiento varía. Estos tumores pueden comprimir la glándula pituitaria, afectando hormonas que regulan crecimiento, presión arterial y reproducción, así como presionar los nervios ópticos y afectar la visión.

Tumores de células germinales

Son tumores cancerosos que se inician a partir de células germinales embrionarias. Durante el desarrollo, estas células pueden migrar fuera del cerebro para formar ovarios o testículos. Las células germinales que permanecen en el cerebro pueden volverse cancerosas y formar tumores que pueden extenderse hacia la médula espinal y el líquido cefalorraquídeo (LCR).

Tumores del plexo coroideo

Comienzan en el plexo coroideo, que recubre los ventrículos que contienen el líquido cefalorraquídeo. Pueden ser benignos (p. ej., papilomas del plexo coroideo) o malignos (p. ej., carcinoma del plexo coroideo). Algunos papilomas atípicos de plexo coroideo son de grado intermedio y pueden volverse malignos si no se extirpan adecuadamente.

Schwannomas

Estos tumores se originan en las células de Schwann, que aislan los nervios. Su crecimiento suele situarse cerca de nervios que participan en la audición y el equilibrio, y también pueden formarse junto a la médula espinal, provocando debilidad o alteraciones sensoriales. Aunque suelen ser benignos, pueden ser malignos en determinados contextos.

Meningiomas

Se originan en las meninges, las capas de tejido que rodean el cerebro y la médula espinal. Son menos frecuentes en la infancia, pero pueden comprimir estructuras nerviosas y volverse potencialmente peligrosos si alcanzan un tamaño considerable. En general, la mayoría de los meningiomas son benignos, aunque su tamaño y localización influyen en su impacto clínico.

Factores, causas y riesgo

Qué puede provocar un tumor en la infancia

Una neoplasia cerebral surge cuando las células sanas se multiplican sin control. Aunque los mecanismos exactos no se comprenden por completo, se asocian varios factores, entre ellos:

  • Cambios genéticos en una célula que predisponen a la formación de una neoplasia.
  • Herencia de genes relacionados con cáncer que puede aumentar el riesgo en familias.
  • Exposición previa a radiación a través de tratamientos para otros tipos de cáncer.

Sindromas y asociaciones

Algunos tumores pediátricos coexisten con síndromes de cáncer, aunque la relación exacta entre estos síndromes y la aparición de tumores cerebrales no está completamente aclarada. Entre los síndromes asociados se incluyen:

  • Li-Fraumeni
  • Neurofibromatosis tipo I
  • Neurofibromatosis tipo II
  • Tuberous sclerosis
  • Von-Hippel Lindau
  • Nevus basal cell carcinoma o Gorlin syndrome
  • Cowden syndrome
  • Adenomatosis polyposis familiar (FAP)
  • Síndrome de Lynch

Síntomas y señales de alerta

Manifestaciones clínicas típicas

Los signos y síntomas varían en función del tipo de tumor, su tamaño, la velocidad de crecimiento y la localización dentro del cerebro. Entre las manifestaciones más frecuentes figuran:

  • Sedación excesiva o somnolencia marcada.
  • dolores de cabeza matutinos que pueden disminuir tras el vómito.
  • Aumento del tamaño de la cabeza en lactantes.
  • Náuseas y vómitos, a menudo sin diarrea, asociados a cefaleas.
  • Afecciones visuales, auditivas o del habla.
  • Problemas de equilibrio y coordinación.
  • Cambios comportamentales repentinos o alteraciones en el estado mental.
  • Debilidad en un lado del cuerpo (brazos o piernas).
  • Convulsiones.

Diagnóstico y pruebas

Qué se realiza para confirmar el diagnóstico

Si un profesional de la salud sospecha la presencia de un tumor cerebral, se realizan múltiples evaluaciones y pruebas para confirmar la existencia de la neoplasia, caracterizarla y planificar el tratamiento. Las pruebas pueden incluir:

  • Examen físico y evaluación de la salud general, antecedentes médicos y familiares.
  • Examen neurológico para evaluar función mental, equilibrio, coordinación, sentidos y reflejos.
  • Pruebas de imagen como resonancia magnética (RM), tomografía computarizada (TC) o PET, a veces con contraste para resaltar células tumorales.
  • Análisis de sangre para detectar marcadores tumorales en el suero.
  • Biopsia para obtener una muestra de tejido y examinar células bajo el microscopio.
  • Punción lumbar (punción espinal) para analizar el líquido cefalorraquídeo en busca de células anómalas.

Grados de los tumores

Una vez identificada la neoplasia, se puede asignar un grado que ayuda a definir su gravedad y la probabilidad de crecimiento y diseminación. Los criterios comúnmente aceptados son:

  1. Grado 1: tumores de crecimiento lento; las células se ven casi normales.
  2. Grado 2: crecimiento lento; las células se ven algo anormales y la probabilidad de diseminación es menor.
  3. Grado 3 o Grado 4: tumores malignos; más agresivos y con mayor probabilidad de extenderse a otras áreas del cerebro, con células claramente anormales.

Tratamiento y manejo

Enfoque terapéutico en la infancia

La elección del tratamiento depende del tipo de tumor, de su ubicación y de su potencial de crecimiento o diseminación. Las opciones pueden combinarse y deben adaptarse a las necesidades individuales de cada niño. Las modalidades principales incluyen:

  • Cirugía para eliminar parte o la totalidad del tumor o para drenar líquido que cause presión intracraneal.
  • Quimioterapia, terapia dirigida, inmunoterapia u otros fármacos para destruir células tumorales o aliviar síntomas.
  • Radioterapia para destruir células cancerosas y reducir el tamaño del tumor.
  • Rehabilitación para ayudar a mejorar funciones afectadas como la habla, el equilibrio o la coordinación, y apoyar las actividades diarias.

Pronóstico y expectativas

Perspectivas a corto y largo plazo

El pronóstico de los tumores cerebrales infantiles varía ampliamente según múltiples factores. Entre los más determinantes se encuentran:

  • la edad y la salud general del niño;
  • la ubicación del tumor;
  • el tamaño de la lesión;
  • el grado del tumor;
  • el tipo específico;
  • el éxito de la cirugía para resecar total o parcialmente el tumor;
  • si ha existido o no diseminación a otras áreas del cerebro o del sistema nervioso central.

En general, avances recientes en diagnóstico y tratamiento han permitido que un número creciente de niños sobrevivan a la enfermedad, incluso en tumores de mayor complejidad. Sin embargo, la posibilidad de recurrencia existe y depende de las características del tumor y de la respuesta al tratamiento inicial.

Recurrencia

Un tumor cerebral pediátrico puede volver a desarrollarse durante la infancia o la edad adulta. La recurrencia implica la aparición de una nueva neoplasia o el crecimiento de células residuales que no se eliminaron por completo durante el tratamiento inicial. La vigilancia continua es esencial para detectar oportunamente cualquier reaparición y ajustar el plan terapéutico.

Prevención y vigilancia

¿Se pueden reducir los riesgos?

Dado que la causa exacta de muchos tumores cerebrales infantiles no se comprende por completo, no existen métodos probados para prevenir su aparición. La estrategia principal es la detección temprana ante la presencia de signos y síntomas y la derivación a especialistas para evaluación diagnóstica y tratamiento adecuado. En contextos de síndromes hereditarios, puede haber recomendaciones específicas de vigilancia clínica y de imagen a largo plazo.

Vida diaria, apoyo y comunicación con el equipo de salud

Qué preguntas hacer al equipo médico

Para entender mejor el diagnóstico, el plan de tratamiento y el pronóstico, puede ser útil plantear preguntas como:

  • ¿Dónde se localiza exactamente el tumor? ¿Está presionando estructuras cercanas?
  • ¿Es benigno o maligno? ¿Se ha determinado el grado de la neoplasia?
  • ¿Se ha detectado diseminación? ¿Se ha evaluado riesgo de extensión?
  • ¿Qué tratamientos recomiendan? ¿Cuáles son los riesgos, efectos secundarios y beneficios de cada opción?
  • ¿Qué probabilidad hay de recurrencia? ¿Qué señales de alerta debemos vigilar?
  • ¿Existe alguna asociación con síndromes de cáncer que requiera vigilancia adicional de la salud?
  • ¿Qué apoyo de rehabilitación está disponible y cuánto tiempo podría durar?
  • ¿Qué programas de apoyo, educación y recursos para la familia existen?

Este marco de información busca facilitar una comprensión clara y rigurosa de los tumores cerebrales en la infancia, enfatizando la necesidad de un enfoque individualizado y de la coordinación entre pediatras, neurólogos, neurocirujanos, oncólogos y especialistas en rehabilitación para maximizar la calidad de vida y los resultados a largo plazo de los niños afectados.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.