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Tendinitis de los tendones peroneales: causas, tratamiento y prevención

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La tendinitis de los tendones peroneos es una inflamación de los tendones que recorren la cara externa del tobillo y el lateral del pie. Este cuadro suele deberse a un uso repetitivo o a una lesión aguda y puede afectar la estabilidad del pie y el tobillo. A continuación se detallan la definición, causas, diagnóstico, tratamiento y medidas de prevención y manejo diario para entender mejor este trastorno y las opciones disponibles.

Definición y función de los tendones peroneos

Los tendones peroneos son estructuras fibrosas que conectan los músculos de la pantorrilla con los huesos del pie en el lado externo. Su función principal es estabilizar el tobillo y el pie durante la marcha, la carrera y los saltos, permitiendo mantener el equilibrio y proteger contra torceduras o desalineaciones. Cuando estos tendones se inflaman, se produce la tendinitis de los tendones peroneos, una condición que genera dolor, limitación de movimiento y, en ocasiones, hinchazón alrededor de la zona externa del tobillo.

Factores de riesgo y frecuencia

Factores de riesgo clave

  • Edad avanzada: es más frecuente en personas mayores de 40 años.
  • Ausencia de estiramientos previos antes de practicar actividad física.
  • Comorbilidades metabólicas o inflamatorias: diabetes, osteoartritis, artritis reumatoide o gota.
  • Historia previa de lesiones tendinosas en el pie o el tobillo.
  • Pies con arcos altos o secundaria deformidad de la pisada.
  • Sobrepeso u obesidad.
  • Tendones tensos o estrechos, que aumentan la fricción durante el movimiento.
  • Fumado o consumo de tabaco.
  • Actividades que implican movimientos repetitivos del tobillo, especialmente en deportes con cambios de dirección rápidos o saltos.

Frecuencia y comparativa

La tendinitis de los tendones peroneos no es tan común como otras tendinopatías del pie, como la tendinopatía de Aquiles. En términos relativos, sus casos son menos frecuentes en comparación con otras condiciones de tendones del pie. En una cohorte de corredores, se reportaron muy pocos casos en relación con la población estudiada, lo que refleja su menor incidencia en la práctica clínica habitual.

Síntomas y causas

Qué puede provocar la tendinitis de los tendones peroneos

La inflamación de estos tendones puede desarrollarse de forma crónica a raíz de un uso repetitivo y excesivo, especialmente cuando no se permite una adecuada recuperación entre sesiones de ejercicio. También puede presentarse de forma súbita tras una torcedura o un esguince del tobillo que dañe la integridad de las vainas que rodean a los tendones o el propio tendón. La inflamación puede obedecer a un aumento repentino de la carga o a una combinación de factores mecánicos, biomecánicos y de uso de calzado inapropiado.

Signos y síntomas más habituales

  • Dolor a lo largo de la trayectoria de los tendones peroneos, especialmente en la cara externa del tobillo y el pie.
  • El dolor empeora con la actividad física como caminar, correr o saltar.
  • Hinchazón, enrojecimiento o sensación de calor alrededor de la zona afectada.
  • Aumento de espesor del tendón o presencia de una masa o nódulo que se desplaza con el tendón.

Riesgo de progresión si no se trata

Si la tendinitis no recibe manejo adecuado, puede progresar a complicaciones más severas, entre ellas la rotura parcial o total del tendón y la subluxación de los tendones, que es una desalineación anormal de las estructuras afectadas. Estas complicaciones pueden provocar:

  • Aumento de la debilidad o inestabilidad del tobillo.
  • Dolor intenso a lo largo del borde externo del pie y el tobillo.
  • Sensación de chasquido, ruptura o sonido de estallido al movimiento de la articulación.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se realiza el diagnóstico

El diagnóstico de la tendinitis de los tendones peroneos puede ser un reto, ya que sus síntomas se asemejan a otras afecciones del pie y el tobillo, como esguinces, osteoartritis o fracturas. En algunos casos, la evaluación inicial puede generar confusión o diagnóstico erróneo. Un profesional de la salud llevará a cabo una revisión detallada de los síntomas y realizará un examen físico.

Examen físico y pruebas complementarias

Durante el examen, el médico puede:

  • Palpar ciertas áreas del pie y el tobillo para identificar dolor, hinchazón o sensibilidad.
  • Solicitar que se realicen movimientos específicos para evaluar el rango de movimiento y la función de los tendones.

En ocasiones, se requieren pruebas de imagen para descartar fracturas, osteoartritis, daño en el cartílago o desgarros en tejidos. Las opciones pueden incluir:

  • Radiografías (Rx) para descartar fracturas y evaluar alineación ósea.
  • Resonancia magnética (IRM) para visualizar con mayor detalle los tendones, su estado y las estructuras circundantes.
  • Tomografía computarizada (TC) o ecografía para valorar la integridad del tendón y la presencia de inflamación o desgarros.

Tratamiento y manejo

Abordaje inicial: manejo conservador

La mayor parte de los casos de tendinitis de los tendones peroneos mejora con tratamiento conservador en un plazo razonable. El objetivo es reducir la inflamación, aliviar el dolor y restaurar la función sin necesidad de cirugía. Las estrategias habituales incluyen:

  • Inmovilización o soporte: uso de una tobillera o soporte para estabilizar el tobillo durante actividades que requieren giro o carga de peso.
  • Inmovilización parcial: puede requerirse un yeso suave o una bota para evitar movimientos que doloran y favorecer la curación de los tendones.
  • Medicamentos: los fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) pueden disminuir el dolor y la inflamación. En algunas situaciones, se puede considerar una inyección de esteroides alrededor del tendón o dentro de la vaina tendinosa, aunque estas decisiones deben hacerse con precaución y bajo supervisión médica.
  • Fisioterapia: un plan de ejercicios supervisados a cargo de un fisioterapeuta, orientado a fortalecer los músculos de la pierna y del pie, mejorar la flexibilidad y corregir la mecánica de la pisada. El terapeuta también puede indicar la aplicación de frío, calor o fisioterapia por ultrasonidos.
  • Técnicas de cuidado en casa: aplicación de hielo en la zona afectada (aproximadamente 20 minutos cada dos horas), reposo relativo de las actividades de alto impacto y elevación de la extremidad para disminuir la hinchazón.

Ejercicios de rehabilitación

La rehabilitación física es fundamental para recuperar la fuerza y la estabilidad del tobillo. Los ejercicios pueden centrarse en:

  • Fortalecimiento de los músculos peroneos y de los músculos de la pantorrilla.
  • Mejora de la movilidad articular y la alineación del pie durante la marcha.
  • Ejercicios de propiocepción para mejorar el equilibrio y la coordinación.

Riesgos y manejo de la inflamación a corto plazo

El manejo con RICE (reposo, hielo, compresión y elevación) puede aplicarse en casa para disminuir los síntomas agudos y favorecer la recuperación. Es crucial evitar actividades que exacerbaban el dolor y permitir que el tendón sane antes de retomar la carga completa de peso y la práctica deportiva.

Cirugía: cuándo podría ser necesaria y qué implica

Si la tendinitis persiste a pesar de un tratamiento conservador adecuado, se puede considerar la intervención quirúrgica. En estos casos, el objetivo es eliminar o limpiar las capas dañadas del tejido alrededor del tendón mediante una intervención denominada synovectomía, que puede requerir incisiones pequeñas en algunos pacientes, o una versión menos invasiva en casos seleccionados, con una recuperación más rápida.

Riesgos asociados a la cirugía

  • Sangrado o inflamación persistente.
  • Formación de coágulos sanguíneos.
  • Infección en la herida o alrededor de la articulación.
  • Daño nervioso que podría generar hormigueo, entumecimiento o dolor residual.
  • Riesgo de recurrencia de tendinopatía o dolor en el tobillo.
  • Formación de tejido cicatricial que pueda limitar el movimiento.

Pronóstico y evolución

Perspectivas a largo plazo

La mayoría de las personas se recupera por completo de la tendinitis de los tendones peroneos en un plazo cercano a las fases iniciales de tratamiento, especialmente cuando se detecta temprano y se aplica un plan de manejo adecuado. El tiempo de recuperación puede variar en función de la severidad, la presencia de complicaciones y la respuesta al tratamiento.

Después de la intervención quirúrgica

En los casos que requieren cirugía, el proceso de recuperación suele ser más prolongado. Generalmente, se utiliza una férula o una bota durante varias semanas para evitar cargas excesivas en el tendón y permitir la curación. El uso de muletas en las primeras fases puede ser necesario. La rehabilitación física posterior es común para recuperar la fuerza, la estabilidad y la función del tobillo, con un regreso progresivo a las actividades deportivas.

Prevención y cuidado continuo

Estrategias prácticas para reducir el riesgo

  • Aumentar gradualmente la intensidad de la actividad física, evitando saltos bruscos o cambios de velocidad sin preparación.
  • Mantener un peso corporal saludable para disminuir la carga sobre el tobillo y los tendones.
  • Detenerse ante el dolor: no forzar movimientos que provoquen dolor en el tobillo o el pie.
  • Dejar de fumar para favorecer una mejor cicatrización y salud de los tejidos.
  • Descansos adecuados entre sesiones de entrenamiento, juegos o actividades de alto impacto.
  • Estiramientos y calentamiento adecuados de los pies y tobillos antes de cualquier actividad física.
  • Uso de calzado y protecciones adecuadas: calzado de soporte adecuado y, si corresponde, tobilleras o refuerzos para determinados deportes.
  • Ortótesis en casos de arcos altos, pero solo si la indicación médica así lo recomienda.

Vivir con tendinitis de los tendones peroneos

Cuándo consultar a un profesional de la salud

Se debe buscar atención médica si se presentan los siguientes signos o síntomas:

  • No poder caminar o soportar peso en el pie o el tobillo.
  • Limitación para rotar el tobillo en distintas direcciones.
  • Chasquidos, crepitación o sensación de deshilado en el tobillo o el pie al moverse.
  • Dolor severo y repentino en el pie o el tobillo que no cede con reposo.
  • Hinchazón, enrojecimiento o cambios de color en el pie o el tobillo que persistan o se agraven.

Con un diagnóstico oportuno y un plan de tratamiento adaptado a la situación individual, es posible mejorar los síntomas, recuperar la función y, en muchos casos, evitar complicaciones a largo plazo. La clave está en la detección temprana, la adherencia a las indicaciones médicas y la rehabilitación adecuada para restablecer la movilidad, la fuerza y la estabilidad del tobillo y del pie.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.