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Síndrome isquémico ocular

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El síndrome isquémico ocular es una condición rara en la que el ojo no recibe suficiente flujo sanguíneo, típicamente debido a la aterosclerosis de la arteria carótida en el cuello. Esta restricción de perfusión ocular puede causar dolor y deterioro de la visión, y a veces representa la primera manifestación de enfermedad carotídea. incrementa significativamente el riesgo de ictus y de infarto de miocardio, lo que hace imprescindible una evaluación médica multidisciplinaria y una planificación terapéutica adecuada.

Definición y fundamentos fisiopatológicos

El síndrome isquémico ocular es una entidad clínica caracterizada por una reducción persistente o intermitente del flujo sanguíneo hacia el ojo, causada principalmente por aterosclerosis de las arterias carótidas o por procesos que estrechan o bloquean estas vías de perfusión. La isquemia ocular puede afectar uno o ambos ojos y, cuando se presenta, refleja una alteración sistémica de la circulación cerebral y ocular. La isquemia ocular no sólo compromete la visión; también implica un incremento del riesgo de eventos cardiovasculares mayores. En muchos casos, la arteria carótida afectada es la fuente de aporte sanguíneo para las arterias que irrigan estructuras oculares como las arterias oftálmicas.

Para entender la palabra clave, podemos desglosar:

  • Ocular”: relativo al ojo.
  • Isquémico”: asociado a una reducción de flujo sanguíneo que, si se mantiene, puede dañar tejidos.
  • Síndrome”: conjunto de signos y síntomas que ocurren de forma asociada.

Factores y causas

La causa principal es la enfermedad de las arterias carótidas, especialmente la estenosis carotídea, es decir, un estrechamiento de estas arterias debido a la formación de placas de ateroma ricas en grasa. Estas placas reducen la capacidad de la sangre para llegar a las estructuras oculares y al cerebro, lo que explica la asociación entre isquemia ocular y mayor riesgo de ictus.

Causas primarias

  • Enfermedad de la arteria carótida (estenosis carotídea): la causa más frecuente del síndrome.

Causas menos comunes

  • Dissección de la arteria carótida, que puede interrumpir el flujo sanguíneo hacia la cabeza y el ojo.
  • Vasculitis que afecta a los vasos, entre ellas Takayasu, arteritis de células gigantes (GCA) y la enfermedad de Behçet.
  • Displasia fibrovascular o anomalías estructurales de los vasos.
  • Esclerodermia, que puede contribuir a la afectación vascular.
  • Enfermedad de Moyamoya, una afección de progresiva oclusión de las arterias intracraneales y la formación de vasos colaterales.

Factores de riesgo

El síndrome isquémico ocular es extremadamente raro, con una incidencia estimada de aproximadamente 8 en 1 millón de personas. Suele afectar a personas en un rango etario entre los 50 y 80 años, y es el doble de frecuente en hombres.

  • Enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares preexistentes.
  • Enfermedad de las arterias coronarias (CAD) y otros problemas de circulación.
  • Diabetes mellitus.
  • Hipertensión arterial.
  • Historia de obesidad, tabaquismo o ambos.
  • Enfermedad de Moyamoya.
  • Antecedentes de ictus o de ataque isquémico transitorio (TIA).

Manifestaciones clínicas

En muchos casos, el síndrome isquémico ocular no provoca síntomas al inicio. Cuando se presentan, suelen afectar a un solo ojo y pueden manifestar varias alteraciones de la función visual y signos oftalmológicos. Las manifestaciones específicas reflejan la afección de la perfusión ocular y de las estructuras intraoculares.

Síntomas típicos

  • Dolor ocular sordo y punzante, que puede ser intermitente y estar asociado a episodios de mayor presión intraocular o a cambios vasculares.
  • Dolor ocular en contextos de aumento de la presión intraocular.
  • Pupilas que se encuentran agrandadas o dilatadas en comparación con la otra pupila.
  • Presencia de miodesopsias o “moscas volantes” en la vista (flotadores).
  • Pérdida de visión que puede ser gradual o repentina, con visión debilitada o transitoria.
  • Sensibilidad a la luz (fotofobia).
  • Visión doble (diplopía) en algunos casos.

Señales de alarma y afectación de la visión

La isquemia ocular puede progresar y, si no se maneja de forma adecuada, desembocar en deterioro visual progresivo. Ante la presencia de dolor ocular persistente, pérdida de visión, o cambios sostenidos en la visión de un ojo, es crucial consultar de inmediato a un especialista en ojos y a un equipo vascular para evaluar la circulación carotídea y ocular.

Grupos con mayor probabilidad de presentar síntomas

Aunque la condición es rara, personas con los factores de riesgo descritos o con antecedentes de enfermedad vascular deben vigilarse de cerca ante cualquier cambio visual súbito o dolor ocular persistente.

Diagnóstico

El diagnóstico de síndrome isquémico ocular se basa en la correlación entre los síntomas, la exploración oftalmológica y las pruebas de imagen y de función vascular. Dado que sus signos pueden imitar a otras condiciones oculares, la identificación precisa es esencial para un tratamiento adecuado y para la prevención de complicaciones graves.

Evaluación clínica oftalmológica

Oftalmólogos y especialistas en retina emplean varias pruebas para detectar la causa y la extensión de la isquemia:

  • Exámenes oculares completos, que pueden incluir una examen de pupilas y evaluación de la retina.
  • Pruebas de imagen de la retina, como la tomografía de coherencia óptica (OCT), que mide la capa de la retina y puede detectar edema o cambios estructurales.
  • Electroretinografía y potenciales evocados visuales para evaluar la función de la retina y del sistema visual.
  • Angiografía con fluoresceína para observar el flujo sanguíneo en la retina y detectar filtraciones en los vasos oclusiones.

Evaluación vascular y de grandes vasos

Un especialista en cardiología vascular puede ordenar pruebas para confirmar la estenosis carotídea o identificar otras causas vasculares:

  • Ecografía dúplex de la arteria carótida para medir el flujo y la severidad de la estenosis.
  • Tomografía computarizada de angio (CTA), angiotografía carotídea o angio-MR (MRA) para visualizar las arterias y su calibre.

Manejo y tratamiento

El manejo del síndrome isquémico ocular es multidisciplinario e implica abordar tanto las causas oculares como la enfermedad de la arteria carótida para reducir el riesgo de eventos futuros. La estrategia terapéutica se adapta a cada paciente y depende de la gravedad de la afectación, la causa subyacente y el estado de salud general.

Enfoque multidisciplinario

El cuidado suele involucrar a médicos especialistas en oftalmología, nefrología vascular y cardiología vascular, entre otros. El objetivo es proporcionar un tratamiento integral que proteja la visión y disminuya el riesgo de complicaciones sistémicas.

Tratamiento de las manifestaciones oculares

  • Inyecciones intraoculares de fármacos anti-VEGF (agentes antiangiogénicos) para reducir la inflamación y el edema retiniano, con el fin de preservar la función retiniana.
  • Colirio medicado para disminuir la presión intraocular y para reducir la inflamación ocular cuando corresponde.
  • Puede ser necesaria la aplicación de láser en el ojo para prevenir o controlar elevación de la presión intraocular y evitar complicaciones.

Tratamiento de la enfermedad de la arteria carótida

  • Anticoagulantes y/o fármacos para controlar condiciones asociadas como la diabetes y la hipertensión, con el fin de reducir el riesgo de eventuales ictus o infartos.
  • Procedimientos para abrir una arteria estrechada y mantenerla abierta, entre ellos:
    1. Angioplastia carotídea con stent (CAS) para ensanchar la arteria y colocar un stent que la mantiene permeable.
    2. Endarterectomía carotídea para eliminar la placa de dentro de la arteria y restaurar el flujo sanguíneo.

Complicaciones y pronóstico

El síndrome isquémico ocular no siempre se acompaña de pérdida visual inmediata, pero tiene un impacto significativo a largo plazo. Entre las complicaciones y el curso natural de la enfermedad, destacan:

  • Hasta la mitad de las personas pueden experimentar algún grado de pérdida de la visión dentro de un año tras el diagnóstico.
  • Casi el 70% de los pacientes desarrollan glaucoma neovascular, una forma de glaucoma provocada por crecimiento de vasos sanguíneos anómalos que obstruyen la salida del humor acuoso y elevan la presión intraocular.

Pronóstico a corto y largo plazo

La enfermedad de las arterias carótidas que origina el síndrome ocular puede poner en riesgo la vida. Hasta 4 de cada 10 personas pueden fallecer por infarto de miocardio o ictus dentro de los cinco años siguientes al diagnóstico del síndrome. Sin embargo, una intervención temprana, tratamiento adecuado de la enfermedad vascular y cambios en el estilo de vida pueden mejorar el pronóstico y reducir el riesgo de recurrencias.

Prevención y manejo del estilo de vida

La prevención del síndrome isquémico ocular se basa en reducir la incidencia o progresión de la enfermedad de las arterias carótidas y de los factores de riesgo cardiovascular. Adoptar hábitos saludables puede disminuir notablemente el riesgo de eventos futuros:

  • Adoptar una dieta cardiosaludable, como la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, granos enteros, pescado y grasas saludables.
  • Desarrollar mecanismos eficaces para manejar el estrés y evitar efectos perjudiciales sobre la salud cardiovascular.
  • Controlar la diabetes y la hipertensión de forma estricta, conforme a las indicaciones médicas.
  • Mantener un peso saludable y una actividad física regular acorde a la capacidad de cada persona.
  • Apoyarse en programas para dejar de fumar y dejar de usar tabaco si corresponde.

Vivir con la condición

Cuándo buscar atención médica inmediata

Debe consultar a su profesional de la salud ante:

  • Dolor ocular persistente o nuevo dolor ocular.
  • Problemas de visión o cambios visuales que persisten o empeoran.

Si aparecen signos de un ictus, llame de inmediato al 112 (o al número de emergencias local) o acuda a urgencias. Los signos de ictus pueden incluir dificultad en el habla, debilidad o entumecimiento en un lado del cuerpo y caída repentina de la cara, entre otros síntomas.

Preguntas útiles para hacerle a su médico

  • ¿Qué está causando mis síntomas? ¿La causa está relacionada con las arterias carótidas u otra vasa?
  • Qué pruebas necesito para confirmar el diagnóstico y evaluar el riesgo de complicaciones?
  • Cuál es la mejor opción de tratamiento para mí, considerando mis antecedentes y mi calidad de vida?
  • Cómo puedo mejorar mi salud cardiovascular para reducir el riesgo de futuros eventos?
  • ¿Qué señales de alarma deben motivar una consulta urgente?

Vídeo sobre Síndrome isquémico ocular

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.