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Riñones: ubicación, anatomía, función y salud

niddk.nih.gov

Los riñones son dos órganos en forma de frijol ubicados en la parte posterior del abdomen. Filtran la sangre, eliminan desechos y exceso de líquidos, y mantienen el equilibrio de líquidos y electrolitos en el cuerpo. También producen hormonas y juegan un papel clave en la regulación de la presión arterial y la producción de glóbulos rojos. A continuación se ofrece una visión clara y rigurosa de su función, anatomía, posibles trastornos y pautas para cuidarlos.

Función y mecanismos fundamentales

¿Qué hacen los riñones?

Los riñones realizan varias funciones esenciales para la homeostasis del organismo. Su tarea principal es limpiar la sangre y eliminar desechos metabólicos, que se excretan finalmente en la orina. Entre los desechos habituales se encuentran la urea (residuo nitrogenado), la creatinina y diversos ácidos. A diario, los riñones filtran una cantidad de líquido equivalente a aproximadamente “cerca de 190 litros”, suficiente para llenar una bañera grande. En ese proceso, la orina suele representar cerca de 2 litros al día, mientras que el resto de fluido se reabsorbe y se reutiliza por el organismo. Unas cifras útiles para entender la magnitud del proceso son: cada minuto, los riñones filtran aproximadamente una media taza de sangre (unos 120 mililitros por minuto).

El recorrido de la filtración

  1. La sangre llega a cada riñón a través de una gran arteria llamada arteria renal.
  2. En los riñones existen redes muy finas de vasos sanguíneos que realizan la filtración inicial de la sangre—la llamada filtración glomerular.
  3. El filtrado pasa a través de los túbulos renales, donde se reabsorben agua, nutrientes y minerales necesarios, y se eliminan desechos y exceso de ácido.
  4. La sangre ya filtrada retorna a la circulación a través de la vena renal, mientras que los desechos y líquidos sobrantes se transforman en orina.
  5. La orina viaja desde los riñones por los ureteres hacia la vejiga, donde se almacena hasta la micción.

Otras funciones clave

  • Equilibrio ácido-base: los riñones regulan el pH de la sangre, manteniéndolo dentro de un rango seguro para las células.
  • Producción de glucosa cuando el cuerpo necesita glucosa adicional, especialmente en ayuno prolongado o estrés metabólico.
  • Producción de renina, una enzima hormonal que influye en la regulación de la presión arterial.
  • Producción de hormonas: calcidol (forma activa de la vitamina D), que facilita la absorción de calcio, y eritropoyetina, que estimula la producción de glóbulos rojos en la médula ósea.
  • Una glándula suprarrenal se sitúa encima de cada riñón y produce hormonas, entre ellas el cortisol, que ayuda a la respuesta al estrés y a la regulación de metabolismo, inflamación, presión arterial y niveles de glucosa.

El cortisol desempeña múltiples roles fisiológicos, como controlar el metabolismo, reducir la inflamación, regular la presión arterial y elevar la glucosa en sangre cuando es necesario.

Anatomía y ubicación

Ubicación de los riñones

Los riñones se encuentran situados aproximadamente debajo de las costillas, uno a cada lado de la columna vertebral. Se ubican entre los intestinos y el diafragma, más o menos en la región posterior del abdomen. Cada riñón está conectado a la vejiga mediante un ureter.

Partes principales

  • Cápsula renal: cubierta de tejido conectivo y grasa que rodea y protege al riñón, aportando estabilidad.
  • Arteria renal: gran vaso sanguíneo que suministra flujo sanguíneo al riñón; la mayor parte del flujo sanguíneo renal se dirige a la red de nefronas para su filtración.
  • Córtex renal: capa externa donde comienzan las nefronas y donde se genera la eritropoyetina (EPO), una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos en la médula ósea.
  • Médula renal: parte interna que contiene la mayor cantidad de nefronas y sus estructuras clave, con los túbulos que conducen la orina hacia la salida renal.
  • Papila renal: estructuras piramidales que descargan la orina hacia los cálices, y que pueden dañarse con deshidratación severa o con ciertos fármacos.
  • Pelvis renal: embudo desde el que la orina es recogida y dirigida a los uréteres.
  • Vena renal: vía principal para el retorno de la sangre filtrada al torrente circulatorio, recogiendo la sangre de cada riñón para volver al corazón.

Color, tamaño y peso

Los riñones suelen presentar un color rojizo-marrón y una forma de frijol. Su longitud habitual oscila entre 4 y 5 pulgadas (aproximadamente 10 a 13 centímetros). En cuanto al peso, varía según la contextura corporal y el sexo. En hombres, el riñón derecho puede pesar entre aproximadamente 74 g a 223 g, y el izquierdo entre 74 g a 235 g, con rangos que pueden compararse al peso de entre una y cuatro pelotas de tenis. En mujeres, el rango puede ir desde poco más de 55 g hasta 274 g para el riñón derecho, y desde 67 g hasta 261 g para el riñón izquierdo, también con variaciones que pueden equivaler al peso de una a cinco pelotas de tenis. Estas variaciones reflejan diferencias individuales en altura, peso, edad y composición corporal.

Condiciones y trastornos renales

Qué puede dañar los riñones

Los riñones cumplen varias funciones vitales; por ello, diversas condiciones pueden afectarlos. Entre las más relevantes se encuentran:

  • Enfermedad renal crónica (ERC): disminución progresiva de la función renal. En muchos casos, la diabetes o la hipertensión son causas comunes de ERC.
  • Cáncer renal: el tipo más frecuente es el carcinoma de célulasRenales.
  • Insuficiencia renal aguda o crónica: la función renal se deteriora de forma aguda o sostenida; la última puede progresar a una falla renal terminal que requiere diálisis para filtrar la sangre en ausencia de función renal.
  • Infección renal (pielonefritis): infección que puede entrar al riñón desde las vías urinarias y requiere tratamiento antibiótico.
  • Cólicos renales y cálculos renales: formaciones de cristales en la orina que pueden bloquear el flujo urinario y provocar dolor intenso.
  • Quistes renales o enfermedad poliquística renal: bolsas de líquido que pueden dañar el tejido renal; algunos quistes pueden requerir intervención.
  • Nefropatía poliquística (PKD): enfermedad genética que provoca quistes en los riñones y puede asociarse a hipertensión y fallo renal.

existen numerosas alteraciones que pueden afectar al riñón. Entre ellas se destacan:

  • Acidosis: acumulación excesiva de ácido que puede ser peligroso para la salud.
  • Nefritis aguda o intersticial: inflamación renal a veces relacionada con antibióticos, que puede originar daño renal.
  • Azotemia: acumulación de desechos nitrogenados en la sangre, que sin tratamiento puede ser grave.
  • Caliectasis: hinchazón de las calices renales por exceso de líquido, con riesgo de deterioro renal si no se corrige.
  • Nefropatía diabética o nefropatía hipertensiva: daño renal asociado a diabetes o presión arterial alta sin un control adecuado.
  • Enfermedades glomerulares: inflamación o daño en los glomérulos, que pueden dar lugar a insuficiencia renal.
  • Enfermedad de mínimo cambio y síndrome nefótico: pérdida excesiva de proteína en la orina.
  • Necrosis papilar: muerte de fragmentos de tejido en la médula y la papila, con riesgo de obstrucción y fallo renal.
  • Proteinuria: presencia de proteína en la orina, indicio de daño renal.
  • Pielonefritis: infección aguda que puede producir edema renal y, en casos graves, amenaza vital.
  • Uremia: acumulación de toxinas en sangre que normalmente se eliminan por la orina; puede ser fatal si no se trata.

Primeras señales de problemas renales

En las etapas tempranas, muchos problemas renales pueden no presentar síntomas claros. Con la progresión, pueden aparecer algunos signos y síntomas:

  • Espasmos musculares o calambres por desequilibrios electrolíticos.
  • Orina oscura o con sangre, resultado de daño en las estructuras filtrantes.
  • Orina con aspecto espumoso, que puede indicar proteína en la orina.
  • Piel pruriginosa y seca por alteraciones en minerales y nutrientes en sangre.
  • Aumento de la frecuencia urinaria.
  • Hinchazón de ojos, tobillos o pies debido a retención de proteínas y sodio.
  • Problemas de sueño, fatiga y disminución del apetito por acumulación de toxinas en la sangre.

Pruebas y diagnósticos habituales

Para evaluar la función renal y detectar posibles problemas, se utilizan varias pruebas, a menudo en combinación:

  • Imagenología avanzada: radiografías, tomografía computarizada (TC), resonancia magnética (RM), ultrasonido o medicina nuclear para identificar anomalías o bloqueos.
  • Análisis de sangre: permiten estimar la filtración glomerular y otros marcadores de función renal.
  • Biopsia renal: extracción de una pequeña muestra de tejido renal para su examen microscópico y diagnóstico.
  • Ureteroscopia: uso de un endoscopio para inspeccionar las vías urinarias y localizar anomalías.
  • Análisis de orina: examen de la orina para medir proteínas, sangre u otros componentes anormales.

Cuidados para preservar la salud de los riñones

Medidas para mantener riñones sanos

La prevención es fundamental. Adoptar hábitos saludables puede reducir el riesgo de enfermedad renal y de complicaciones asociadas. Las recomendaciones clave son:

  • Evitar o dejar de fumar y evitar productos de tabaco; el abandono facilita la salud vascular y renal.
  • Limitar la ingesta de sal para evitar desequilibrios de sodio y presión arterial elevada.
  • Hidratarse adecuadamente para favorecer la eliminación de desechos y reducir el riesgo de ciertos cálculos y UTIs.
  • Incrementar la actividad física para controlar la presión arterial y favorecer un peso saludable.
  • Usar con moderación antiinflamatorios no esteroideos (NSAIDs) ya que su uso excesivo puede dañar los riñones.
  • Mantener un peso corporal saludable para disminuir la carga renal y la susceptibilidad a la hipertensión y la diabetes.
  • Controlar la presión arterial y controlar la glucosa si se tiene diabetes, para reducir el daño renal a largo plazo.

La importancia de la hidratación

Una hidratación adecuada facilita la eliminación de toxinas y desechos a través de la orina y contribuye a mantener la salud de los vasos sanguíneos que llegan a los riñones. Beber suficiente agua también puede disminuir el riesgo de formación de cálculos renales y reducir la incidencia de infecciones del tracto urinario, al favorecer el vaciado urinario y la limpieza de bacterias.

Cuánta agua se debe beber para cuidar los riñones

Las recomendaciones generales son:

  • Hombres: alrededor de 3 litros (aproximadamente 13 tazas) de agua al día.
  • Mujeres: alrededor de 2 litros (un poco más de 9 tazas) de agua al día.

También es importante vigilar el color de la orina. Una orina de color claro o amarillo pálido suele indicar una buena hidratación, mientras que una orina de color oscuro puede señalar deshidratación. Sin embargo, es posible beber demasiada agua, lo que puede provocar hiponatremia o intoxicación por agua, con posibles convulsiones, alteraciones del estado mental y, en casos graves, coma o muerte. Por ello, las necesidades hídricas deben ajustarse a la edad, el sexo, el nivel de actividad y el clima.

¿El dolor es renal o de espalda?

El dolor renal y el dolor de espalda son distintas afecciones y a menudo se confunden. El dolor de espalda suele localizarse en la parte baja de la espalda y, por lo general, permanece en esa región. El dolor renal se percibe más profundo y alto en la espalda, con posibilidad de irradiar hacia el costado, abdomen o región inguinal. puede acompañarse de fiebre, náuseas, vómitos o dolor al orinar, que son señales de afectación renal o urinaria que requieren evaluación médica.

Preguntas frecuentes y cuándo consultar

Cuándo contactar a un profesional de la salud

Los trastornos renales pueden presentar síntomas variables entre personas. Consulte a su profesional ante cualquiera de los signos siguientes, o si existen antecedentes o condiciones asociadas que aumenten el riesgo:

  • Cambios en la orina o en la frecuencia urinaria
  • Confusión, dificultad para concentrarse
  • Piel seca o con picor
  • Fatiga marcada o sensación de cansancio persistente
  • Presión arterial alta
  • Calambres musculares
  • Pérdida de apetito o sabor desagradable en la comida
  • Dolor abdominal o náuseas/vómitos
  • Hinchazón de manos o tobillos

Es especialmente importante realizar revisiones periódicas de la función renal si se tienen factores de riesgo, como:

  • Historia familiar de enfermedad renal
  • Diabetes
  • Enfermedades cardíacas
  • Hipertensión
  • Obesidad o sobrepeso
  • Uso regular de ciertos medicamentos, incluida la presión arterial alta

Si se presentan signos de alarma o riesgo, es posible que su médico recomiende pruebas de función renal, análisis de orina y, en su caso, estudios de imagen para confirmar el diagnóstico y decidir el tratamiento adecuado.

Vídeo sobre Riñones: ubicación, anatomía, función y salud

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.