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Reflujo vesicoureteral (RVU)

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El reflujo vesicoureteral (VUR) es una condición en la que la orina no fluye solo en dirección descendente desde los riñones hacia la vejiga. En algunos casos, la orina regresa desde la vejiga hacia los uréteres y, a veces, hacia los riñones. Afecta principalmente a recién nacidos, lactantes y niños pequeños, y puede aumentar el riesgo de infecciones urinarias y daño renal si no se maneja adecuadamente. El VUR se clasifica por su causa en primario o secundario, y se expresa en grados del I al V, que guían el tratamiento y el seguimiento.

Qué es el reflujo vesicoureteral (VUR) y cómo se produce

Normalmente, el flujo de la orina sigue una vía unidireccional: los riñones producen la orina, los uréteres la transportan hacia la vejiga, la vejiga la almacena y, al orinar, la orina sale por la uretra. En el VUR, la válvula que impide que la orina suba por el uréter no funciona correctamente, por lo que parte de la orina puede retroceder hacia el uréter y, en algunos casos, hacia el riñón. Este flujo retrógrado se asocia con un mayor riesgo de infecciones y, si persiste, puede dañar estructuras renales con el tiempo.

Clasificación y componentes clave

Extensión de la afectación

  • Unilateral — afecta un uréter y un riñón.
  • Bilateral — afecta ambos uréteres y/o riñones.

Origen: primario vs secundario

  • VUR primario: la causa más frecuente; la válvula entre el uréter y la pared vesical no cierra adecuadamente, por lo que la orina puede reflujo hacia el uréter y, en algunos casos, al riñón. Este tipo suele presentarse en niños y, con el crecimiento, la anatomía puede madurar y mejorar, incluso resolverse de forma espontánea en algunos casos.
  • VUR secundario: ocurre cuando hay una obstrucción o un fallo en el funcionamiento de la vejiga que eleva la presión y empuja la orina hacia arriba. Las causas pueden incluir un pliegue o estrechez en el cuello de la vejiga o la uretra, o problemas nerviosos que impiden que la vejiga se vacíe de forma adecuada. En estos casos, la afectación suele ser bilateral.

Etapas o grados del VUR

  1. Grado I — la orina refluye hacia una uretra/ureter con tamaño normal de la uretra.
  2. Grado II — la orina retrocede hacia la pelvis renal y la uretra y el uréter conservan su tamaño; no hay ensanchamiento significativo.
  3. Grado III — los uréteres, la pelvis renal y las calices presentan agrandamiento leve a moderado por el reflujo.
  4. Grado IV — los uréteres muestran curvaturas y ensanchamiento moderado; la pelvis renal y las calices también se agrandan moderadamente.
  5. Grado V — los uréteres están muy distorsionados y agrandados; la pelvis renal y las calices se presentan muy grandes por la cantidad excesiva de reflujo.

Qué tan común es y a quién afecta

Se estima que el VUR afecta aproximadamente entre 1% y 3% de los niños. Aproximadamente el 75% de los niños con VUR son niñas. La condición puede presentarse en la infancia temprana y, en algunos casos, mantenerse asintomática durante años.

Síntomas y causas

Síntomas típicos

En muchos niños, el VUR no causa síntomas evidentes. Cuando aparecen, el síntoma más común es una infección del tracto urinario (ITU). Se estima que entre el 30% y el 50% de las infecciones urinarias en niños pueden asociarse a VUR. Los signos de ITU en la infancia pueden incluir:

  • Frecuencia urinaria aumentada
  • Sensación de ardor o dolor al orinar
  • Dolor en el abdomen o en la región lumbar
  • Orinar eventos pequeños y frecuentes
  • Orina turbia o de mal olor

Detectar una ITU en un bebé puede ser más desafiante; suelen presentarse con irritabilidad, llanto inusual o disminución del apetito.

¿El VUR es doloroso?

El VUR en sí no es doloroso. El dolor asociado suele estar vinculado a una ITU si ésta se produce, o a molestias en riñones o abdomen cuando hay infección.

Qué lo provoca

Las causas se dividen en las dos grandes categorías ya mencionadas:

  • VUR primario — anomalía congénita de la válvula entre el uréter y la vejiga que no cierra correctamente, permitiendo el retroceso de la orina. Con el tiempo, las vías urinarias maduran y, en muchos casos, el VUR tiende a mejorar o resolverse.
  • VUR secundario — obstaculización o anomalía estructural que genera aumento de presión y reflujo. Las causas pueden incluir obstrucciones, pliegues anómalos de tejido en la uretra o cuello vesical, o problemas nerviosos que afectan la contracción y relajación normal de la vejiga. En estos casos, la afectación suele ser bilateral.

Factores de riesgo

  • Genética — el VUR tiende a presentarse en familias; si un niño tiene VUR, existe una mayor probabilidad de que un hermano también la tenga.
  • Orígenes congénitos — anomalías renales o del tracto urinario al nacer aumentan la probabilidad de VUR.
  • Disfunción de la vejiga y el intestino (BBD) — problemas en la coordinación de la evacuación intestinal y la micción pueden asociarse a VUR y a mayor riesgo de daño renal.
  • Raza y sexo — la condición es más frecuente en niñas blancas jóvenes.

Complicaciones y consecuencias a largo plazo

  • Infecciones urinarias y, especialmente, infecciones renales que pueden dañar tejido renal si se repiten.
  • Problemas de la vejiga como incontinencia, enuresis nocturna o retención urinaria.
  • Hipertensión arterial secundaria a daño renal crónico.
  • Cicatrización renal y daño renal progresivo (en casos no tratados) que puede avanzar a insuficiencia renal en circunstancias extremas, aunque es poco frecuente.

La mayoría de los niños con VUR se recupera sin secuelas a largo plazo, especialmente con un manejo adecuado y vigilancia médica.

VUR en adultos

En adultos, el VUR suele estar asociado a otras condiciones como hiperplasia prostática benigna, vejiga neurógena o antecedentes quirúrgicos próximos a los uréteres. Aunque menos común, puede requerir evaluación y manejo específico para evitar complicaciones urinarias y renales.

¿Puede el VUR generar cálculos renales?

Sí. El VUR puede favorecer la formación de cálculos en el riñón y, en ocasiones, de cálculos en otras partes del tracto urinario, como la vejiga, al predisponer a infecciones crónicas o alteraciones en el flujo urinario.

Pronóstico y perspectivas a largo plazo

El VUR no es una condición vitalmente peligrosa por sí misma, pero sí puede aumentar el riesgo de infecciones y daño renal si no se gestiona adecuadamente. Con un enfoque de tratamiento adecuado, la mayoría de los niños muestran una evolución favorable. En muchos casos de VUR primario de bajo grado, la afección tiende a mejorar con la edad y, en algunos niños, a resolverse. El plan de manejo se ajusta a la severidad, la edad y las necesidades de la familia, con un equilibrio entre vigilancia y tratamiento activo.

Diagnóstico y pruebas necesarias

Qué se busca al diagnosticar VUR

El diagnóstico suele realizarlo un equipo de nefrología y/urología pediátrica, quien evaluará la necesidad de pruebas de imagen y laboratorio para confirmar la presencia de reflujo, su grado y posibles daños renales.

Pruebas de imagen y evaluación diagnóstica

  • Cistouretrograma de vaciado (VCUG) — imagen radiográfica de la vejiga y la uretra realizada antes, durante y después de la micción. Se introduce un pequeño catéter por la uretra y se llena la vejiga con un medio de contraste visible en radiografías; ayuda a determinar si la orina regresa desde la vejiga a los uréteres. Este procedimiento puede realizarse en consultas, centros ambulatorios o en un hospital. No siempre requiere anestesia, aunque la sed puede facilitarlo en niños pequeños.
  • Ecografía — técnica de ultrasonido que no invasiva y sin radiación, que muestra el tracto urinario completo (riñones y vejiga). Puede usarse antes de VCUG o en lugar de él cuando se prefiere evitar radiaciones. También se puede realizar durante el embarazo para detectar signos que sugieran VUR.
  • Scan DMSA (ácido dimercaptoacetico) — prueba que identifica cicatrices renales resultantes de ITU recurrente y ayuda a evaluar daño renal previo.
  • Cistografía radionúclido (RNC) — exploración nuclear que introduce material radiactivo en la vejiga y detecta su distribución durante o después de la micción. Es más sensible que VCUG para detectar reflujo, pero ofrece menos detalle anatómico de la vejiga. Se realiza en un entorno hospitalario o ambulatorio y no requiere anestesia, aunque la sedación puede ayudar a algunos niños.

Qué otras evaluaciones pueden acompañar al diagnóstico

Si se confirma la existencia de VUR, es habitual realizar un seguimiento periódico que incluya:

  • Control de la presión arterial — la hipertensión puede indicar daño renal y requiere monitorización.
  • Análisis de sangre — para valorar proteínas o creatinina como señales de lesión renal.
  • Análisis de orina y cultivo — detección de proteínas en orina (signo de daño renal) y bacterias que indiquen infección.

se puede evaluar si existe disfunción de la vejiga y el intestino (BBD). Los signos que sugieren problemas de vejiga o recto–intestino incluyen micción frecuente o urgente, incontinencia diurna, estreñimiento severo o escaso, o incontinencia fecal. La presencia de VUR junto con síntomas de BBD aumenta el riesgo de daño renal por infección.

Manejo y tratamiento

Abordaje general

El manejo del VUR debe ser individualizado y dirigido por un equipo de atención pediátrica que analice la edad, los síntomas, el tipo de VUR y su severidad. Las opciones incluyen antibióticos para prevenir o tratar ITU, procedimientos de intervención como relleno vesical (agente de relleno inyectable) y/o cirugía, así como medidas para facilitar el vaciado vesical cuando proceda. En algunos casos, se prioriza la vigilancia y el manejo conservador con seguimiento estrecho.

VUR primario: manejo y opciones

  • Vigilancia y espera — en muchos niños, especialmente con grados bajos, el VUR puede mejorar con el crecimiento y maduración de la vía urinaria.
  • Terapia antibiótica — uso de antibióticos para prevenir o tratar ITU en niños con VUR; la decisión de uso a largo plazo es controversial, ya que puede contribuir a la resistencia a los antibióticos. Las guías de práctica clínica recomiendan considerar antibióticos preventivos principalmente en casos de grados superiores mientras se evalúa la posibilidad de resolución espontánea.
  • Cirugía — existen varias técnicas quirúrgicas para corregir la unión ureteral y la válvula entre el uréter y la vejiga. El objetivo es restaurar un mecanismo de válvula de un solo sentido para evitar el reflujo. Las opciones incluyen:
    1. Reimplantación ureteral — procedimiento de reparación estándar para el VUR, que busca crear un túnel adecuado en la pared vesical para impedir el reflujo. Puede realizarse abierta o de forma laparoscópica. Requiere anestesia general y, en algunos casos, una breve hospitalización.
    2. Agente de relleno inyectable — uso de un gel biocompatible que se inyecta en la pared de la vejiga cerca de la apertura del uréter para crear un bulto que funciona como válvula y reduce el reflujo. Se realiza en consulta ambulatoria con anestesia general; el procedimiento es menos invasivo que la cirugía, pero conlleva consideraciones sobre eficacia y posibles efectos adversos.

VUR secundario: manejo dirigido a la causa

  • Corrección de la obstrucción o anomalía — procedimientos quirúrgicos para eliminar bloqueos o corregir formas irregulares del cuño vesical o del uréter cuando están presentes.
  • Antibióticos para prevención o tratamiento de ITU — similar al enfoque en VUR primario para reducir el riesgo de infecciones.
  • Cateterismo intermitente — drenaje de la vejiga mediante la inserción de un tubo delgado a través de la uretra para ayudar al vaciamiento vesical, cuando hay disfunción de vaciamiento.
  • Medicamentos para la función de la vejiga — fármacos que pueden mejorar la contracción y relajación vesical, según la necesidad clínica.

Pronóstico y seguimiento

Con un plan de manejo adecuado, el VUR es una condición altamente tratable y la mayoría de los niños no experimenta efectos a largo plazo. La evolución suele depender de la gravedad al momento del diagnóstico y de la respuesta al tratamiento. En muchos casos de VUR primario de grado bajo, puede esperarse una mejora gradual o resolución durante la infancia, especialmente alrededor de los primeros años. El seguimiento médico regular es fundamental para monitorizar la función renal, la presión arterial y la aparición de nuevas ITU.

Prevención y salud urinaria

No existe una forma conocida de prevenir el VUR en sí, ni mediante dieta específica ni mediante cambios de estilo de vida que lo eviten por completo. Sin embargo, se pueden tomar medidas para promover la salud del tracto urinario y reducir el riesgo de infecciones y complicaciones:

  • Hidratación adecuada — beber suficiente agua para favorecer un flujo urinario regular y reducción de infecciones.
  • Higiene y cuidado de la zona genital — cambios de pañal oportunos en los lactantes y buena higiene para disminuir el riesgo de infección.
  • Micción regular — evitar la retención urinaria y fomentar vaciado vesical frecuente.
  • Tratamiento de problemas de estreñimiento — aborda el estreñimiento y otros problemas de BBD para reducir la presión intraabdominal y la disfunción vesical.
  • Nutrición equilibrada y ejercicio — mantener un estilo de vida saludable que apoye el desarrollo urinario y general.

Vida diaria y convivencia con VUR

Cuándo consultar a un profesional de la salud

Acuda a la consulta de un pediatra o nefrológico/urólogo pediátrico si aparecen signos de ITU, como fiebre inexplicada, dolor al orinar, orina de olor fuerte, o si persisten síntomas urinarios. En niños con diagnóstico de VUR, el control médico regular es crucial para vigilar la función renal y la evolución de la enfermedad.

Preguntas útiles para hacer a su equipo de salud

  • ¿Mi VUR puede mejorar sin tratamiento? ¿Qué pronóstico tiene para el caso concreto de mi hijo?
  • ¿Existen signos de daño renal o problemas en otros órganos? ¿Qué pruebas necesito y con qué frecuencia?
  • ¿Se debe acudir a un especialista? ¿En qué circunstancias se recomienda derivación?
  • ¿Cómo se tratará mi VUR? ¿Qué opciones de tratamiento son adecuadas para mi hijo y por qué?
  • ¿Qué consecuencias podría haber si no se trata? ¿Qué riesgos implica la intervención recomendada?
  • ¿Qué puedo hacer en casa para apoyar la salud urinaria? ¿Existen cambios en la dieta o hábitos que sean beneficiosos?
  • ¿Es necesario evaluar a otros hermanos? ¿Qué pruebas podrían necesitar?

el reflujo vesicoureteral es una condición frecuente en la infancia que, dependiendo de su grado y de la presencia de complicaciones, puede requerir vigilancia, antibióticos o intervención quirúrgica. La clave es una evaluación temprana, un plan individualizado y un seguimiento continuo para prevenir daño renal y reducir la morbilidad asociada a las infecciones del tracto urinario.

Vídeo sobre Reflujo vesicoureteral (RVU)

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.