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Quimioembolización transarterial (TACE): Definición y procedimiento

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Índice de contenidos1. Qué es la quimioembolización2. Componentes y funcionamiento básico2.1. Elementos combinados en la intervención2.2. Relación entre quimioembolización y quimioterapia sistémica3. ¿Para quién está indicada la quimioembolización?3.1. Indicaciones principales3.2. Otras neoplasias con afectación hepática4. Impacto sobre la función hepática5. ¿Es adecuada para ti?5.1. Contraindicaciones y precauciones6. Quién realiza la intervención La quimioembolización la realiza un radiólogo intervencionista, un especialista que utiliza guías de imágenes en tiempo real para dirigir microcatéteres a través de los vasos sanguíneos hacia el tumor y administrar los fármacos de forma precisa. Qué se evalúa antes de la intervención Antes del procedimiento se realizan pruebas para planificar la intervención con mayor precisión, entre ellas: Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) para delinear el tamaño, la ubicación del tumor y las vías sanguíneas relevantes. Análisis de sangre para evaluar función renal y para detectar posibles alteraciones en la coagulación. Con frecuencia se pueden administrar medicaciones para reducir el riesgo de complicaciones, disminuir las náuseas y proteger los riñones de posibles daños causados por la liberación de sustancias tóxicas de las células tumorales en proceso de muerte. Qué ocurre durante la intervención En niños, la intervención se realiza bajo anestesia general; en adultos, puede emplearse sedación para lograr relajación y somnolencia. El radiólogo intervencionista realiza una pequeña incisión en un vaso sanguíneo cercano a la muñeca o la ingle. Se introduce un catéter a través de la incisión y se guía con imágenes en tiempo real hacia el tumor. Se inyecta un tinte de contraste a través del catéter para visualizar con mayor claridad el tumor y las arterias adyacentes durante el procedimiento. Se administra una mezcla de fármacos quimioterapéuticos y un agente embólico directamente en el tumor. Al finalizar, se retira el catéter y se cubre la incisión con una venda; no se requieren suturas cerradas ni dispositivos de cierre específicos. Cuidados y años siguientes En algunos casos, la quimioembolización puede ser la única terapia necesaria. En otros pacientes, forma parte de un plan multidisciplinario que puede incluir otras modalidades. El equipo médico evaluará cuáles tratamientos complementarios son adecuados para cada persona. Entre las opciones consideradas pueden figurar: Ablación del tumor mediante calor o frío. Cirugía para resección del tumor si es factible. Quimioterapia sistémica, que circula por la sangre para atacar células cancerosas en distintos lugares. Radioterapia, empleada en ciertos escenarios para controlar el crecimiento tumoral.6.1. Riesgos asociados6.2. Beneficios y resultados esperados7. Efectos secundarios y periodo de recuperación Tras la intervención, es frecuente experimentar dolor, náuseas, vómitos y fiebre de intensidad leve a moderada, lo que se conoce como síndrome posembolización. Es común requerir hospitalización durante un día o dos para controlar estos síntomas y asegurar una recuperación estable. Al regresar a casa, la recuperación puede requerir periodos de reposo y manejo de molestias. Algunas pautas típicas incluyen: Tomar analgésicos o medicamentos para controlar el dolor y las náuseas según indicaciones médicas. Fiebre que puede permanecer durante varios días o una semana. Fatiga y disminución del apetito que pueden durar varias semanas. Perspectivas a largo plazo La mayoría de las personas experimenta una recuperación adecuada y conserva una buena calidad de vida tras la quimioembolización. No obstante, será necesario un seguimiento activo mediante pruebas de imágenes y análisis para vigilar la presencia de nuevos tumores o recurrencias, y decidir si es preciso realizar tratamientos adicionales o ajustes en el plan terapéutico.7.1. Situaciones que requieren atención médica8. Vídeo sobre Quimioembolización transarterial (TACE): Definición y procedimiento

La quimioembolización, también conocida como quimioembolización transarterial (TACE), es un tratamiento oncológico dirigido que combina administración localizada de quimioterapia con el bloqueo del suministro sanguíneo al tumor. Este enfoque busca reducir el crecimiento tumoral al concentrar la medicación en el área afectada y al evitar que las células cancerígenas reciban sangre oxigenada. A continuación se explican sus fundamentos, usos, procedimientos, riesgos y perspectivas de manera clara y rigurosa.

Qué es la quimioembolización

La quimioembolización es un tratamiento para el cáncer que actúa bloqueando el suministro de sangre a un tumor hepático para potenciar la acción de la quimioterapia directamente en la zona tumoral. Este enfoque se realiza mediante una intervención guiada por imágenes que entrega una combinación de sustancias directamente en la arteria que alimenta el tumor.

Componentes y funcionamiento básico

Elementos combinados en la intervención

  • Fármacos quimioterapéuticos que inhiben el crecimiento de las células cancerosas de forma localizada.
  • Agentes embólicos, que pueden ser de aceite o de partículas plásticas diminutas. El objetivo del agente embólico es obstruir la vía de riego al tumor, de modo que la quimioterapia permanezca en el área afectada durante más tiempo y a mayor concentración.

Relación entre quimioembolización y quimioterapia sistémica

  • Quimioembolización administra los fármacos directamente al tumor, reduciendo la exposición del cuerpo entero a la medicación.
  • En la quimioterapia sistémica, los fármacos circulan por la sangre a lo largo y ancho del organismo, afectando células cancerosas en diferentes lugares.
  • La TACE suele emplear una dosis de quimioterapia mayor que la que se usaría en la quimioterapia sistémica, pero el hecho de dirigirla al tumor disminuye la probabilidad de efectos secundarios significativos a nivel general.

¿Para quién está indicada la quimioembolización?

Indicaciones principales

La quimioembolización está indicada en adultos y en niños con cáncer de hígado, concretamente para hepatocarcinoma, y suele emplearse como la primera opción cuando los tumores son demasiado grandes para ser eliminados quirúrgicamente.

Otras neoplasias con afectación hepática

La terapia también se utiliza en casos de cáncer que se ha diseminado al hígado (metástasis) desde otros órganos, entre ellos:

  • Cáncer de mama.
  • Tumores carcinoides.
  • Cáncer colorrectal.
  • Tumores neuroendocrinos.
  • Melanoma ocular.
  • Sarcomas.

Impacto sobre la función hepática

El hígado recibe su suministro sanguíneo a través de dos vasos principales: la arteria hepática, que aporta una porción menor de la sangre del órgano, y la vena porta, que aporta la mayor parte del flujo sanguíneo. Los tumores suelen depender principalmente de la arteria hepática para su suministro sanguíneo. En la TACE se bloquea la arteria hepática, pero como esa vía representa solo una parte del flujo global del hígado, no suele producir un descenso significativo de la función hepática. Tras el procedimiento, la mayor parte del flujo sanguíneo llega al hígado a través de la vena porta.

¿Es adecuada para ti?

Contraindicaciones y precauciones

La quimioembolización no es segura para todas las personas. Algunos escenarios y condiciones que pueden contraindicar la intervención incluyen:

  • Obstrucción de la vía biliar.
  • Trastornos de la coagulación o tendencia a sangrar.
  • Enfermedad renal grave.
  • Cáncer metastásico que afecta a múltiples órganos de manera extensa.
  • Otras enfermedades hepáticas, como encefalopatía hepática y trombosis de la vena porta.
  • Alergia severa al medio de contraste utilizado durante la exploración y el tratamiento.

Quién realiza la intervención

La quimioembolización la realiza un radiólogo intervencionista, un especialista que utiliza guías de imágenes en tiempo real para dirigir microcatéteres a través de los vasos sanguíneos hacia el tumor y administrar los fármacos de forma precisa.

Qué se evalúa antes de la intervención

Antes del procedimiento se realizan pruebas para planificar la intervención con mayor precisión, entre ellas:

  • Tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) para delinear el tamaño, la ubicación del tumor y las vías sanguíneas relevantes.
  • Análisis de sangre para evaluar función renal y para detectar posibles alteraciones en la coagulación.

Con frecuencia se pueden administrar medicaciones para reducir el riesgo de complicaciones, disminuir las náuseas y proteger los riñones de posibles daños causados por la liberación de sustancias tóxicas de las células tumorales en proceso de muerte.

Qué ocurre durante la intervención

  1. En niños, la intervención se realiza bajo anestesia general; en adultos, puede emplearse sedación para lograr relajación y somnolencia.
  2. El radiólogo intervencionista realiza una pequeña incisión en un vaso sanguíneo cercano a la muñeca o la ingle.
  3. Se introduce un catéter a través de la incisión y se guía con imágenes en tiempo real hacia el tumor.
  4. Se inyecta un tinte de contraste a través del catéter para visualizar con mayor claridad el tumor y las arterias adyacentes durante el procedimiento.
  5. Se administra una mezcla de fármacos quimioterapéuticos y un agente embólico directamente en el tumor.
  6. Al finalizar, se retira el catéter y se cubre la incisión con una venda; no se requieren suturas cerradas ni dispositivos de cierre específicos.

Cuidados y años siguientes

En algunos casos, la quimioembolización puede ser la única terapia necesaria. En otros pacientes, forma parte de un plan multidisciplinario que puede incluir otras modalidades. El equipo médico evaluará cuáles tratamientos complementarios son adecuados para cada persona. Entre las opciones consideradas pueden figurar:

  • Ablación del tumor mediante calor o frío.
  • Cirugía para resección del tumor si es factible.
  • Quimioterapia sistémica, que circula por la sangre para atacar células cancerosas en distintos lugares.
  • Radioterapia, empleada en ciertos escenarios para controlar el crecimiento tumoral.

Riesgos asociados

  • Aumento del riesgo de coágulos sanguíneos, especialmente en niños.
  • Infecciones.
  • Daño renal, particularmente en personas con diabetes u otros factores de riesgo.
  • Lesión hepática si los fármacos o el agente embólico se distribuyen en lugares no deseados dentro del hígado.
  • Reacciones leves a la quimioterapia, como náuseas, caída del cabello o anemia.
  • La necesidad de realizar procedimientos adicionales de quimioembolización si los resultados no son definitivos o si hay recurrencia tumoral.

Beneficios y resultados esperados

  • Alta tasa de éxito: la quimioembolización puede detener el crecimiento del tumor en aproximadamente un 70% de los pacientes.
  • Preservación de la función hepática: tiende a no afectar de forma significativa la capacidad del hígado para realizar sus funciones básicas.
  • Recuperación más rápida en comparación con otros tratamientos tradicionales contra el cáncer, con mejoría general en semanas.

Efectos secundarios y periodo de recuperación

Tras la intervención, es frecuente experimentar dolor, náuseas, vómitos y fiebre de intensidad leve a moderada, lo que se conoce como síndrome posembolización. Es común requerir hospitalización durante un día o dos para controlar estos síntomas y asegurar una recuperación estable.

Al regresar a casa, la recuperación puede requerir periodos de reposo y manejo de molestias. Algunas pautas típicas incluyen:

  • Tomar analgésicos o medicamentos para controlar el dolor y las náuseas según indicaciones médicas.
  • Fiebre que puede permanecer durante varios días o una semana.
  • Fatiga y disminución del apetito que pueden durar varias semanas.

Perspectivas a largo plazo

La mayoría de las personas experimenta una recuperación adecuada y conserva una buena calidad de vida tras la quimioembolización. No obstante, será necesario un seguimiento activo mediante pruebas de imágenes y análisis para vigilar la presencia de nuevos tumores o recurrencias, y decidir si es preciso realizar tratamientos adicionales o ajustes en el plan terapéutico.

Situaciones que requieren atención médica

  • Si no hay mejoría de los vómitos o la náusea, o si estos síntomas empeoran a pesar de las medicaciones.
  • Desarrollo de confusión, movimientos poco coordinados o cambios neurológicos.
  • Fiebre persistente acompañada de sudores nocturnos o escalofríos que no ceden.
  • signos de insuficiencia hepática, como a ictericia (coloración amarillenta de piel o ojos).

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.