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¿Qué son las parasomnias?

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Las parasomnias representan un grupo de trastornos del sueño en el que se producen experiencias o conductas inusuales durante el periodo de sueño, ya sea al inicio, durante o al finalizar la noche. Estas manifestaciones pueden incluir hablar durante el sueño, caminar dormido, pesadillas o sensación de confusión al despertar, y a veces no queda recuerdo de lo ocurrido. La presentación varía según la fase del sueño involucrada y puede requerir evaluación clínica para identificar el tipo específico y orientar el manejo adecuado.

Qué son y cómo se clasifican

Las parasomnias se agrupan principalmente por la etapa del sueño en la que ocurren. En términos generales, se reconocen tres grandes categorías: las que aparecen durante el sueño No-REM, las que se producen durante el sueño REM y otras que no encajan claramente en una de estas dos fases.

Trastornos durante el sueño No-REM (NREM)

El sueño No-REM comprende las primeras fases del ciclo de sueño, desde que uno se duerme hasta aproximadamente la mitad de la noche. En esta fase pueden manifestarse conductas físicas o verbales anómalas. Los trastornos más comunes en este grupo incluyen:

  • Terrores nocturnos: son despertares súbitos acompañados de miedo intenso. La persona puede gritar, llorar o mostrar respuestas de miedo. A menudo son episodios breves, de unos 30 segundos, aunque pueden durar unos minutos e incluso más. Se asocian a signos como taquicardia, midriasis, respiración rápida y sudoración.
  • Sonambulismo (caminar dormido): la persona sale de la cama y se mueve con los ojos abiertos, pero permanece dormida. Puede realizar actividades complejas, como conducir o tocar un instrumento, e incluso orinar fuera de un baño.
  • Despertar confusional: al despertar, la persona se encuentra confundida y desorientada. Puede sentarse, tener los ojos abiertos o mostrar emociones intensas como llanto. A veces habla de forma lenta o no entiende lo que le dicen. El episodio puede durar desde varios minutos hasta horas y es más frecuente en la infancia, tendiendo a disminuir con la edad.

Trastornos durante el sueño REM

El sueño REM es la fase posterior al No-REM, en la que ocurren la mayoría de los sueños vívidos. Durante el REM se aceleran la frecuencia cardíaca, la respiración y la presión arterial, y los movimientos oculares son rápidos. En este grupo, los trastornos pueden manifestarse principalmente en la segunda mitad de la noche, cuando la fase REM predomina:

  • Trastorno de pesadillas: son sueños intensos y vívidos que provocan miedo, terror o ansiedad. Si se despierta durante una pesadilla, la persona puede describir el sueño con detalle. Despertar puede dificultar volver a dormir.
  • Parálisis del sueño aislada recurrente: provoca que la persona despierte y no pueda mover el cuerpo temporalmente. Suele ocurrir cuando los músculos están relajados, antes de dormirse o al despertar. Los episodios pueden durar segundos a minutos y pueden generar angustia o pánico; a veces aparece un sobresalto si alguien le habla o le toca.
  • Trastorno de conducta durante el sueño REM (RSBD): la persona actúa, vocaliza o realiza movimientos agresivos en respuesta a un sueño violento. Es más frecuente en adultos y se asocia a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson, la demencia con cuerpos de Lewy o la única del sistema nervioso autónomo.

Otras parasomnias

Existen tipos que no encajan claramente en las categorías anteriores:

  • Enuresis nocturna (orinar durante el sueño): la liberación involuntaria de orina durante el sueño. Se observa con mayor frecuencia después de los cinco años y se presenta al menos dos veces por semana durante al menos tres meses.
  • Quejidos o gemidos relacionados con el sueño (catatrénea): produce sonidos repetidos de quejido o gemidos durante el sueño, con largas exhalaciones seguidas de suspiros o gruñidos.
  • Síndrome de cabeza explosiva: se percibe un ruido fuerte o un golpe explosivo en la cabeza al quedarse dormido o al despertar, a veces acompañado de una visión de destello luminoso o un sobresalto muscular súbito.
  • Alucinaciones relacionadas con el sueño: experiencias sensoriales falsas al quedarse dormido o al despertar, como ver, oír o sentir cosas que no existen.
  • Trastorno de comer relacionado con el sueño: comer o beber mientras se está dormido, a menudo con elecciones poco razonables o crudas. Pueden existir riesgos como ingerir alimentos no aptos, provocar atragantamientos o quemaduras al preparar la comida.
  • Sexsomnia: comportamientos sexuales durante el sueño, que pueden incluir actos sexuales, masturbación, agresiones o expresiones sexuales verbales.

Frecuencia y alcance

La prevalencia de las parasomnias varía de forma considerable según el tipo y la población estudiada. Dado que hay múltiples formas de parasomnias, se ha estimado que entre el 4% y el 67% de adultos en distintas partes del mundo experimentaron alguna parasomnia a lo largo de su vida. Esta variabilidad refleja diferencias en criterios diagnósticos, adultos versus niños y la forma en que se recogen los datos en los estudios.

Síntomas y causas

Señales y manifestaciones clínicas

Los síntomas de las parasomnias varían según el tipo, pero pueden incluir:

  • Dificultad para dormir y permanecer dormido durante la noche.
  • Realizar acciones atípicas mientras se duerme, que no serían habituales al estar despierto.
  • Emociones intensas al despertar, como miedo, estrés o ansiedad.
  • Fatiga o somnolencia diurna debido a un sueño interrumpido o insuficiente.
  • Pesadillas recurrentes o particularmente angustiosas.
  • Movimientos o vocalizaciones al dormir (agarrar objetos, caminar, hablar, gritar).
  • Despertar confuso o desorientado tras el episodio.

Qué puede provocarlas

Las parasomnias pueden derivarse de diferentes causas o condiciones que interfieren con la capacidad de dormir de forma continua y reparadora. Entre los factores más relevantes se encuentran:

  • Alteraciones en el ritmo sueño-vigilia, como el jet lag o el trabajo por turnos.
  • Dificultad en la transición entre la vigilia y el sueño, o entre las fases del sueño.
  • Predisposición genética, es decir, una base hereditaria que aumenta la probabilidad de presentar parasomnias.
  • Inmadurez del ciclo sueño-vigilia en la infancia.

Mediadores farmacológicos que pueden provocar parasomnias

Ciertas sustancias pueden alterar el ciclo del sueño y favorecer la aparición de parasomnias. Entre los fármacos y clases que pueden contribuir a estos cuadros se incluyen:

  • Antibióticos (por ejemplo, fluorquinolonas).
  • Antidepresivos (amitriprílina, bupropión, paroxetina, mirtazapina).
  • Antiepilépticos (topiramato).
  • Antipsicóticos (quetiapina, olanzapina).
  • Medicamentos para asma o alergias (montelukast).
  • Antihipertensivos (propranolol, metoprolol).
  • Sedantes (benzodiacepinas, zolpidem).

Condiciones médicas que pueden favorecer las parasomnias

Diversos trastornos médicos o estados de salud pueden asociarse con la aparición de parasomnias. Entre ellos se encuentran:

  • Dolor crónico.
  • Trastornos del ritmo circadiano.
  • Narcolepsia.
  • Apnea del sueño obstructiva.
  • Trastorno de movimientos periódicos de las extremidades y síndrome de piernas inquietas.
  • Otros factores o eventos como: abuso de alcohol o sustancias, inflamación cerebral (encefalitis), trastornos de salud mental (depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático), condiciones neurológicas (enfermedad de Parkinson, demencia con cuerpos de Lewy, atrofia multisistémica, esclerosis múltiple, tumores cerebrales, migrañas, ataxia espinocerebelosa tipo 3), embarazo y lesión traumática craneal.

¿Qué puede desencadenarlas?

Los desencadenantes son factores que precipitan o agravan los episodios y pueden variar entre personas. Entre los posibles desencadenantes se incluyen:

  • Medicamentos específicos o cambios en la dosis.
  • Consumo de alcohol antes de acostarse.
  • Fiebre.
  • Audición de ruidos particulares durante la noche.
  • Privación de sueño o sueño insuficiente.
  • Contacto físico durante el sueño.
  • Estrés.

Factores de riesgo

Las parasomnias pueden afectar a personas de cualquier edad. En la infancia y la juventud (aproximadamente entre 5 y 25 años) es más probable la aparición de parasomnias No-REM. En niños, estas pueden coexistir con condiciones neurológicas o psiquiátricas como epilepsia, trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH) o retos del desarrollo. En cuanto a las parasomnias REM, suelen afectar más a adultos y a menudo coexisten con condiciones neurológicas o degenerativas del cerebro. La historia familiar de parasomnias puede aumentar el riesgo de presentar No-REM parasomnias.

Complicaciones posibles

Entre las posibles consecuencias de las parasomnias se pueden considerar:

  • Depresión y mayor estrés emocional asociado a los trastornos del sueño.
  • Lesiones físicas propias o de terceros durante episodios de despertar, caminata nocturna o conductas impulsivas.
  • Rendimiento reducido en el trabajo o en la escuela debido al sueño interrumpido.
  • Aumento de la ansiedad relacionada con el sueño.
  • Estrés crónico vinculado a la perturbación del descanso nocturno.

Es importante señalar que las parasomnias tienen una baja probabilidad de causar lesiones físicas fatales, aunque las complicaciones pueden ser significativas en ciertos contextos.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se realiza el diagnóstico

El diagnóstico de una parasomnia se realiza habitualmente por un profesional de la salud especializado en trastornos del sueño. El proceso incluye una evaluación clínica compuesta por examen físico y neurológico, así como la revisión de antecedentes médicos y familiares. El profesional puede solicitar información de la persona que observa al paciente durante la noche (pareja, familiares) para detallar lo observado. También es frecuente recabar un historial médico completo y revisar los fármacos o suplementos que se toman, ya que algunas sustancias pueden afectar el sueño. Se recomienda llevar un registro de sueño durante al menos una semana, en forma de diario de sueño, que indique la hora de acostarse, el inicio y final del sueño, y la ocurrencia de eventos o síntomas.

Pruebas diagnósticas

Para descartar condiciones con síntomas similares y acotar la causa, pueden emplearse varias pruebas, entre ellas:

  • Estudio del sueño (polisomnograma): se monitoriza durante el sueño para registrar ondas cerebrales, ritmo cardíaco, movimientos oculares y respiración.
  • Electroencefalograma de video ( EEG de video) o EEG durante el sueño: ayuda a observar la actividad cerebral durante un evento cerebral mientras se duerme.
  • Pruebas de imagen (TC o RM): pueden detectar degeneración cerebral u otras causas posibles.

Tratamiento y manejo

¿Existe una cura para las parasomnias?

No hay una cura única para todas las parasomnias. El uso de tratamientos está orientado a ayudar a controlar los síntomas a lo largo de la vida. En muchos casos, especialmente en la infancia, las parasomnias tienden a reducirse o resolverse con el tiempo.

Enfoques de tratamiento

La intervención puede variar según el tipo específico de parasomnia, pero suele beneficiarse de un conjunto de estrategias generales que incluyen:

  • Higiene del sueño: mantener hábitos de sueño saludables, dormir entre siete y nueve horas, reducir la exposición a luces y pantallas electrónicas, mantener un ambiente fresco y cómodo, evitar cafeína y ejercicio intenso cerca de la hora de acostarse, etc.
  • Ritmo de sueño regular: mantener horarios constantes de acostarse y levantarse.
  • Limitación de alcohol y sustancias no prescritas, ya que pueden empeorar los episodios.
  • Adherencia a la medicación: seguir las indicaciones del profesional de la salud para cualquier fármaco recetado.
  • Terapia cognitivo-conductual (CBT): estrategias psicoterapéuticas que pueden ayudar a manejar las conductas y mejorar la higiene del sueño.

El profesional de la salud discutirá las opciones de tratamiento más adecuadas para cada tipo de parasomnia, considerando el historial de salud y cualquier condición médica subyacente.

Medicamentos

En algunos casos, los medicamentos pueden ser útiles, especialmente para las parasomnias REM o cuando la higiene del sueño y las modificaciones conductuales no han sido suficientes. Las opciones pueden incluir:

  • Benzodiacepinas
  • Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)
  • Antidepresivos tricíclicos
  • Clonazepam
  • Melatonina

Es importante señalar que los fármacos no suelen ser la primera línea de tratamiento para parasomnias, y su uso se valora cuando la higiene del sueño y los cambios conductuales no resultan suficientes. La elección y la duración del tratamiento farmacológico deben ser supervisadas por un profesional de la salud.

Tratamiento en la infancia

En la infancia, algunas parasomnias pueden no requerir tratamiento médico y tienden a resolverse con la madurez. Si la parasomnia infantil causa miedo, confusión o afectación funcional durante el día, el pediatra puede considerar enfoques de apoyo emocional y, si fuese necesario, intervenciones farmacológicas de corta duración (generalmente entre tres y seis semanas). Entre las opciones pueden figurar benzodiacepinas o medicamentos ansiolíticos, aunque su uso es relativamente limitado y debe ser cuidadosamente supervisado.

Perspectivas y evolución

La evolución de una parasomnia es muy variable. Algunas personas pueden experimentar episodios ocasionales y sin consecuencias significativas a lo largo de la vida, mientras que otras pueden presentar eventos más frecuentes que interfieren con el descanso diurno y la calidad de vida. En general, la experiencia de cada persona es única y puede cambiar con la edad, cambios de estilo de vida, o el manejo de condiciones subyacentes. Si los síntomas persisten o empeoran, un profesional de la salud puede ajustar el plan de tratamiento, o considerar nuevas pruebas diagnósticas.

Prevención y seguridad

Medidas para reducir el riesgo de parasomnias

Si bien no se puede prevenir todas las causas de parasomnias (por ejemplo, aquellas asociadas a condiciones neurológicas, trastornos mentales o predisposición genética), se puede reducir la probabilidad de aparición y la severidad mediante:

  • Prácticas de higiene del sueño consistentes y adecuadas.
  • Revisión de medicamentos con el médico para identificar posibles efectos sobre el sueño y considerar alternativas cuando sea necesario.

Seguridad para evitar lesiones durante episodios

Las sugerencias para disminuir el riesgo de lesiones durante episodios de parasomnias incluyen:

  • Dormir en un primer piso si es posible para facilitar la intervención en caso de necesidad.
  • Asegurar que la cama esté lejos de objetos peligrosos y evitar camas literales o literas que aumenten el riesgo de caídas.
  • Evitar co-dormir en una misma cama cuando hay antecedentes de conductas complejas durante el sueño.
  • Reorganizar muebles o lámparas para que estén alejados de la zona del sueño y usar acolchados en áreas potencialmente peligrosas.
  • Utilizar vasos de plástico en lugar de vidrio para mantener agua al alcance.
  • Instalar cerraduras de seguridad en puertas y, si es necesario, en ventanas, para evitar escapes nocturnos o accidentes.

Vivir con una parasomnia

Cuándo consultar a un profesional de la salud

Debería buscar atención médica si se presentan señales que indiquen una necesidad de evaluación o tratamiento:

  • No dormir lo suficiente o la calidad del sueño es deficiente.
  • Presencia de disturbios del sueño con frecuencia.
  • Despertar confuso o con sensación de no poder moverse.
  • Incontinencia nocturna frecuente en personas ya entrenadas para el control de esfínteres.
  • Si los episodios afectan la seguridad, el rendimiento diurno o la convivencia familiar.

Preguntas útiles para hacer a tu médico

Si acudes a consulta, puede ser útil preparar algunas preguntas para entender mejor tu situación. Algunas sugerencias incluyen:

  • ¿Qué tipo de parasomnia tengo?
  • Qué cambios de higiene del sueño pueden ayudarme?
  • Qué tipo de tratamiento recomienda y cuál podría ser su duración?
  • Qué efectos secundarios pueden acompañar los tratamientos?
  • Cómo puedo mejorar la seguridad en casa para evitar lesiones?
  • En qué momento esperaría que los síntomas empiecen a mejorar?

Notas para la familia y el entorno

Las parasomnias no solo afectan al individuo, sino también a quienes conviven con él. Establecer una rutina de sueño estable, mantener un ambiente seguro y comunicarse de forma abierta sobre las experiencias nocturnas puede ayudar a reducir la ansiedad y facilitar el manejo diario.

Vídeo sobre ¿Qué son las parasomnias?

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.