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¿Qué son las micotoxinas?

fundacion-antama.org

Las micotoxinas son sustancias tóxicas producidas por determinados hongos y mohos que pueden provocar enfermedades agudas o crónicas en personas y animales. Pueden ingresar al cuerpo por la piel, al ingerirse o al inhalarse. Su proliferación es favorecida por condiciones cálidas y húmedas, y pueden afectar desde cultivos y alimentos hasta tejidos de animales. Este artículo resume qué son, cómo actúan, qué grupos destacan, qué síntomas generan y qué medidas de diagnóstico, tratamiento y prevención existen.

Qué son las micotoxinas y cómo llegan al organismo

Las micotoxinas son toxinas producidas por hongos y mohos que logran vivir en ambientes con humedad y calor suficientes para crecer. Estas sustancias pueden entrar al cuerpo de varias maneras:

  • Absorción cutánea: al ponerse en contacto con pieles contaminadas o con superficies infestadas.
  • Ingestión: al consumir alimentos o bebidas que las contengan y que hayan sido contaminados.
  • Inhalación: al respirar aire que contiene esporas o toxinas liberadas por el hongo.

Grupos principales de micotoxinas

Existen cientos de tipos de micotoxinas, y distintos hongos pueden producir el mismo tipo de toxina. A continuación se destacan los grupos que con mayor frecuencia afectan a animales y personas:

  1. Aflatoxinas: producidas por diversas especies del hongo Aspergillus. Su crecimiento se asocia al suelo y a vegetación en descomposición; pueden afectar a una amplia variedad de cultivos y alimentos.
  2. Fumonisinas: generadas por varios hongos, siendo el hongo del género Fusarium el que más suele afectar a humanos y a animales.
  3. Tricotecenos: muchos hongos pueden producirlos, pero el Fusarium es el que con mayor frecuencia implica a personas y animales, especialmente por su presencia en cebada, maíz y trigo.
  4. Zearalenona: producida por varias especies de Fusarium, con frecuencia asociada a cereales como maíz, avena, arroz y trigo.

Impacto de las micotoxinas en la salud humana

El efecto sobre la salud depende de la vía de entrada y de la dosis. La ingestión de grandes cantidades de micotoxinas de forma aguda puede provocar una enfermedad aguda con principalmente afectación del tracto gastrointestinal, que abarca esófago, estómago, intestino delgado e intestino grueso. Los síntomas pueden intensificarse si hay consumo de alcohol, malnutrición u otras condiciones médicas.

La exposición a cantidades menores durante un periodo prolongado puede dar lugar a una enfermedad crónica que puede comprometer funciones cognitivas y aumentar el riesgo de desarrollar asma y cáncer. En conjunto, las micotoxinas pueden producir síntomas variados que requieren evaluación clínica para evitar complicaciones a largo plazo.

Qué se observa en animales

Las micotoxinas pueden afectar a todo tipo de animales, incluyendo ganado, animales exóticos y mascotas, aunque de forma más habitual en ciertos grupos:

  • Terneros y terneras (crías de vaca y toro).
  • Cerdos neonatos (lechones).
  • Perros.
  • Aves de corral, incluidos patitos y pollos jóvenes.
  • Cerdas embarazadas (cerdas gestantes).

La exposición suele ocurrir a través de la ropa de cama y del heno o paja, en pastos o en el alimento para animales (forrajes y piensos). Los brotes son más probables durante estaciones cálidas y húmedas que favorecen el crecimiento de hongos. Algunas micotoxinas, especialmente aquellas producidas por Aspergillus, pueden permanecer en la carne y en los órganos de los animales, lo que implica un riesgo de exposición humana si se manipulan o consumen estos productos contaminados.

Síntomas y manifestaciones de intoxicación por micotoxinas

Existe una amplia variedad de tipos de micotoxinas con distintos perfiles sintomáticos. Sin embargo, entre los signos más comunes de intoxicación aguda se encuentran:

  • Dolor abdominal y malestar gastrointestinal.
  • Visión borrosa o alteraciones visuales.
  • Confusión mental o “niebla mental” (cognición afectada).
  • Edema cerebral (hinchazón del cerebro) en casos graves.
  • Diarrea y/o náuseas.
  • Mareos y sensación de aturdimiento.
  • Fiebre y malestar general.
  • Acumulación de líquido en los pulmones (edema pulmonar) en escenarios severos.
  • Dolor de cabeza.
  • Nauseas y vómitos.
  • Pérdida de memoria a corto plazo.

Entre las complicaciones serias se incluyen:

  • Cáncer.
  • Coma.
  • Convulsiones (movimientos incontrolados).
  • Muerte en casos extremos.

Alimentos y bebidas de mayor riesgo

Las micotoxinas tienden a afectar principalmente granos y frutos secos, aunque también pueden contaminar otros alimentos. Entre los productos más relevantes se encuentran:

  • Psigas de manzana y jugo de manzana (manzanas y jugos derivados).
  • Acelgas y apio (verduras susceptibles a contaminación en ciertos contextos).
  • Cereales en general (trigo, avena, maíz, arroz, etc.).
  • Granos de café y café en grano.
  • Maíz.
  • Frutas desecadas y frutos secos.
  • Uvas y jugos de uva.
  • Avena.
  • Cacahuetes (maní).
  • Arroz.
  • Sorgo, centeno (cereales y derivados).
  • Especias.
  • Trigo.

Las estimaciones oficiales señalan que las micotoxinas afectan alrededor del 25% de las cosechas mundiales, lo que subraya la relevancia de la vigilancia y la seguridad alimentaria para prevenir la exposición.

Diagnóstico de micotoxicosis

Si se presentan síntomas compatibles con la exposición a micotoxinas, los profesionales de la salud revisan el historial médico, interrogan sobre la evolución de los síntomas y solicitan pruebas de laboratorio. En algunos casos, pueden derivar al paciente a un especialista en medicina funcional, quien puede hacer preguntas adicionales para evaluar posibles fuentes de exposición:

  • Exposición frecuente a entornos con animales.
  • Exposición a edificios húmedos o con moho.
  • Hábitos y patrones alimentarios.

Si se sospecha de micotoxicosis, es posible que se recomienden pruebas específicas orientadas a confirmar la presencia de micotoxinas y aclarar la fuente de exposición.

Persistencia y vida de las micotoxinas en el entorno

Los hongos y mohos que producen las micotoxinas suelen tener ciclos de vida más cortos que las toxinas que generan. Cambios en la temperatura y la precipitación pueden eliminar los hongos y mohos, pero las micotoxinas no son tan vulnerables a estas condiciones ambientales. A diferencia de bacterias y virus, las toxinas resultantes son difíciles de eliminar por desinfección habitual, y pueden permanecer en el aire durante períodos prolongados y adherirse a superficies en el hogar, como ropa de cama, prendas, paredes y madera. Por ello, la prevención de crecimiento de mohos es fundamental para evitar la presencia de micotoxinas.

¿Se pueden erradicar las micotoxinas?

Las micotoxinas son extremadamente difíciles de eliminar por completo. Ante la detección de contaminación, el manejo adecuado es desechar de forma correcta los elementos contaminados y buscar a profesionales especializados en hongos, mohos y eliminación de micotoxinas para minimizar el riesgo de exposición futura.

Filtración del aire y reducción de exposición

Los filtros de aire de alta eficiencia (HEPA) pueden ayudar a eliminar las esporas de moho del aire, reduciendo la cantidad de moho presente en el entorno. Sin embargo, las micotoxinas en sí pueden ser demasiado pequeñas para ser capturadas por estos filtros. En cambio, los filtros de carbón activado pueden contribuir a eliminar parte de las micotoxinas presentes en el ambiente. Es importante entender que la filtración por sí sola no elimina todas las toxinas, por lo que debe abordarse también la limpieza y el control de humedad.

Prevención y almacenamiento seguro de alimentos

La mejor estrategia para evitar las micotoxinas es impedir su formación y reducir la exposición desde el origen alimentario. Algunas medidas clave incluyen:

  • Almacenamiento adecuado: conservar los alimentos y bebidas, especialmente granos y frutos secos, en lugares limpios y secos, en envases que eviten la entrada de humedad y contaminación.
  • Revisión de alimentos: evitar comer o beber productos que presenten signos de moho o que parezcan deteriorados.
  • Etiquetado y control de fecha: revisar la etiqueta y la fecha de caducidad para evitar consumir productos vencidos.
  • Manipulación y conservación en frío: cubrir y almacenar adecuadamente los alimentos en el refrigerador para limitar la proliferación de mohos.
  • Desechar productos contaminados: desechar de forma segura aquellos alimentos que presenten moho o infestaciones de insectos.

La combinación de buenas prácticas de almacenamiento, higiene y control de humedad es la mejor defensa para reducir la exposición a micotoxinas en la vida diaria.

Vídeo sobre ¿Qué son las micotoxinas?

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.