¿Qué son las crisis funcionales (crisis psicogénicas no epilépticas)?
Las crisis funcionales, también conocidas como crisis psicogénicas no epilépticas (PNES), se parecen a convulsiones de la epilepsia pero no resultan de una actividad eléctrica anómala en el cerebro. Son fenómenos reales causados por una disfunción funcional en la red de comunicación cerebral, frecuentemente vinculada a estrés, experiencias traumáticas y otros factores biopsicosociales. Afectan significativamente la vida diaria, requieren diagnóstico preciso y un enfoque de tratamiento específico que integre aspectos psicológicos, médicos y sociales.
Qué son las crisis funcionales
Las crisis funcionales pueden presentarse de diversas maneras y en distintos grados de intensidad. Aunque imitan las convulsiones, no ocurren por una alteración eléctrica detectable en un EEG durante el episodio. En algunos casos, pueden coexistir con epilepsia, pero la presencia de actividad eléctrica anómala no es necesaria para que se produzca un PNES. Este matiz es fundamental para distinguir entre ambos procesos y orientar un manejo adecuado.
Síntomas y causas
Síntomas de PNES
El síntoma principal es un episodio que se parece a una convulsión, pero con características propias y sin correlato eléctrico en el EEG durante el evento. Los signos pueden variar de una persona a otra. A continuación se describen manifestaciones comunes de PNES:
- Patrones de movimiento que cambian a lo largo del episodio, sin una secuencia eléctrica estable.
- Episodios convulsivos con conciencia conservada o "retenida" en ciertos momentos.
- Reacciones con ojos cerrados que muestran falta de respuesta durante el episodio.
- Aparición de sacudidas o espasmos en el cuerpo que pueden durar más de 10 minutos.
- Pérdida de conciencia o reducción importante de la vigilia durante parte del episodio.
- Movimientos desincronizados de las extremidades.
- Movimientos pélvicos u otros patrones de movimiento repetitivos y no típicos de la epilepsia.
- Rápidos movimientos de cabeza de un lado a otro o gestos característicos que no se sostienen en el tiempo.
Además de los episodios, pueden coexistir síntomas vinculados a condiciones de salud mental subyacentes, como ansiedad, depresión, ataques de pánico o trastorno de estrés postraumático. Estas condiciones pueden contribuir al desarrollo o al mantenimiento de las crisis y deben ser evaluadas dentro del plan terapéutico.
Causas y factores de riesgo
Las crisis funcionales suelen explicarse mediante un enfoque biopsicosocial, es decir, una interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. El conjunto de eventos y condiciones que pueden favorecer su aparición se describe a continuación:
- El origen de las crisis puede involucrar una mezcla de estrés que afecta tanto al cuerpo como a la mente y a las relaciones interpersonales.
- Dificultad para entender y expresar emociones, que puede dificultar la gestión de tensiones internas.
- Problemas de procesamiento sensorial para convertir estímulos en movimientos coordinados (procesamiento sensorimotor).
- Respuestas poco útiles ante estresores físicos o psíquicos, que pueden desencadenar respuestas corporales distintas a la esperada.
- Los factores genéticos pueden influir en la vulnerabilidad de una persona para desarrollar este trastorno.
Un conjunto de condiciones de salud mental puede actuar como desencadenante o co‑factor, entre ellas:
- Trastornos de ansiedad, a veces con ataques de pánico.
- Trastornos depresivos.
- Trastornos disociativos.
- Trastornos del estado de ánimo y de la personalidad.
- Trastorno de estrés postraumático.
- Trastorno somático (presentación física de síntomas sin explicación médica clara).
- Trastornos por uso de sustancias.
Riesgos y factores de vulnerabilidad
La probabilidad de desarrollar PNES puede verse aumentada por factores como:
- Experiencia de abuso físico, sexual o emocional en la infancia o en etapas tempranas de la vida.
- Exposición a eventos traumáticos o de gran estrés emocional.
- Presencia de una condición crónica dolorosa, como el dolor crónico o la fibromialgia, que puede complicar la experiencia de síntomas y la respuesta al estrés.
- Inicio típico en la adultez joven, aunque puede presentarse a cualquier edad.
Complicaciones y efectos en la vida
La falta de conciencia sobre cuándo ocurren las crisis puede aumentar el riesgo de accidentes o lesiones en determinadas situaciones. Con el tiempo, las personas pueden aislarse socialmente por miedo, vergüenza o malentendidos, lo que genera separación de familiares, amigos y actividades de la vida diaria. la experiencia de crisis recurrentes puede afectar de forma significativa la salud mental, elevando el riesgo de pensamientos suicidas. Si aparece ideación suicida, es crucial buscar ayuda de inmediato; se puede contactar el número de emergencias o servicios de crisis disponibles en tu país.
Diagnóstico y pruebas
Cómo se diagnostican las crisis funcionales
El diagnóstico de PNES puede ser desafiante porque los síntomas se parecen mucho a las convulsiones epilépticas. Un diagnóstico definitivo se establece mediante la observación de un episodio y la correlación con una grabación de EEG de video (video‑EEG). Este procedimiento registra simultáneamente la actividad eléctrica del cerebro y la conducta durante un episodio.
En la práctica, un PNES suele demostrar actividad eléctrica cerebral normal durante el episodio en el EEG, mientras que una convulsión epiléptica típica mostraría actividad eléctrica anormal en ese periodo. Muchas personas reciben, en algún momento, un diagnóstico erróneo de epilepsia antes de confirmar PNES. En ocasiones atípicas, pueden coexistir convulsiones epilépticas y PNES en una misma persona.
Tratamiento y manejo
Terapia y enfoques de tratamiento
La evidencia sugiere que la terapia cognitivo‑conductual (TCC) es la intervención psicoterapéutica más efectiva para las PNES. El tratamiento también suele implicar abordar condiciones subyacentes que puedan estar desencadenando o manteniendo las crisis. En algunas situaciones, se puede considerar el uso de medicación para condiciones asociadas, como antidepresivos, siempre bajo indicación y supervisión de un profesional de la salud. No se recomienda iniciar o mantener fármacos anticonvulsivos para tratar PNES, ya que no son eficaces para estas crisis.
Terapia cognitivo‑conductual (TCC) para PNES
La TCC es una forma de psicoterapia que ayuda a entender la relación entre la mente y el cuerpo ante distintos desencadenantes. Con un profesional de salud mental, se identifican y modifican patrones de pensamiento, emociones y conductas que pueden contribuir a la aparición de las crisis. Se busca enseñar a manejar el estrés y reducir los desencadenantes habituales.
La TCC para PNES se centra en varias metas prácticas, adaptadas a cada persona. Entre ellas se incluyen:
- Ampliar el conocimiento sobre el diagnóstico y comprender la naturaleza de PNES.
- Identificar y gestionar desencadenantes emocionales y situacionales del episodio.
- Reconocer y controlar posibles disparadores de las crisis, ajustando respuestas ante el estrés.
- Mejorar las habilidades de regulación emocional mediante técnicas de relajación y respiración.
- Reconstruir la calidad de vida en áreas como relaciones, educación y trabajo.
Si la TCC no es adecuada o suficiente, el equipo de atención puede proponer otros enfoques psicoloterapéuticos, como distintas formas de consejería o terapias centradas en habilidades de afrontamiento y en el procesamiento de experiencias traumáticas.
Programas y modalidades de tratamiento
Para adultos, existe una opción de tratamiento que utiliza un formato estructurado con cuadernos de trabajo y sesiones formales, similar a un curso. Este programa suele consistir en sesiones semanales de aproximadamente 45 minutos, con tareas y prácticas para realizar en casa. Las actividades pueden incluir diario de síntomas, participación en eventos sociales y ejercicios progresivos para ir adquirendo y fortaleciendo habilidades.
Cuándo acudir a consulta
La consejería puede despertar emociones intensas. Si en algún momento te sientes abrumado, inseguro o en riesgo, es importante comunicarlo a tu equipo de atención para ajustar el plan de tratamiento. La atención regular con profesionales de la salud mental y de la salud general es esencial para monitorizar el progreso, adaptar intervenciones y responder a cualquier pregunta o preocupación.
Pronóstico y perspectivas
Qué esperar tras el tratamiento
Las PNES pueden afectar la vida diaria, pero con un diagnóstico correcto y un tratamiento adecuado, los síntomas pueden mejorar con el tiempo. Muchas personas reportan una reducción en la frecuencia o incluso la desaparición de las crisis tras adherirse a las recomendaciones del equipo de salud y participar activamente en el manejo terapéutico. El pronóstico varía según la existencia de condiciones comórbidas, la rapidez del diagnóstico y la calidad de la adherencia al plan de tratamiento.
Es fundamental comprender que la recuperación no siempre es lineal y puede haber altibajos. Sin embargo, un enfoque integral que combine psicoterapia, manejo de condiciones de salud mental y atención a factores psicosociales tiende a ofrecer los mejores resultados. El objetivo último es mejorar la calidad de vida, la funcionalidad diaria y las relaciones personales, a la vez que se reducen las crisis y el impacto emocional asociado.
Vídeo sobre ¿Qué son las crisis funcionales (crisis psicogénicas no epilépticas)?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.