¿Qué pasa cuando te realizan un lavado gástrico?
La succión gástrica, también conocida como lavado gástrico, es un procedimiento médico destinado a eliminar el contenido del estómago. Se utiliza en contextos de intoxicación, obstrucciones u otros escenarios clínicos para reducir la carga tóxica, limpiar el estómago o facilitar intervenciones. Este proceso implica alternar la irrigación con líquido y la aspiración a través de un tubo que se introduce por la nariz o la boca hasta el estómago, y requiere supervisión médica, consentimiento y medidas para minimizar molestias y riesgos.
Definición y alcance de la técnica
La succión gástrica es un procedimiento que combina dos acciones durante una misma intervención: lavado y aspiración. El objetivo es extraer el contenido estomacal, reducir la absorción de toxinas y facilitar el manejo clínico. Existen dos variantes del acceso por vía gastrointestinal para la aspiración:
Terminología clave
Se utilizan principalmente dos tipos de tubos para conectar al estómago y permitir la extracción:
- Tubo nasogástrico (NG): pasa por la nariz y desciende por el esófago hasta el estómago.
- Tubo orogástrico (OG): pasa por la boca y desciende por el esófago hacia el estómago.
La elección entre NG y OG depende de la situación clínica, la tolerancia del paciente y la necesidad de un diámetro mayor o menor del tubo para facilitar el proceso de lavado y aspiración.
Indicación clínica y escenarios de uso
La succión gástrica no solo se reserva a casos de intoxicación aguda. Sus indicaciones pueden abarcar diversas circunstancias médicas, entre ellas:
- Ingestión tóxica o intoxicación por sustancias venenosas, en las que la reducción de la carga tóxica estomacal puede influir en el pronóstico.
- Gastroparesia u obstrucción de salida gástrica, que provocan acumulación de contenido y necesidad de alivio de la presión estomacal.
- Obstrucción intestinal baja o pseudo-obstrucción, cuando es necesario drenar contenido estomacal y evitar prolapso de sustancias hacia el intestino.
- Náuseas y vómitos incontrolados que dificultan la evaluación o la colocación de otros dispositivos terapéuticos.
- Sangrado gastrointestinal alto, cuando la limpieza del estómago facilita la evaluación diagnóstica y el manejo posterior.
en procedimientos médicos que requieren control de fluidos o limpieza estomacal durante la intervención, como:
- Cirugías gastrointestinales en las que se realiza lavado y aspiración para evitar regurgitación y aspiración de líquidos durante la intervención.
- Ventilación asistida o cuidados críticos donde el estómago se limpia para prevenir complicaciones respiratorias.
- Pruebas de ácido estomacal y endoscopias superiores que se benefician de un estómago menos cargado de contenido para una mejor visualización y seguridad.
Detalles del tratamiento
Qué ocurre durante la sesión de succión gástrica
La intervención se divide en tres fases clave: Preparación, Intubación o manejo de la vía aérea, y lavado/aspersión gástrica. Estas fases deben ejecutarse con supervisión médica y según protocolos institucionales para maximizar seguridad y beneficio.
Qué sucede antes de iniciar la maniobra
Antes de proceder, pueden requerirse otras medidas complementarias. El equipo médico revisa signos vitales y estado general del paciente, y vigila de forma continua durante todo el proceso. Si la persona está consciente, se explicará el procedimiento y se solicitará consentimiento informado para proceder. se evalúa el reflejo nauseoso (gag reflex) y, si es necesario, se puede colocar una vía aérea para mantener la seguridad de la respiración durante la intervención. En ciertos casos, se administra anestesia local en la garganta para reducir el malestar, y se utiliza un dispositivo de mordida para evitar que el paciente muerda el tubo durante la inserción.
Procedimiento para colocar el tubo y confirmar su ubicación
El tubo se introduce hasta el estómago pasando por la garganta y el esófago. El equipo médico llevará a cabo los siguientes pasos:
- Posicionar al paciente en una postura adecuada, típicamente semiablote o de costado izquierdo con la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo para facilitar la entrada del tubo.
- Aplicar un descongestionante o anestésico tópico en la garganta para disminuir el reflejo de náusea y la incomodidad.
- Colocar un bloqueador de mordida en la boca si se utiliza un tubo orogástrico, para evitar que el paciente muerda el tubo.
- Medir la longitud adecuada del tubo desde la nariz o la boca hasta el estómago y marcar esa distancia para evitar avances excesivos.
- Lubricar adecuadamente la punta del tubo para facilitar su inserción.
- Alinear la trayectoria del tubo y dirigirlo hacia la parte posterior de la garganta y el esófago, avanzando con cuidado.
- Pedir al paciente que degluta o sorba agua si es posible para ayudar a introducir el tubo hasta la marca establecida.
Si se presenta tos, arcadas o malestar significativo durante el avance, el equipo detendrá la inserción de inmediato y retirará el tubo para intentar de nuevo tras un breve descanso. Una vez alcanzada la marca, se emplean métodos para confirmar que el tubo está en la posición adecuada. Entre las opciones se incluyen la radiografía y la obtención de una muestra de jugo estomacal para realizar una prueba de pH, la cual ayuda a verificar que el contenido corresponde al estómago.
Cómo se realiza el lavado y la aspiración del estómago
Con la colocación verificada, se inicia el proceso de lavado gástrico. Se utilizan soluciones de irrigación distintas según la situación clínica, que pueden ir desde agua del grifo hasta una solución salina. La solución salina es preferible en ciertos escenarios para evitar pérdidas de electrolitos, especialmente en niños o en personas deshidratadas por vómitos. En algunos casos, puede añadirse mediante irrigación algún antídoto específico según la sustancia ingerida.
- Se administra una cantidad inicial pequeña de líquido para irrigar el estómago (≈10 mL en un niño, hasta 300 mL en un adulto). El método de entrega puede ser por embudo (caída por gravedad), jeringa o succión mecánica.
- Tras uno o dos minutos, se extrae el líquido liberado. El drenaje puede hacerse por gravedad hacia un recipiente, o mediante una jeringa, una pera de succión o un sistema de vacío mecánico.
- Se repite el ciclo de irrigación y aspiración hasta que el líquido que regresa esté claro o se hayan utilizado entre 2 y 3 litros de solución. Este paso sirve para recoger contenido estomacal, facilitar el flujo del tubo y prevenir obstrucciones.
- Si está indicado, se administra carbón activado junto con la última tanda de irrigación. El carbón activado se une a toxinas y puede ayudar a inhibir su absorción; en algunos casos, se mantiene una cantidad de carbón en el estómago para que siga afectando toxinas presentes en las vías digestivas.
La presencia de carbón activado se utiliza con ciertos tóxicos y no es universal. La decisión depende de la sustancia ingerida, el momento transcurrido y la evaluación clínica. En todos los casos, el objetivo es maximizar la seguridad y la eficacia del tratamiento, evitando complicaciones.
Qué se siente durante la técnica
La succión gástrica en sí no suele producir dolor significativo. Sin embargo, la colocación y retirada del tubo pueden generar incomodidad, irritación de la garganta y ganas de toser. Se busca minimizar estas molestias mediante lubricación, anestesia tópica y técnicas cuidadas. Aun así, algunas personas reflejan molestia, irritación o sensación de presión durante el proceso. Mantener el tubo firme y seguro ayuda a reducir la fricción durante el movimiento.
Qué ocurre después del procedimiento
Si no hay cirugía programada, el tubo se retira de forma segura al finalizar la intervención, asegurando que no haya contacto con sustancias dentro del estómago. En casos de cirugía, el tubo puede permanecer durante varios días. Se realiza una vigilancia de la recuperación durante las horas siguientes, con observación de posibles complicaciones. Si la intoxicación fue la razón principal, se vigilan también las complicaciones derivadas de la ingestión.
Ventajas, riesgos y consideraciones
Beneficios potenciales
La succión gástrica puede ser vida-salvavidas en casos de ingestión tóxica reciente, cuando la cantidad de veneno aún no se ha absorbido por completo. En otras situaciones, puede aliviar síntomas, facilitar el manejo y permitir la continuación de pruebas diagnósticas o tratamientos. Asimismo, puede emplearse como medida de precaución para evitar que el vómito sea necesario durante determinados procedimientos médicos, en los que el vómito podría aumentar los riesgos de complicaciones.
Riesgos y posibles complicaciones
- Lesión del tubo al estómago o al esófago durante la inserción o la retirada.
- Aspiración de contenido estomacal si se produce vómito durante el procedimiento.
- Desplazamiento del tubo hacia la vía aérea en lugar del estómago, con riesgo de neumonía o complicaciones respiratorias.
- Alteraciones del ritmo cardíaco (arritmias) si se estimula el nervio vago o por desequilibrios electrolíticos durante el proceso.
Cuándo está indicada la succión gástrica en intoxicación
La eficacia de la succión gástrica es mayor cuanto más cercano sea el momento de la ingestión tóxica. A medida que transcurre el tiempo, la toxina puede haberse absorbido, reduciendo el impacto potencial del lavado. Aun así, la toxicidad de ciertos productos puede variar, por lo que algunos casos siguen beneficiándose de la intervención incluso con retrasos. La decisión depende de las características del caso concreto y de la evaluación realizada por el equipo médico.
Puede indicarse si se cumplen alguno de estos criterios:
- La ingestión ocurrió recientemente o el tóxico retrasa el vaciamiento gástrico.
- La ingestión fue severa o potencialmente mortal.
- El personal disponible tiene experiencia en la técnica y la supervisión clínica es adecuada.
- Otros tratamientos disponibles pueden ser ineficaces o no estar disponibles.
Puede no ser adecuada o ser demasiado arriesgada en situaciones como:
- Ingestión de sustancias caústicas o corrosivas.
- Ingestión de hidrocarburos fácilmente aspirables, como la gasolina.
- Paciente que resiste la intubación o que está activamente vomitando.
- Personas con convulsiones en curso o con conductas que impidan la protección de la vía aérea.
- Ingestión de toxinas hace varias horas, o lactantes.
- Pacientes con deterioro neurológico que impide la cooperación o protege mal las vías respiratorias.
Cuándo llamar al profesional de salud y señales de alarma
Indicadores de necesidad de atención de emergencia
Debes buscar atención médica de emergencia si tú o alguien bajo tu cuidado presenta sospecha de sobredosis de fármacos, ingestión de venenos o intoxicación por alcohol. Señales que sugieren ingestión tóxica incluyen:
- Mareos o aturdimiento
- Náuseas, vómitos
- Palpitaciones o ritmo cardíaco irregular
- Dificultad para respirar
- Quemaduras en la boca o alrededor
- Olor químico en el aliento
- Convulsiones
- Hiperactividad, inquietud o agitación
- Alteración del estado mental
- Sedación extrema o pérdida de consciencia
Si no hay síntomas evidentes pero persiste la sospecha de envenenamiento, solicita orientación médica. No intentes tratar una intoxicación en casa sin indicaciones claras de un profesional de la salud.
La decisión de considerar la succión gástrica depende de múltiples factores, como el tipo de sustancia ingerida, la cantidad y el tiempo transcurrido desde la ingestión. En algunos escenarios, puede no ser suficiente o incluso aumentar el riesgo frente a otras opciones de tratamiento. En cualquier caso, la intoxicación debe abordarse lo antes posible y bajo supervisión médica.
Otras opciones de manejo ante la intoxicación
Además de la succión gástrica, existen otras intervenciones que pueden emplearse según el cuadro clínico:
- Carbón activado para adsorber toxinas en el tracto gastrointestinal cuando corresponde.
- Antídotos específicos dirigidos a toxinas concretas cuando existen disponibles y adecuados.
- Lavado intestinal completo ( Whole bowel irrigation ) en ciertas intoxicaciones selectas.
- Fluidos intravenosos para corregir deshidratación, desequilibrios y mantener la perfusión.
- Ventilación asistida y soporte respiratorio cuando la función pulmonar o de oxigenación está comprometida.
- Medicamentos para convulsiones si la afectación neurológica lo requiere.
- Evaluación psiquiátrica y tratamiento psicológico cuando la ingestión está asociada a factores mentales o conductuales.
- Tratamientos de adicción y programas de recuperación para abordar factores subyacentes y evitar recurrencias.
La elección entre estas opciones depende de la sustancia ingerida, la gravedad de la exposición, el tiempo desde la ingestión y la evaluación clínica del equipo médico. En todos los casos, la atención debe ser rápida, coordinada y realizada en un entorno con capacidad de monitorización y manejo de emergencias.
Vídeo sobre ¿Qué pasa cuando te realizan un lavado gástrico?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.