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¿Qué pasa cuando te ahogas?

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El ahogamiento es la incapacidad de respirar cuando la nariz y la boca quedan completamente cubiertas o rodeadas de agua. Este proceso impide la entrada de oxígeno, lo que puede provocar hipoxemia, daño cerebral, paro cardíaco y muerte si no se actúa con rapidez. Aunque a menudo se asocia con escenas dramáticas, el ahogamiento puede ocurrir de forma silenciosa y rápida y es, en su mayoría, prevenible o tratable si se interviene a tiempo.

Qué implica el ahogamiento: definiciones y alcance

El ahogamiento puede presentarse en distintas situaciones y de diversas maneras. A lo largo de la historia clínica, los profesionales utilizan tres grandes desenlaces posibles para un episodio de ahogamiento:

  • Ahogamiento fatal: la persona fallece como resultado de la asfixia por inmersión. También se denomina “ahogamiento con mortalidad”.
  • Ahogamiento no fatal sin lesión: la persona sobrevive y no presenta problemas respiratorios u otros antecedentes de interés tras el rescate.
  • Ahogamiento no fatal con lesión: la persona sobrevive pero experimenta problemas respiratorios u otros síntomas tras el rescate.

Entre las clasificaciones de los casos no fatales, los profesionales dividen la gravedad de la afectación respiratoria en tres grados:

  1. Leve: la persona está completamente consciente y respira, pero presenta tos intensa o dificultad respiratoria que puede ser moderada.
  2. Moderado: hay confusión o dificultad respiratoria evidente, con vigilancia clínica necesaria.
  3. Severo: la persona está inconsciente y puede no respirar, requiriendo atención urgente y avanzada.

Las seis etapas del ahogamiento

El proceso de ahogamiento suele seguir un curso común que, en la mayoría de los casos, conduce a una pérdida de la función cardiopulmonar si no se interviene de inmediato. A continuación se describen las seis etapas descritas por los expertos:

1. Lucha por mantener la vía aérea libre de agua

Al inicio, la persona intenta nadar o mantenerse a flote. El cansancio progresivo, la fatiga muscular y la necesidad de mantener la cabeza fuera del agua conducen a que la persona adopte una posición más vertical y trate de “trotar” o mantenerse a flote sin poder nadar. Es frecuente que la víctima permanezca sumergida varias veces y que se vea obligada a subir a la superficie para respirar. Esta fase puede durar entre 30 y 60 segundos y marca el esfuerzo inicial para mantener la vía aérea libre de agua.

2. Submersión inicial y contención de la respiración

Al sumergirse, la persona intenta contener la respiración. El tiempo de contención de la respiración (BHT, por sus siglas en inglés) depende de múltiples factores, como la temperatura del agua, la ropa que se lleve y el nivel de actividad física. En aguas tibias, la capacidad de contener la respiración puede acercarse a un minuto, mientras que en aguas frías suele ser menor. Con el paso del tiempo, llega un punto en el que la necesidad de respirar obliga a tomar aire, lo que puede provocar la entrada de agua.

3. Aspiración de agua

Al intentar respirar, la persona aspira agua. Es posible tragar agua y, al activar el reflejo de respiración, agua puede entrar en las vías respiratorias y los pulmones (aspiración). Si hay aspiración, puede haber una sensación dolorosa o de ardor en los pulmones. Si no hay aspiración, la persona puede no experimentar dolor. Tras 30–60 segundos, la sensación de pánico o dolor cede y domina una sensación de calma o incluso de tranquilidad en algunos casos.

4. Pérdida de consciencia por hipoxemia

Con el paso del tiempo, la presencia de agua en la vía aérea reduce los niveles de oxígeno en la sangre (hipoxemia). Esto deteriora la función cerebral y provoca pérdida de consciencia. El momento exacto de desmayo depende de las reservas de oxígeno del organismo y de la velocidad con que se consumen esas reservas.

5. Detención de la respiración y paro cardio-respiratorio

Tras la pérdida de consciencia, la presión arterial desciende rápidamente. La respiración puede cesar o volverse irregular. La presión arterial alcanza 0 y, con frecuencia, el cuerpo continúa intentando respirar como un último esfuerzo, mientras se produce el paro cardíaco. En la mayoría de los casos, el paro cardio-respiratorio ocurre dentro de los cinco minutos siguientes a sumergirse.

6. Muerte y la imposibilidad de reanimación

La temperatura corporal influye en el pronóstico: por cada 1,8 °F (1 °C) que desciende la temperatura del cuerpo, la actividad cerebral, el consumo de energía y la demanda de oxígeno bajan entre un 6% y un 7%. Cuando la temperatura cerebral alcanza aproximadamente 22 °C (71,6 °F), estas reducciones son aún más pronunciadas. Cuanto antes se consiga sacar a la persona del agua y se inicie el soporte vital básico y avanzado, mejores serán las probabilidades de recuperación. En un estudio de sobrevivientes, el 88% estuvieron bajo el agua <6 minutos.

Signos, síntomas y causas del ahogamiento

Señales de alerta y manifestaciones clínicas

Las personas rescatadas pueden presentar un abanico amplio de signos y síntomas, que dependen de la duración de la inmersión y de la consiguiente afectación. Entre los signos y síntomas posibles se incluyen:

  • Tos persistente o que produce esputos
  • Rasgos respiratorios: respiración dificultosa o superficial
  • Estado de conciencia: puede estar alerta, desorientada o inconsciente
  • Riales respiratorias: coloración de la piel azulada o pálida (cianosis)
  • Vómitos, fatiga y somnolencia tras el rescate

Causas y escenarios de riesgo

El ahogamiento no siempre se presenta de forma dramática. Con frecuencia ocurre de manera rápida y silenciosa, y la mayoría de los ahogamientos ocurren en un corto periodo de tiempo. Las causas varían según la edad y las circunstancias:

  • Lactantes pueden ahogarse en bañeras, lavabos, asientos de baño o cubos con poco agua; se ha descrito que niños muy pequeños pueden ahogarse con apenas 1–2 pulgadas de agua.
  • Niños pequeños pueden ahogarse en piscinas si la puerta/entrada al área no está adecuadamente protegida, sin cerca o con vallado incompleto.
  • Adultos suelen ahogarse en cuerpos de agua naturales (lagos, ríos, océanos) y a veces tras lesiones (por ejemplo, buceo en agua poco profunda).

Entre los factores de riesgo, se destacan los siguientes:

  • Hombres presentan una mayor probabilidad de ahogamiento, por comportamientos de mayor riesgo o consumo de alcohol o drogas que disminuyen el juicio y la coordinación.
  • Experiencia de nado menor o ausencia de entrenamiento puede aumentar el riesgo, al igual que la falta de supervisión adecuada en niños.
  • Condiciones médicas en niños, como autismo o epilepsia, o en adultos mayores, como enfermedades cardíacas o demencia, incrementan el riesgo.
  • Factores socioeconómicos y geográficos: viviendas con menor acceso a la educación en seguridad y a las lecciones de natación, zonas rurales o con mayor exposición a cuerpos de agua, y trabajos que implican el manejo de agua (p. ej., pesca comercial).

Complicaciones posibles tras sobrevivir al ahogamiento

Quienes sobreviven al ahogamiento pueden presentar lesiones graves y complicaciones a corto o largo plazo, entre las que se incluyen:

  • Lesión cerebral severa o daño cerebral permanente
  • Discapacidad a largo plazo asociada a daño neurológico
  • Aspiration pulmonar y neumonía por aspiración
  • Síndrome de dificultad respiratoria aguda (ARDS) y otros trastornos respiratorios

Manejo y tratamiento

Respuesta inicial y primeros auxilios

La rapidez de la actuación influye de forma decisiva en el pronóstico. En cuanto se detecta un episodio de ahogamiento, las personas presentes deben:

  • Llamar a emergencias y, si es posible, proporcionar una pistola de flotación o chaleco salvavidas para facilitar el rescate.
  • Si es seguro, retirar a la persona del agua lo antes posible manteniendo la seguridad propia.
  • Iniciar reanimación cardio pulmonar (RCP) de inmediato. En los primeros instantes se recomienda proporcionar cinco respiraciones de rescate para insuflar aire en los pulmones.
  • Comprobar el pulso: si no hay pulso, continuar RCP con compresiones torácicas y, cuando sea posible, alternar respiraciones con compresiones, siguiendo las guías vigentes de rescate.

Uso de desfibrilador y primeros cuidados prehospitalarios

Si hay un desfibrilador externo automático (AED) disponible, se deben retirar las prendas mojadas o el chaleco y aplicar las pestañas del dispositivo en el torso. Se administrará una descarga si el equipo lo indica. Mientras se espera asistencia médica, es fundamental mantener a la persona caliente y estable hasta que lleguen los servicios de emergencia.

Atención durante el traslado y en hospital

Durante el traslado al centro sanitario, los trabajadores de emergencias proporcionarán oxígeno y otros soportes vitales según la necesidad de la situación clínica. En el hospital, se continúa la salvaguarda de la vida con medidas como soporte vital avanzado y, en algunos casos, técnicas de soporte vital extracorpóreo, como la oxigenación y circulación extracorpóreas (ECMO) o tratamientos adaptados a la gravedad de la lesión.

El equipo médico evaluará la severidad de la situación en función de la duración de la inmersión y de los síntomas presentes. Las pruebas pueden incluir:

  • Análisis de sangre (panel metabólico básico) para evaluar el equilibrio ácido-base y la función de órganos
  • Radiografía de tórax para valorar daño pulmonar
  • Tomografía computarizada (TC) si se sospechan lesiones en cabeza o columna
  • Electrocardiograma para detectar arritmias y otras condiciones cardíacas

Pronóstico y factores que influyen en la evolución

El resultado de un episodio de ahogamiento depende de múltiples factores. Entre los más determinantes se encuentran:

  • Edad del afectado
  • Temperatura del agua durante el incidente
  • Duración total bajo el agua
  • Rapidez con la que se inició la rescate y las maniobras de soporte vital

En general, si la persona permanece consciente y con ánimo claro tras el rescate y con una función respiratoria adecuada, el pronóstico es más favorable. Si no se está respirando o la persona está inconsciente en el momento del rescate, la perspectiva es peor. En casos de inconsciencia al ser rescatada, aumenta el riesgo de daño cerebral grave. El consumo de alcohol asociado al episodio se asocia con mayor probabilidad de muerte o daño cerebral o pulmonar. Se estima que, en niños, al menos 3 de cada 10 con daño cerebral requieren rehabilitación a largo plazo.

Prevención del ahogamiento

La prevención es la medida más eficaz para reducir los ahogamientos. Las estrategias clave incluyen:

  • Aprender maniobras básicas de RCP y habilidades de seguridad en el agua
  • Tomar clases de natación para mejorar la técnica y la seguridad
  • Uso de chalecos salvavidas adecuados durante actividades acuáticas
  • Instalar vallas o cercas que cierren por completo las piscinas para evitar el acceso no supervisado
  • Nadar siempre acompañado, nunca solo
  • Supervisar de forma estrecha a los niños cuando están en o cerca del agua

La combinación de educación, supervisión adecuada y acceso a recursos de primeros auxilios puede reducir significativamente el riesgo de ahogamiento en todas las edades.

Vídeo sobre ¿Qué pasa cuando te ahogas?

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.