¿Qué es una crisis atónica?
Las crisis atónicas son un tipo de crisis epiléptica caracterizadas por una pérdida súbita de tono y control muscular. Esto puede provocar que la persona cierre los ojos, suelte lo que sostiene o caiga al suelo. Aunque la recuperación suele ser rápida, estas caídas pueden resultar en lesiones. A continuación se detalla qué son, qué las causa, cómo se diagnostican y cuáles son las opciones de tratamiento y manejo para reducir su frecuencia y proteger la seguridad de la vida diaria.
Qué es una crisis atónica
Una crisis atónica ocurre cuando una súbita descarga eléctrica afecta áreas del cerebro que regulan el tono muscular, típicamente en regiones como el lóbulo frontal o el tronco encefálico. A diferencia de otros tipos de convulsiones, durante una crisis atónica los músculos se vuelven débiles o flácidos y la persona puede no poder mantenerse de pie ni sostener objetos. Tan pronto como la descarga termina, el tono muscular regresa y la persona puede ponerse de pie y continuar con sus actividades habituales. En la práctica clínica, estas crisis también pueden ser referidas como:
- Crisis akineticas
- Crises de caída
- Ataques de caída
La duración habitual de una crisis atónica es corta, pero la caída puede resultar en lesiones y, en algunos casos, en complicaciones más serias. El control de estas crisis y la seguridad personal dependen de un manejo médico adecuado y de estrategias de prevención de lesiones durante las caídas.
Síntomas y causas
Síntomas
Durante una crisis atónica, se produce una pérdida súbita de tono muscular que puede involucrar parte o la totalidad del cuerpo. Esta pérdida de tono suele ser temporal y seguida por la recuperación de la consciencia. Los signos típicos incluyen:
- Pérdida repentina de tono muscular (debilidad o caída de las extremidades, rodillas o tronco)
- Pérdida de conciencia o disminución momentánea de la atención
- Caída de objetos que la persona sostiene, como utensilios, libros o dispositivos
Después de la crisis, la persona recupera el tono muscular y la consciencia en general, aunque puede sentirse desorientada o confundida por momentos. En niños, es común que retomen rápidamente la actividad que estaban realizando una vez que recuperan el tono muscular.
¿Son peligrosas?
Sí, las crisis atónicas conllevan un riesgo significativo de lesiones. Al perder el tono muscular y caer, pueden ocurrir:
- Cortes y laceraciones al impactar con el suelo u objetos
- Moretones o contusiones
- Fracturas debido a caídas
- Lesiones cerebrales traumáticas en casos graves o caídas desde alturas
Actividades como manejar vehículos, operar maquinaria pesada o realizar tareas que requieren atención sostenida pueden volverse peligrosas si se presentan crisis atónicas. La seguridad personal debe ser una prioridad en el plan de manejo.
Duración y episodios repetidos
En general, una crisis atónica dura aproximadamente unos 15 segundos, tras los cuales la persona suele recuperar la consciencia y el control. Sin embargo, pueden ocurrir agrupamientos de crisis, donde varias crisis se suceden de forma cercana. Estos cluster pueden simular una parálisis momentánea durante varios minutos o incluso horas, y requieren atención médica urgente si se prolongan:
- Las crisis se repiten sin recuperación entre ellas
- La duración total excede los 15 minutos en una serie continua
- Se presentan signos de lesión grave o confusión prolongada
Factores de riesgo
Los factores que aumentan la probabilidad de experimentar crisis atónicas incluyen:
- Edad menor de 18 años
- Historia de crisis durante la primera infancia (pseudocrisis o spasmos infantiles)
- Antecedentes de síndromes epilépticos subyacentes como síndrome de Lennox-Gastaut o síndrome de Dravet
Es menos común que estas crisis se diagnostiquen por primera vez en la edad adulta. En muchos casos, el inicio infantil sugiere un espectro de epilepsia grave que requiere un abordaje terapéutico específico.
Diagnóstico y pruebas
Cómo se diagnostican
El diagnóstico de una crisis atónica se establece a partir de una evaluación clínica completa realizada por un profesional de la salud, que incluye:
- Examen físico y examen neurológico detallados
- Recopilación de información sobre síntomas, duración y patrones
- Participación de un acompañante que haya presenciado la crisis para describir lo ocurrido
- Posible revisión de videos grabados de la crisis (por ejemplo, en teléfono móvil)
La combinación de antecedentes, hallazgos neurológicos y la observación de las crisis facilita la distinción entre crisis atónicas y otros eventos que pueden parecer similares.
Pruebas complementarias
Para confirmar el diagnóstico o descartar otras causas de pérdida súbita de tono y consciencia, pueden realizarse las siguientes pruebas:
- Análisis de sangre para descartar causas metabólicas o infecciosas
- Electroencefalograma (EEG) para registrar la actividad eléctrica cerebral durante y entre las crisis
- Resonancia magnética (RM) para evaluar estructuras cerebrales y descartar lesiones
- Tomografía por emisión de positrones (PET) cuando se necesita evaluar función cerebral y diferencias metabólicas
Si se ha producido una lesión tras la crisis, se pueden solicitar pruebas adicionales como una radiografía u otras imágenes para determinar si existen fractures u otras complicaciones óseas.
Tratamiento y manejo
Tratamiento inicial y farmacológico
La primera línea de manejo para las crisis atónicas suele consistir en fármacos anticonvulsivos. Estos fármacos buscan reducir la frecuencia y severidad de las crisis y, en la medida de lo posible, prevenir lesiones. Los medicamentos comúnmente utilizados incluyen:
- Benzodiacepinas (clonazepam o clobazam)
- Felbamato
- Levetiracetam
- Topiramato
- Ácido valproico (valproato)
- Zonisamida
La elección de fármacos, la dosis y el equilibrio entre eficacia y efectos secundarios deben individualizarse según el cuadro clínico, la edad y el grupo de riesgo de cada paciente. En algunos casos, puede requerirse ajustar dosis, combinar fármacos o considerar tratamientos complementarios si las crisis no controlan adecuadamente.
Tratamientos avanzados y estrategias complementarias
Cuando los fármacos anticonvulsivos no logran controlar las crisis o cuando hay convulsiones repetidas con lesiones, se pueden considerar opciones adicionales, entre las que se incluyen:
- Cirugía (corpus callosotomía) para reducir la propagación de la actividad epiléptica entre hemisferios cerebrales
- Estimulación del nervio vago para disminuir la frecuencia de las crisis
- Protección de la cabeza mediante dispositivos de seguridad para minimizar lesiones por caídas
- Dieta cetogénica u otras dietas especializadas que pueden ayudar a controlar las crisis en ciertos pacientes
La decisión de recurrir a estas terapias depende del perfil individual, la respuesta a los anticonvulsivos y la presencia de complicaciones. El manejo integral debe incluir seguimiento neurológico regular, ajustes de tratamiento y evaluación de riesgos para la seguridad diaria.
Perspectiva y evolución
El pronóstico de las crisis atónicas varía significativamente entre personas. En general, la reducción de la frecuencia de crisis y del impacto de las caídas se logra con un tratamiento adecuado y un plan de manejo personalizado. No obstante, la presencia de lesiones causadas por caídas durante las crisis puede influir en la evolución a largo plazo y en la calidad de vida. Los esfuerzos se centran en disminuir la probabilidad de nuevas crisis y en optimizar la seguridad, además de fomentar la adherencia al tratamiento y las revisiones médicas periódicas.
Vivir con crisis atónicas
Cuándo consultar a un profesional de la salud
Debes buscar atención médica cuando:
- Las crisis atónicas se presentan con mayor frecuencia
- La persona se lesiona con mayor frecuencia durante las crisis
- Se observan cambios en el patrón de las crisis o efectos asociados como confusión prolongada
Cuándo acudir a emergencias
Solicita atención de emergencia o llama a los servicios de urgencias si se cumple alguno de los siguientes criterios:
- La crisis es la primera vez que ocurre
- La persona sufre una lesión grave durante la crisis (por ejemplo, fracturas)
- Se presentan varias crisis consecutivas sin recuperación entre ellas (más de tres crisis en 30 minutos)
Preguntas útiles para hacer al equipo de atención
Si tienes crisis atónicas, algunas preguntas que pueden ayudarte a obtener información clave incluyen:
- Qué tipo de tratamiento recomiendan?
- Cuáles son los posibles efectos secundarios de cada opción?
- Existe la posibilidad de conducir?
- Qué actividades son seguras durante el tratamiento?
Preguntas frecuentes adicionales
¿Cuál es la diferencia entre crisis atónicas y crisis tónicas?
La distinción principal radica en la reacción muscular durante la descarga eléctrica:
- Crisis atónicas: los músculos se debilitan o se vuelven flácidos, lo que provoca caídas o colapso
- Crisis tónicas: los músculos se tensan y se vuelven rígidos, lo que puede provocar que la persona se endurezca y, a veces, caiga por rigidez
Generalmente, las crisis atónicas no suelen presentar convulsiones convulsivas, aunque podría ocurrir pérdida de consciencia en algunos casos. Las crisis tónicas, por su parte, se manifiestan con rigidez muscular sostenida y, a veces, con estiramiento de las extremidades. El manejo y las implicaciones de seguridad pueden diferir según el tipo de crisis.
Vídeo sobre ¿Qué es una crisis atónica?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.