¿Qué es la cirugía de glaucoma?
La cirugía de glaucoma es un conjunto de procedimientos destinados a mejorar la salida del líquido ocular (humor acuoso) o a reducir su producción, con el objetivo de disminuir la presión dentro del ojo y proteger el nervio óptico. Se propone cuando la medicación o la terapia con láser no controlan adecuadamente la enfermedad o cuando se busca un enfoque complementario al tratamiento médico. Entre las opciones se encuentran técnicas con láser realizadas en consulta y cirugías incisas más complejas, además de enfoques más recientes y menos invasivos.
Qué son las intervenciones quirúrgicas para el glaucoma
La cirugía del glaucoma se orienta a dos grandes principios: facilitar el drenaje del humor acuoso a través de rutas naturales o artificiales, o disminuir su producción. En conjunto, estas estrategias buscan reducir la presión intraocular (PIO) y proteger la visión a lo largo del tiempo. Existen dos grandes familias de procedimientos: los que emplean energía láser para modificar estructuras del ojo y las que implican una incisión quirúrgica tradicional; dentro de estas últimas, también existen enfoques microinvasivos que permiten incisiones más pequeñas y recuperación más rápida. La elección depende del tipo de glaucoma, de la severidad de la enfermedad y de las condiciones oculares y generales de cada persona.
Tipos de intervenciones quirúrgicas
Procedimientos con láser (ambulatorios)
- Trabeculoplastia láser: es la cirugía de glaucoma más frecuente y suele realizarse en consulta. Existen dos variantes principales: ALT (trabeculoplastia con láser de argón) y SLT (trabeculoplastia láser selectiva). Ambas buscan mejorar el drenaje natural del ojo al dirigirse al trabeculado, la malla de drenaje que regula el flujo del humor acuoso. En la práctica, SLT se prefiere por ser más selectiva y repetible que ALT. Este procedimiento puede ser válido como tratamiento de primera línea en determinados tipos de glaucoma de ángulo abierto y puede acompañar a la terapia médica. No es adecuado para todos los tipos, especialmente para glaucomas de ángulo cerrado o con características específicas que limitan el beneficio de esta técnica.
- Iridotomía periférica con láser (LPI): se usa para glaucomas de ángulo cerrado o estrecho y consiste en crear un pequeño orificio en el iris para facilitar el movimiento del humor acuoso entre las cámaras del ojo. También puede emplearse como medida preventiva si existe un ángulo ocular estrecho. En ciertas circunstancias, LPI ayuda a evitar que el ángulo se cierre y agrave la presión intraocular.
- Cyclophotocoagulación (CPC): este procedimiento láser reduce la producción de humor acuoso al afectar el cuerpo ciliar. Se puede ofrecer en casos de glaucoma cuando hay visión disminuida o cuando otras terapias no han logrado controlar la PIO. Existen dos enfoques:
- CPC transesclerales: se aplica el láser desde fuera del ojo hacia el cuerpo ciliar y suele requerir un equipo específico con dos aplicadores para ajustar la energía y el tiempo de tratamiento.
- CPC endoscópica: se realiza mediante una endoscopia ocular y puede realizarse durante cirugía de cataratas o posteriormente si ya se ha intervenido la catarata.
Procedimientos incisos (quirúrgicos)
- Trabeculectomía: es la cirugía tradicional de filtración. Consiste en crear una pequeña abertura en la esclerótica (la capa blanca del ojo) para permitir que el humor acuoso salga de la cámara anterior hacia una bolsa de filtración externa, reduciendo así la presión intraocular. Este procedimiento desvía la vía de drenaje natural para disminuir la PIO cuando las medidas conservadoras no han sido suficientes.
- Derivación/tubo de drenaje: en este enfoque se coloca una diminuta tubería que guía el humor acuoso desde la cámara anterior hasta una placa de drenaje fuera del ojo. Es una opción cuando la filtración tradicional no es adecuada o cuando la anatomía ocular sugiere mayor beneficio con un conducto externo.
- MIGS (cirugías de glaucoma mínimamente invasivas): representan un conjunto de técnicas con instrumentos muy pequeños y abordajes menos invasivos. Las incisiones son más pequeñas, la recuperación suele ser más rápida y existe la posibilidad de realizar la intervención en una etapa más temprana de la enfermedad. Si el glaucoma es leve o moderado, el cirujano podría proponer realizar una MIGS simultáneamente con una cirugía de cataratas.
Detalles prácticos del tratamiento
Preparación para la cirugía de glaucoma
Antes de someterse a una cirugía de glaucoma, el equipo médico realizará una evaluación detallada y coordinará las siguientes acciones:
- Examen oftalmológico completo con pruebas diagnósticas para evaluar la función ocular y la anatomía implicada en el drenaje del ojo.
- Discusión de expectativas: se explicarán los objetivos realistas de la intervención y lo que se puede lograr en cada caso.
- Historia clínica y medicación: revisión de antecedentes médicos y de los fármacos recetados y OTC (de venta libre) que toma el paciente, para identificar posibles interacciones o riesgos de sangrado.
- Instrucciones preoperatorias: estas pueden variar entre pacientes. En general, se aconseja evitar determinados fármacos que aumentan el riesgo de sangrado, como AINEs o aspirina, y contar con un conductor para el traslado si se requiere sedación o anestesia.
- Planificación de horarios: se indicarán fechas y horarios de la cirugía, así como directrices sobre ayuno y actividad previa al procedimiento, dependiendo del tipo de anestesia prevista.
Qué ocurre durante la cirugía
La naturaleza exacta del procedimiento determina detalles específicos, pero hay pautas comunes:
- La mayor parte de las intervenciones con láser se realiza en la consulta oftalmológica y son procedimientos ambulatorios, de corta duración. Las cirugías que requieren una incisión o que se realizan en quirófano suelen ser de duración mayor.
- En los procedimientos con láser (con excepción de CPC), la intervención se realiza con anestesia local en forma de gotas y/o inyecciones para adormecer el ojo. En los casos que implican una intervención más invasiva, como trabeculectomía, implante de derivación o MIGS, es más probable que se use sedación intravenosa o anestesia general, según la complejidad y las características del paciente.
- El control del dolor se logra principalmente con la anestesia. Aun así, pueden sentirse molestias o irritación después de la cirugía, incluso con una ausencia de dolor intenso durante el procedimiento.
Duración aproximada
Los procedimientos con láser suelen durar unos minutos. Las cirugías MIGS varían en función del tipo y si se realiza o no una cirugía de cataratas al mismo tiempo. En comparación, las cirugías incisas tradicionales como la trabeculectomía o la colocación de un tubo de drenaje pueden tardar alrededor de una hora, dependiendo del caso y de la técnica empleada.
Qué sucede después de la cirugía
Tras la intervención, el equipo médico vigila la respuesta del ojo, especialmente la presión intraocular. Hay diferencias en el manejo según el tipo de procedimiento:
- Las procedimientos ambulatorios con láser suelen requerir menos tiempo de recuperación inmediato y permiten volver a las actividades habituales en un plazo corto, siempre con indicaciones específicas del profesional.
- Para las intervenciones que se realizan en quirófano, incluida la MIGS o la cirugía de filtración, puede necesitarse vigilancia adicional y un periodo de recuperación más prolongado, con control frecuente de la PIO y de la curación de la herida.
- En la mayoría de los casos, se recetarán colirios o medicamentos para su ojo durante el periodo de recuperación, y se programarán citas de seguimiento para supervisar la visión y la presión ocular.
- Es posible que se coloque un vendaje o protective ocular durante un tiempo para mantener la zona seca y facilitar la curación. No se debe frotar el ojo a menos que el equipo médico indique lo contrario.
Dolor y malestar
La cirugía se realiza con anestesia para evitar el dolor durante el procedimiento. Tras la intervención, puede haber cierto dolor leve, molestia, irritación o sensación de cuerpo extraño. Estos síntomas suelen resolverse con el uso de las medidas indicadas por el equipo tratante y, en muchos casos, desaparecen en pocos días.
Recuperación y seguimiento
Tiempo de recuperación
El periodo de recuperación varía en función del tipo de procedimiento:
- Para algunas intervenciones ambulatorias en consulta, puede bastar con un día de descanso y luego retomar las actividades habituales, siempre que el médico lo autorice.
- Para cirugías más invasivas, especialmente aquellas que requieren una incisión o un implante, podría haber que limitar ciertas actividades, como esfuerzos físicos intensos, durante un periodo que puede prolongarse hasta un mes.
- Independientemente del tipo de cirugía, suele ser necesario el uso de colirios o medicamentos para el ojo durante la recuperación y seguir un plan de visitas de control para vigilar la visión y la PIO.
- En algunos casos, puede aparecer una protección ocular o un paño durante la etapa inicial de recuperación; es importante mantener esa protección seca y evitar frotar el ojo hasta que el equipo médico confirme que ya se puede hacer.
Cuidados postoperatorios y señales de alarma
Para favorecer una recuperación segura, es crucial seguir las indicaciones recibidas:
- Mantener el ojo limpio y seco en las zonas indicadas, evitando el frote y, si corresponde, la exposición a fuentes de suciedad o irritantes.
- Continuar con el régimen farmacológico prescrito, que normalmente incluye colirios para proteger la curación y controlar la inflamación o la presión intraocular.
- Asistir a las citas de revisión programadas para monitorizar la PIO y la evolución de la visión, así como para detectar posibles complicaciones a tiempo.
Riesgos y beneficios
Las intervenciones para el glaucoma persiguen beneficios claros, principalmente la reducción de la presión intraocular y la protección del nervio óptico para prevenir una mayor pérdida de visión. Sin embargo, como toda cirugía, conllevan posibles riesgos y complicaciones que deben discutirse de forma individualizada entre el paciente y el cirujano. En función del tipo de procedimiento, los beneficios pueden incluir un mejor control de la PIO, una menor dependencia de medicamentos tópicos y, en algunos casos, la posibilidad de realizar la intervención en etapas menos avanzadas de la enfermedad. Por otro lado, los riesgos pueden incluir dolor o molestia temporal, infecciones o inflamación, sangrado, escaras en la superficie ocular, cicatrización excesiva, cambios en la visión temporal o permanente, y la necesidad de tratamientos o intervenciones adicionales. La elección del procedimiento debe basarse en una evaluación cuidadosa de cada caso, las características del glaucoma y las preferencias del paciente, siempre con un plan de seguimiento riguroso.
Cuándo contactar al equipo médico
Después de la cirugía, es fundamental saber cuándo comunicarse con el profesional de la salud. Debería llamar o acudir a urgencias si experimenta alguno de estos signos o síntomas:
- Dolor intenso que no cede con medicamentos o que empeora
- Pérdida de visión súbita o progresiva
- Enrojecimiento, lágrimas excesivas o secreción que aumente o no mejore
La recuperación y el manejo posterior deben realizarse bajo supervisión médica, y cualquier duda sobre síntomas, cambios en la visión o la necesidad de ajustes de tratamiento debe resolverse contactando al profesional de atención oftalmológica.
Vídeo sobre ¿Qué es la cirugía de glaucoma?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.