¿Qué es el asma?
El asma es una enfermedad respiratoria crónica caracterizada por inflamación de las vías aéreas, que las vuelve hiperreactivas ante desencadenantes como alérgenos, ejercicio o aire frío. Durante un ataque, las vías se estrechan, se hinchan y producen moco, dificultando la respiración y provocando tos o silbidos. Sin tratamiento, estas crisis pueden agravarse y poner en riesgo la vida.
Qué es el asma
El asma afecta a millones de personas en Estados Unidos y en todo el mundo. Puede iniciarse en la infancia o desarrollarse a lo largo de la vida adulta, y a veces se conoce como asma bronquial. La inflamación de las vías respiratorias es el rasgo central que da lugar a una mayor respuesta a ciertos desencadenantes y a episodios de dificultad respiratoria, tos o silbidos al respirar.
Tipos de asma
- Asma alérgica: cuando las alergias activan o agravan los síntomas asmáticos.
- Asma con tos variante: el síntoma principal es la tos, sin otros signos típicos de asma.
- Asma inducida por el ejercicio: la actividad física desencadena los síntomas, especialmente durante ejercicio intenso o en aire frío.
- Asma ocupacional: la exposición a sustancias en el lugar de trabajo provoca el desarrollo de síntomas o desencadena ataques.
- Síndrome de asma-COPD (ACOS): coexistencia de asma y enfermedad pulmonar obstructiva crónica en la misma persona.
Síntomas y causas
Síntomas
- Disnea (sensación de falta de aire) que puede variar en intensidad.
- Sibilancias al respirar, especialmente al exhalar.
- Opresión, dolor o presión en el pecho.
- Tos persistente o recurrente.
El asma puede estar presente de forma constante (asthma persistente) o aparecer y desaparecer, con periodos en los que la persona se siente bien entre ataques (asthma intermitente). La frecuencia y la intensidad de los síntomas pueden variar según la persona y las circunstancias.
Causas, factores de riesgo y desencadenantes
Los expertos no determinan una causa única del asma, pero existen factores que aumentan la probabilidad de desarrollarla o de sufrir ataques con mayor facilidad. Entre ellos se incluyen:
- Atopia: antecedentes de alergias o dermatitis atópica (eczema) en la familia o en la propia persona.
- Exposición a toxinas o humos, y exposición a humo de tabaco de manera directa, de segunda mano (fumo en el entorno) o de tercera mano (residuos de humo en superficies) especialmente durante la infancia.
- Antecedentes familiares: tener un progenitor biológico con antecedentes de alergias o asma.
- Infecciones respiratorias repetidas durante la infancia, como ciertas infecciones virales.
Desencadenantes del asma
Los desencadenantes pueden provocar un ataque de asma inmediato o hacerlo progresar progresivamente tras la exposición. Entre los más comunes se encuentran:
- Alergias: polen, ácaros del polvo, caspa de mascotas y otros alérgenos aéreos.
- Aire frío, especialmente en invierno.
- Ejercicio, particularmente durante actividad intensa y en climas fríos o secos.
- Moho (hongo) en entornos interiores, incluso si no hay alergia conocida.
- Exposiciones ocupacionales: polvo de madera, harina, adhesivos, látex y otros materiales del lugar de trabajo.
- Infecciones respiratorias como resfriados o gripe.
- Humo: fumar, humo de segunda mano o humo de tercera mano.
- Estrés físico o emocional.
- Químicos fuertes o olores intensos: perfumes, productos de limpieza, esmaltes de uñas y ambientadores.
- Tóxicos en el aire: emisiones industriales, escape de vehículos o humo de incendios forestales.
Complicaciones del asma
El asma puede dar lugar a complicaciones importantes si no se trata adecuadamente. Entre las posibles se encuentran ataques graves que no ceden con el tratamiento habitual, una situación conocida como estado asmático, que puede ser potencialmente fatal si no se garantiza una oxigenación suficiente de los órganos y tejidos. La adecuación del control del asma reduce el riesgo de estas complicaciones.
Diagnóstico y pruebas
¿Cómo diagnostican los médicos el asma?
Un alergólogo o neumólogo diagnostica el asma mediante una revisión de los síntomas y la realización de pruebas de función pulmonar. También se examina la historia clínica personal y familiar. Es útil indicar qué empeora o mejora los síntomas y qué tan bien responde la respiración a los tratamientos.
Pruebas y evaluaciones
- Pruebas de alergia por sangre o por piel para determinar si una alergia está desencadenando los síntomas.
- Conteo sanguíneo: se pueden valorar los niveles de eosinófilos y de inmunoglobulina E (IgE); niveles elevados pueden asociarse a ciertos tipos de asma y orientar el tratamiento.
- Espirometría: prueba de función pulmonar que mide la velocidad y la cantidad de aire que pasa por los pulmones.
- Radiografías de tórax o tomografías computarizadas: ayudan a descartar otras causas de los síntomas y a evaluar la estructura de las vías respiratorias.
- Medición del flujo máximo con un medidor de flujo máximo en casa o en consulta para observar restricciones de las vías aéreas durante ciertas actividades.
Manejo y tratamiento
¿Cuál es la mejor forma de manejar el asma?
La mejor forma de manejar el asma es evitar los desencadenantes conocidos y utilizar la medicación adecuada para mantener las vías respiratorias abiertas y el control de la inflamación. El plan de tratamiento debe adaptarse a cada persona y a su grado de control de la enfermedad, y suele combinar medidas de evitación con fármacos de uso diario y fármacos de rescate.
Tratamientos habituales
- Inhaladores de mantenimiento: normalmente contienen corticosteroides inhalados que reducen la inflamación de las vías respiratorias. A veces se combinan con otros tipos de broncodilatadores para mantener las vías abiertas de forma constante.
- Inhalador de rescate: inhaladores de acción rápida que se emplean durante un ataque para abrir de forma rápida las vías respiratorias; suelen contener un broncodilatador como un agonista beta de acción rápida (ej., salbutamol).
- Nebulizadores: dispositivos que pulverizan una medicación para inhalación a través de una máscara o boquilla; pueden usarse en lugar del inhalador para ciertos fármacos.
- Modificadores de leucotrienos: comprimidos diarios que ayudan a reducir los síntomas y el riesgo de ataque.
- Esteroides orales: pueden requerirse para un breve periodo durante una exacerbación para controlar la inflamación aguda.
- Antihistamínicos: pueden emplearse cuando existe asma alérgica para controlar los síntomas relacionados con alergias; ejemplos genéricos incluyen cetirizina, loratadina o fexofenadina.
- Terapia biológica: tratamientos con anticuerpos monoclonales que pueden ayudar a personas con asma grave que no responde adecuadamente a otros tratamientos.
- Termoplastia bronquial: opción para adultos con asma que no responde a otros tratamientos; implica aplicar calor para reducir el grosor de los músculos que rodean las vías respiratorias y así disminuir la constricción.
Plan de acción para el asma
El plan de acción para el asma se elabora conjuntamente con el equipo sanitario y especifica cuándo y cómo usar cada medicamento. También indica qué hacer ante el empeoramiento de los síntomas y cuándo buscar atención de emergencia. Es importante que la persona conozca este plan y que el equipo de salud lo explique claramente paso a paso.
Cuándo consultar a un profesional y señales de alarma
¿Cuándo debo acudir a un profesional de la salud?
Se debe consultar a un profesional de la salud cuando se presenten ataques frecuentes de asma o cuando los síntomas no estén bien controlados. Es fundamental entender el plan de acción y saber cuándo es necesario acudir a urgencias. Se debe buscar atención si los síntomas persisten a pesar de usar el inhalador de rescate con la frecuencia indicada o si hay dudas sobre el manejo de la enfermedad.
Señales de alarma para búsqueda de atención urgente
- Ansiedad o sensación de pánico.
- Coloración azulada o pálida de uñas, labios o mucosas.
- Dolor o presión en el pecho.
- Tos que no cede.
- Sibilancias severas al respirar.
- Dificultad para hablar o tragar.
- Piel, cara o dedos pálidos y sudoración marcada.
- Frecuencia respiratoria rápida.
Pronóstico y calidad de vida
Qué esperar si se tiene asma
La mayoría de las personas con asma pueden controlar sus síntomas con un manejo adecuado. El control del asma permite realizar las actividades diarias en el trabajo y en el hogar, tener pocos o ningún síntoma, y reducir la necesidad de usar el inhalador de rescate. También facilita dormir sin que los síntomas interrumpan el sueño y disminuye la necesidad de corticosteroides orales para las crisis más de dos veces al año.
Algunas personas pueden evitar desencadenantes y no presentar síntomas la mayor parte del tiempo, mientras que otras requieren tratamiento de mantenimiento adicional para mantener un control adecuado. En niños, a medida que crecen, las vías respiratorias pueden ampliarse y los síntomas pueden disminuir, incluso desaparecer o volverse menos frecuentes con el tiempo.
Qué hacer para sentirse mejor
- Avoidar desencadenantes siempre que sea posible. Mantener un diario de síntomas puede ayudar a identificar qué empeora la situación y qué estrategias funcionan para reducirlo.
- Mantenerse físicamente activo dentro de un nivel adecuado para cada persona. Preguntar al profesional de la salud qué actividad es la más indicada y considerar programas de rehabilitación pulmonar si corresponde.
- No fumar ni vapear y evitar la exposición al humo ambiental y a otros irritantes.
- Comunicar al profesional de la salud si no se puede usar un inhalador o si no se pueden seguir las indicaciones de medicación tal como están establecidas.
Este enfoque integral, que combina la evitación de desencadenantes, un plan de tratamiento individualizado y la educación sobre la enfermedad, permite a la mayoría de las personas con asma obtener un buen control de la enfermedad y mantener una buena calidad de vida a lo largo del tiempo.
Vídeo sobre ¿Qué es el asma?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.