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Prolapso rectal: síntomas, causas y tratamiento

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El prolapso rectal es una condición en la que el recto, la parte final del intestino grueso, desciende y puede salir por el canal anal. Este proceso suele deberse a un debilitamiento de los músculos que sostienen el recto y puede presentarse de forma interna, mucosa o externa. Aunque no siempre es una emergencia, puede causar molestias, alteraciones en el control de las deposiciones y, con el tiempo, complicaciones que requieren tratamiento especializado. Su manejo habitual es quirúrgico, y la elección del procedimiento depende de las características individuales del afectado.

Qué es el prolapso rectal

El prolapso rectal es la protrusión del recto desde su posición normal en la cavidad pélvica hacia el canal anal. En condiciones internas, parte de la mucosa puede deslizarse hacia dentro del canal anal sin salir por el extremo externo. En un prolapso mucoso, la mucosa interior del recto se invagina y asoma. En el prolapso externo, todo el recto desciende y puede quedar visible fuera del ano. Con el tiempo, el prolapso puede volverse constante, no solo episodico, y la persona puede notar una sensación de presión, una masa roja y jugosa a la vista o molestias al defecar.

A quién afecta

La afectación es más frecuente en mujeres, especialmente >50 años. Menos frecuentemente puede presentarse en niños como resultado de diarrea crónica u otras condiciones. Aunque el prolapso rectal es menos común que otras afecciones del colon, su impacto en la calidad de vida puede ser significativo cuando se presenta.

Frecuencia y gravedad

Se estima que el prolapso rectal ocurre en aproximadamente 2.5 de cada 1000 personas. Su gravedad puede variar desde un prolapso mínimo, que aparece solo al defecar, hasta un prolapso completo y persistente que puede exigir intervención quirúrgica para restablecer la anatomía normal y prevenir complicaciones futuras.

Manifestaciones y causas

Qué signos y síntomas pueden aparecer

Los síntomas pueden variar según el tipo y la severidad del prolapso, pero con frecuencia se presentan de forma progresiva. Entre los signos más comunes se encuentran:

  • Sensación de presión en el recto o la región anal.
  • Una protuberancia o masa roja que sobresale por el ano, especialmente durante la defecación.
  • Sensación de que algo queda dentro del ano luego de defecar.
  • Secreción de moco, sangre o heces desde el ano.
  • Dolor anal o picazón en la zona anal.

La evolución puede pasar de episodios que ocurren al defecar a un prolapso que está presente de forma continua.

Diferencias con las hemorroides

El prolapso rectal y las hemorroides pueden compartir síntomas como aspiración de molestia, sangrado o sensación de protrusión. Sin embargo, las hemorroides son vesículas sangrantes de los vasos sanguíneos del ano o recto y suelen ser temporales y asociadas principalmente a esfuerzos o estreñimiento, mientras que el prolapso rectal implica un deslizamiento estructural del recto y tiende a ser crónico y progresivo. En algunos casos, las hemorroides pueden prolapsarse, lo que puede dificultar distinguir entre ambas condiciones sin una evaluación clínica detallada.

Causas y factores de riesgo

La desalineación o debilitamiento de los músculos que sostienen el recto puede deberse a una combinación de factores. Entre las posibilidades identificadas se encuentran:

  • Envejecimiento y debilitamiento progresivo de soporte muscular.
  • Embarazo y parto, que pueden afectar el suelo pélvico.
  • Historial de lesiones o cirugía en la pelvis.
  • Estreñimiento crónico o diarrea persistente que aumenta el esfuerzo al defecar.
  • Infecciones parasitarias intestinales en algunos casos.
  • Toser o estornudar crónicamente, que implica esfuerzos repetidos en el área pélvica.
  • Daño en sistemas nerviosos o de la médula espinal.
  • Fibrosis quística (en contextos específicos) como factor asociado.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se llega al diagnóstico

La evaluación inicial parte de la historia clínica y un examen físico por parte de un profesional de la salud. En consulta, se puede pedir al paciente que pueda simular el acto de defecar para observar el comportamiento del tejido protruyente y confirmar la presencia del prolapso. Para confirmar el diagnóstico y descartar otras causas, se pueden realizar varias pruebas complementarias, entre ellas:

  • Examen rectal digital: exploración con los dedos para evaluar la resistencia y la función del esfínter anal.
  • Defecografía: estudio de imagen (radiografía o RM) que observa el comportamiento de los músculos al defecar.
  • Manometría anorrectal: mide la fuerza y la tonicidad de los esfínteres anales.
  • Serie del intestino inferior (enema de bario): series de radiografías para visualizar el tracto gastrointestinal inferior.
  • Colonoscopia: examen del interior del colon mediante un endoscopio flexible.
  • Electromiografía (EMG): determina si hay daño nervioso que afecte la función de los esfínteres y la coordinación muscular.

Si se identifican debilidades del suelo pélvico, puede que se evalúen condiciones asociadas para un manejo integral. Entre ellas pueden aparecer:

  • Disfunción del suelo pélvico.
  • Rectocele (protrusión de la pared vaginal debido al soporte rectal).
  • Incontinencia urinaria.
  • Prolapsos de asas intestinales menores o de la vagina.

Manejo y opciones de tratamiento

En adultos, el prolapso rectal tiende a no resolverse por sí solo sin intervención. En niños, la causa puede tratarse y la musculatura puede recuperarse con el crecimiento y la resolución de condiciones subyacentes. En los adultos, el tratamiento suele ser quirúrgico para restablecer la posición normal del recto y evitar problemas a largo plazo. Si el prolapso no genera molestias, se puede monitorizar, pero la progresión y las complicaciones futuras suelen hacer necesario un abordaje definitivo.

Enfoque quirúrgico abdominal (rectopexia)

La rectopexia es una cirugía que restablece la posición del recto dentro de la pelvis y lo fija al sacro mediante suturas permanentes, con posible refuerzo mediante malla. Esta fijación permite que el recto permanezca en su lugar y favorece la formación de tejido cicatricial que lo sostenga a largo plazo. Este enfoque es la opción habitual para adultos en buena condición física y cuando la anatomía lo permite.

La intervención puede realizarse de forma abierta (cirugía por el abdomen) o mediante técnicas laparoscópicas / mínimamente invasivas. En ambos casos se realiza bajo anestesia general. En algunos pacientes con antecedentes de estreñimiento crónico o contribuciones funcionales, el cirujano puede planificar una resección intestinal parcial durante la rectopexia para mejorar la función intestinal, identificando la sección del colon con costumbre de estreñimiento y optimizando el resultado postquirúrgico.

Enfoque rectal (perineal)

Para personas en las que la cirugía abdominal no es la opción más adecuada, existe la posibilidad de abordar el prolapso rectal a través del canal anal. Este enfoque, conocido como cirugía perineal, no siempre requiere anestesia general y puede realizarse con anestesia epidural. Es particularmente útil para prolapsos leves o cuando el recto está atrapado en el exterior (incarcerado).

Procedimiento de Altemeier

En el procedimiento de Altemeier, el recto prolapsado se extrae a través del ano. También puede realizarse la resección de la porción final del colon (colon sigmoide) si está implicada en el prolapso, en cuyo caso se une de nuevo el extremo remanente del colon con el ano. El resultado es que el extremo del colon que queda asume la función de recto. Aunque esta técnica es menos invasiva que la cirugía abdominal, existe un mayor riesgo de recurrencia del prolapso. En muchos casos, se añade una maniobra llamada levatoroplastia para tensar los músculos del suelo pélvico y fortalecer el soporte estructural.

Procedimiento de Delorme

La Delorme es una opción más conservadora para prolapsos mucosos o externos menores. Consiste en extirpar solamente la mucosa prolapsada y, posteriormente, plegar la pared muscular del recto sobre sí misma y suturarlas para reforzar la pared rectal. Esta técnica evita resecciones mayores y puede ofrecer recuperaciones rápidas, pero puede no ser suficiente en casos con mayor grado de prolapso o en aquellos donde el tejido de sostén está significativamente debilitado.

Riesgos y complicaciones de la cirugía

Todo procedimiento quirúrgico conlleva un riesgo general, entre ellos:

  • Sangrado y necesidad de manejo transfusional.
  • Infección en la herida o dentro de la cavidad abdominal o pélvica.
  • Tromboembolismo (coágulos sanguíneos).
  • Lesión de estructuras cercanas y complicaciones derivadas de la anestesia.

existen riesgos específicos relacionados con la corrección del prolapso rectal:

  • Fugas anastomóticas: si los extremos del intestino reparados no sellan adecuadamente, puede filtrarse contenido intestinal y requerir nueva cirugía.
  • Estreñimiento o empeoramiento de la evacuación en algunos pacientes, incluso si antes no había constipación.
  • Disfunción sexual, especialmente tras rectopexia, con una probabilidad relativamente baja (aproximadamente 1% a 2% de daño nervioso relacionado con la función sexual masculina).

Pronóstico

El pronóstico varía según el tipo y la gravedad del prolapso y según la presencia de síntomas o condiciones asociadas. En general, la cirugía puede corregir el prolapso y mejorar los síntomas en la mayoría de los pacientes. Sin embargo, existe la posibilidad de recurrencia en un porcentaje de personas, y los problemas intestinales o de continencia pueden requerir tratamiento adicional. Si ya hay problemas intestinales previos, es posible que se necesiten intervenciones complementarias para optimizar el control de las deposiciones y la función del suelo pélvico.

Prevención y manejo a largo plazo

La prevención de la aparición o recurrencia del prolapso rectal se centra en la salud del suelo pélvico y en el manejo de trastornos intestinales crónicos. Algunas estrategias útiles son:

  • Tratamiento de trastornos intestinales crónicos: controlar la diarrea o el estreñimiento para reducir el esfuerzo al defecar y evitar tensiones repetidas en el suelo pélvico.
  • Fortalecimiento del suelo pélvico: ejercicios de Kegel pueden ayudar a mantener la fortaleza y la función de los músculos que sostienen órganos pélvicos, reduciendo el riesgo de incontinencia y prolapsos leves.

Es importante mantener un seguimiento médico regular para evaluar el estado del prolapso y la función intestinal, y para decidir el momento adecuado de intervención si los síntomas progresan o si se presentan complicaciones.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.