¿Problemas cardíacos después del COVID? Sí, es posible.
La COVID-19 puede afectar de forma directa o indirecta al sistema cardiovascular, incluso en personas que no tenían antecedentes de problemas cardíacos. El daño puede ocurrir durante la infección o después, y es más probable en quienes ya tienen enfermedad cardíaca o factores de riesgo como hipertensión, diabetes o obesidad. El mecanismo principal suele ser la inflamación descontrolada y la formación de coágulos, que pueden provocar lesiones en el corazón, ataques al corazón o accidentes cerebrovasculares.
Impacto del COVID-19 en el sistema cardiovascular
La infección por SARS-CoV-2 puede manifestarse con manifestaciones que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos, no siempre de forma evidente. Algunas personas presentan daño cardíaco sin síntomas claros, mientras que otras experimentan dolor en el pecho, dificultad para respirar o hinchazón de las extremidades. El reconocimiento y diagnóstico del daño cardíaco dependen de pruebas de laboratorio y de imágenes cardíacas. La magnitud de este daño varía entre pacientes y parece depender de la severidad de la enfermedad y de la presencia de factores de riesgo preexistentes.
Relación entre la infección y el daño al músculo cardíaco
Cuando se produce una infección por COVID-19, el cuerpo activa el sistema inmunitario para combatir el virus. En algunas personas, esta respuesta se desorganiza y provoca daño en el propio músculo cardíaco. Este daño se conoce como lesión del músculo cardíaco o daño miocárdico, y consiste en la muerte de células dentro del tejido cardíaco. En muchos casos, las personas pueden no presentar síntomas de enfermedad cardíaca, mientras que en otros pueden notar dolor torácico, disnea o hinchazón en las piernas o los pies. El diagnóstico suele basarse en pruebas de sangre que detectan biomarcadores de daño cardíaco y en estudios de imagen como ecocardiografías o resonancias magnéticas del corazón.
Lesión del músculo cardíaco (daño miocárdico)
La incidencia de lesión miocárdica en personas con COVID-19 varía en las estimaciones, con rangos que van desde aproximadamente 7% hasta 40% entre quienes padecen la infección. Este tipo de daño es más frecuente entre quienes requieren atención en unidades de cuidados intensivos. Cuando hay daño en el corazón, el riesgo de complicaciones aumenta a medida que el cuerpo trata de combatir la infección.
Inflamación y daño cardíaco
La inflamación es un mecanismo central del daño cardíaco asociado a la COVID-19. Al inicio de la infección, el cuerpo produce células inflamatorias y una familia de proteínas llamadas citocinas, que participan en la respuesta inmune. En algunas personas, esta respuesta se desata de forma excesiva, lo que se conoce como síndrome de liberación de citocinas o “tormenta de citocinas”. Este estado inflamatorio severo puede dañar el sistema cardiovascular de diversas maneras:
- Arritmias: alteraciones en las señales eléctricas del corazón pueden hacer que el ritmo cardíaco se descontrole, empeorando arritmias existentes o provocando nuevas.
- Coágulos sanguíneos: la inflamación irrita el revestimiento de los vasos, facilitando la formación de coágulos que pueden conducir a ataque al corazón o ICTUS.
- Miocarditis: inflamación del músculo cardíaco, aumentando el riesgo de disfunción cardíaca.
- Pericarditis: inflamación de la membrana que rodea al corazón, que puede causar dolor torácico y acumulación de líquido alrededor del corazón.
- Insuficiencia cardíaca: cuando el corazón no puede bombear la sangre de forma adecuada, con acumulación de líquido y edema.
Miocarditis y pericarditis
La miocarditis es una inflamación del músculo cardíaco que puede presentarse en personas con COVID-19 y se asocia a un mayor riesgo de complicaciones en comparación con quienes no han estado enfermos. Por su parte, la pericarditis es la inflamación de la membrana que rodea al corazón y puede derivar en dolor torácico intenso y, en algunos casos, acumulación de líquido alrededor del órgano. Estos procesos pueden ocurrir durante la infección o incluso posteriormente, en el marco de complicaciones relacionadas con la inflamación sostenida.
Insuficiencia cardíaca
La insuficiencia cardíaca es una condición en la que el exceso de líquido y la inflamación pueden interferir con la capacidad del corazón para bombear sangre hacia el cuerpo y los pulmones. En el contexto de COVID-19, la insuficiencia cardíaca puede desarrollarse como resultado de daño previo al músculo cardíaco, de inflamación general o de la combinación de estos factores durante la enfermedad.
Factores de riesgo y vulnerabilidad
La probabilidad de sufrir daño cardíaco asociado a la COVID-19 es mayor en personas con enfermedad cardiovasculorum o con factores de riesgo. En términos generales, quienes ya padecen condiciones cardíacas o metabólicas tienen mayor susceptibilidad a complicaciones graves, incluida la afectación cardíaca. Entre los factores de mayor relevancia se encuentran:
- Insuficiencia cardíaca previa
- Enfermedad de las arterias coronarias (CAD)
- Miocardiopatía
- Enfermedad renal crónica (CKD)
- Diabetes
- Sobrepeso u obesidad
- Historia de ictus
- Hipertensión arterial
- Anemia falciforme (esferocitosis) y talasemias
¿COVID-19 causa un ataque cardíaco o ictus?
La infección por COVID-19 puede aumentar el riesgo de sufrir un ataque cardíaco o un ictus, especialmente entre quienes es hospitalizados. El mecanismo principal es la inflamación, que eleva la predisposición a formar coágulos y dificulta la eliminación natural de estos coágulos por el propio organismo. En este contexto, la interrupción del flujo sanguíneo puede provocar daño en el tejido cardíaco o cerebral.
Para la sospecha de un ataque cardíaco, los médicos pueden utilizar la medición de una enzima en sangre llamada troponina, que aumenta cuando hay daño en el músculo cardíaco. Este biomarcador ayuda a confirmar o descartar un infarto en pacientes con dolor torácico u otros síntomas compatibles.
La importancia de no retrasar la atención médica
Aunque la pandemia presentó preocupaciones para evitar contagios, no es seguro retrasar la atención médica ante síntomas compatibles con un infarto o un ictus. Aun cuando la infección por COVID-19 ya no esté en su máximo de transmisión, las emergencias cardíacas siguen ocurriendo cada día. Si se presentan signos de alarma, es esencial buscar atención de inmediato, ya sea llamando a emergencias o acudiendo al servicio de urgencias.
Durante el curso de la enfermedad o después de ella, es fundamental mantener las consultas regulares y comunicar cualquier nuevo síntoma o cambio en la salud cardíaca. Si una persona ha tenido COVID-19, debe informar a su equipo sanitario sobre la experiencia de la infección y cualquier problema que haya surgido a partir de ella.
¿Qué pasa con el corazón después de la COVID-19?
Después de la infección, algunas personas pueden experimentar problemas cardíacos, especialmente si requirieron atención intensiva o ventilación mecánica. Sin embargo, también pueden presentarse problemas incluso en casos leves o asintomáticos. Este conjunto de efectos a largo plazo puede formar parte de un cuadro más amplio conocido como long COVID o síndrome posterior a la infección aguda por coronavirus.
Persistencia de nuevos o resistentes síntomas
La evidencia indica que algunas personas pueden desarrollar síntomas nuevos o que persisten varias semanas después de la fase aguda de la COVID-19. Entre los problemas más comunes se encuentran la fatiga, la disnea (dificultad para respirar) y la denominada “niebla mental” o dificultad para concentrarse. Entre los síntomas que podrían estar relacionados con el sistema cardiovascular se destacan:
- Dolor torácico que empeora al respirar profundamente
- Palpitaciones o sensación de que el corazón late de forma irregular
- Aceleración del pulso (taquicardia)
- Sensación de mareo o aturdimiento
- Disnea al ejercicio
Si aparece alguno de estos signos, es importante ponerse en contacto con un profesional de la salud para evaluar la función cardíaca. El médico puede recomendar pruebas como un electrocardiograma (EKG) o un ecocardiograma para valorar la salud del corazón y su capacidad de bombeo.
Impacto en múltiples órganos
La COVID-19 no se limita al pulmón. El virus puede afectar varios órganos y sistemas, como el corazón, los pulmones, el cerebro y los riñones. El mecanismo de entrada del SARS-CoV-2 está relacionado con una proteína de superficie llamada ACE2, presente en múltiples tejidos del cuerpo, incluido el endotelio vascular. A través de estas rutas, el virus puede adherirse a las células, propagarse y provocar daños en distintos órganos.
- Pulmones: la infección puede dañar el tejido pulmonar y, en casos severos, provocar fibrosis, con engrosamiento y cicatrización de la textura pulmonar.
- Cerebro: la infección puede afectar la oxigenación cerebral.
- Riñones: puede disminuir la función renal y complicar la salud general.
Protegerse contra la COVID-19 mediante vacunación, uso de mascarillas cuando corresponde, quedarse en casa si se está enfermo y mantener una buena higiene de manos son medidas clave para reducir el riesgo de complicaciones, incluida la afectación cardíaca.
Consecuencias y manejo durante el tratamiento y la hospitalización
No son solo las complicaciones cardíacas las que pueden surgir en el contexto de la COVID-19. Los pacientes que requieren hospitalización o tratamiento intensivo pueden experimentar un conjunto de efectos secundarios relacionados con la enfermedad y con las intervenciones médicas. Entre estos efectos se encuentran:
- Debilidad marcada y fatiga prolongada
- Manifestaciones de estrés pos traumático o síntomas de estrés postraumático (PTSD)
Es normal no sentirse bien de inmediato tras una batalla contra la COVID-19. El proceso de recuperación puede desperezarse de forma gradual, y cada persona tiene un ritmo diferente. Es fundamental dialogar con el equipo de atención médica sobre el estado emocional y físico durante la convalecencia, para ajustar el plan de recuperación y apoyar la vuelta a la vida diaria.
Conservar la salud cardíaca: medidas generales
Para reducir el riesgo de complicaciones cardíacas asociadas a la COVID-19 y para favorecer la recuperación en caso de infección, se recomienda:
- Vacunarse frente a la COVID-19 según las recomendaciones de salud pública vigentes
- Mantener medidas de protección como el uso correcto de mascarillas cuando sea necesario
- Quedarse en casa y aislarse si se presentan síntomas de la infección
- Practicar una higiene de manos adecuada y frecuente
Resumen práctico para pacientes y cuidadores
la COVID-19 puede generar daño cardíaco a través de mecanismos de inflamación y coagulopatía, especialmente en personas con factores de riesgo o con enfermedad cardíaca preexistente. Este daño puede ocurrir durante la infección y, en algunos casos, después. Los signos de alerta cardíaca incluyen dolor en el pecho, dificultad para respirar, palpitaciones, mareo o hinchazón de extremidades. Ante estos síntomas, se debe buscar atención médica de inmediato. La vigilancia de síntomas posteriores a la infección y el manejo preventivo son esenciales para reducir el impacto en la salud cardiovascular a largo plazo.
Vídeo sobre ¿Problemas cardíacos después del COVID? Sí, es posible.
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.