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Pericarditis: Causas, Síntomas y Tratamiento

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La pericarditis es la inflamación del pericardio, la membrana delgada de dos capas que rodea el corazón. Suele presentarse de forma súbita y puede durar desde semanas hasta varios meses; en muchos casos se resuelve en aproximadamente tres meses, aunque algunas personas experimentan brotes repetidos durante años. En ocasiones hay acumulación de líquido entre las capas del pericardio, lo que se conoce como derrame pericárdico.

Qué es la pericarditis y cómo se clasifica

La pericarditis implica inflamación del pericardio, la membrana que envuelve al corazón. Esta inflamación puede ir acompañada de un derrame de líquido entre las capas, lo que se denomina derrame pericárdico. A continuación se describen las categorías según su curso temporal y su causa.

Tipos de pericarditis

  • Pericarditis aguda: inflamación que se desarrolla de forma repentina junto con la aparición de síntomas agudos.
  • Pericarditis crónica: inflamación que persiste durante tres meses o más tras el episodio agudo inicial.
  • Pericarditis constrictiva: forma severa en la que las capas inflamadas del pericardio se vuelven rígidas, desarrollan cicatrización, se engrosan y se adhieren entre sí. La constricción compromete la función normal del corazón y suele ocurrir tras múltiples episodios de pericarditis aguda.
  • Pericarditis infecciosa: derivada de una infección viral, bacteriana, fúngica o parasitaria.
  • Pericarditis idiopática: cuando no se identifica una causa conocida.
  • Pericarditis traumática: se desarrolla tras un trauma torácico, como un accidente de coche.
  • Pericarditis urémica: aparece como consecuencia de la insuficiencia renal.
  • Pericarditis maligna: consecuencia de la infiltración tumoral dentro o alrededor del pericardio.

Miocarditis frente a pericarditis

Tanto la miocarditis como la pericarditis son inflamaciones que pueden afectar al corazón, pero se localizan en sitios diferentes. La miocarditis afecta al miocardio, es decir, al músculo cardíaco, mientras que la pericarditis afecta al pericardio, la membrana que recubre el corazón. En muchos casos la causa subyacente es viral. Ambos cuadros pueden provocar dolor en el pecho, pero con la pericarditis el dolor mejora al sentarse e inclinarse hacia adelante; en la miocarditis, la sensación frecuente es de cansancio y debilidad.

Quiénes pueden verse afectados

La pericarditis puede afectar a cualquier persona, pero es más frecuente en hombres entre 16 y 65 años. Se estima que se diagnostican 28 personas por cada 100.000 habitantes cada año.

Qué ocurre en el cuerpo

Cuando se produce la inflamación, el pericardio se vuelve rojo e hinchado. Este saco lubricante cumple funciones importantes: facilita la movilidad del corazón durante el pulso, protege al órgano frente a infecciones y masas extranjeras, y ayuda a evitar que el corazón se dilate en exceso ante aumentos de volumen sanguíneo. Cuando la inflamación es severa o crónica, puede haber acumulación de líquido y afectación de la capacidad de llenado del corazón.

Síntomas y causas

Signos y síntomas

  • Dolor torácico de carácter agudo, que suele ser punzante o de puñalada, provocado por el roce entre las capas inflamadas del pericardio.
  • El dolor puede empeorar al toser, tragar, inspirar profundamente o estar acostado.
  • El dolor suele mejorar al sentarse y flexionarse hacia adelante.
  • Puede haber necesidad de encorvarse o abrazar el pecho para respirar más cómodamente.
  • Dolor que también puede irradiar a la espalda, cuello o hombro izquierdo.
  • Dificultad para respirar al estar acostado.
  • >Tos seca, palpitaciones, ansiedad o fatiga, fiebre, y en casos graves hinchazón de piernas, tobillos y pies.
  • La retención de líquidos y la disnea al realizar esfuerzos pueden indicar una pericarditis constrictiva, una forma en que el pericardio se endurece y dificulta el llenado del corazón, con posibles molestias en pulmones, abdomen y extremidades.

Si presenta signos de pericarditis aguda, debe consultar a su médico de inmediato. Si los síntomas sugieren una emergencia médica, llame al servicio de emergencias de inmediato para recibir tratamiento en un hospital cercano.

Qué causa la pericarditis

En hasta el 90% de los casos, la causa es idiopática (desconocida). Existen múltiples posibles orígenes:

  • Una infección viral, especialmente de virus gastrointestinal, que puede desencadenar pericarditis viral.
  • Una infección bacterial, incluida la tuberculosis, que puede ocasionar pericarditis bacteriana.
  • Infección fúngica que puede provocar pericarditis fúngica.
  • Infección por parásitos que puede generar pericarditis parasitaria.
  • Enfermedades autoinmunes como lupus, artritis reumatoide o sclerodermia que pueden causar pericarditis.
  • Lesión en el pecho, como tras un accidente de coche, que puede dar lugar a pericarditis traumática.
  • La insuficiencia renal puede provocar pericarditis urémica.
  • Tumores como el linfoma pueden dar lugar a pericarditis maligna.
  • Enfermedades genéticas como la fiebre familiar del Mediterráneo (FMF).
  • Uso de fármacos que suprimen el sistema inmunitario (raro).

Factores de riesgo que aumentan la probabilidad de desarrollar pericarditis incluyen:

  • Un infarto de miocardio.
  • Cirugía de tórax abierta, o síndrome pospericardiotomía.
  • Terapia de radiación en el área torácica.
  • Procedimientos percutáneos como cateterismo cardíaco o ablación por radiofrecuencia (RFA).

En estos escenarios, la inflamación del pericardio es probable que se origine por una respuesta anómala del organismo ante la intervención o la condición subyacente. Los síntomas pueden tardar varias semanas en aparecer tras una cirugía de bypass, por ejemplo. Si tiene preocupaciones, hable con su cirujano sobre ello.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se diagnostica la pericarditis

La presencia de dolor torácico agudo que se irradia a la espalda y que mejora al sentarse e inclinarse hacia adelante, junto con dolor al respirar, son indicios clave de pericarditis frente a un-infarto de miocardio. El médico revisará la historia clínica y antecedentes médicos, como antecedentes de infecciones recientes, cirugías cardíacas y otras condiciones que puedan aumentar el riesgo. Se explorará la posibilidad de un roce pericárdico, un sonido áspero al auscultar el corazón, que se acentúa al inclinarse hacia adelante y al exhalar. Dependiendo de la gravedad de la inflamación, también pueden detectarse signos de líquido en los pulmones o alrededor de ellos.

Qué pruebas se realizan para confirmar la pericarditis

Se emplean varias pruebas para confirmar el diagnóstico y detectar complicaciones como derrame pericárdico o pericarditis constrictiva. Entre las pruebas posibles se incluyen:

  • Radiografía de tórax para evaluar el tamaño del corazón y identificar líquido en los pulmones.
  • Electrocardiograma (ECG) para buscar cambios en el ritmo cardíaco. Aproximadamente la mitad de las personas con pericarditis muestran cambios característicos; otras pueden no presentar cambios o ser temporales.
  • Ecocardiograma para evaluar la función cardíaca y detectar derrame pericárdico. Un ecocardiograma puede mostrar signos clásicos de pericarditis constrictiva, como un pericardio rígido o engrosado que limita el movimiento normal del corazón.
  • Resonancia magnética cardíaca para valorar la presencia de líquido adicional en el pericardio, inflamación o engrosamiento, o compresión del corazón. En este estudio se usa un medio de contraste llamado gadolinio.
  • Tomografía computarizada (TC) para buscar calcio en el pericardio,‑derrame, inflamación, tumores y enfermedades en las proximidades del corazón. Se utiliza un medio de contraste yodado para obtener más información sobre la inflamación. Es una prueba clave si se considera cirugía para la pericarditis constrictiva.
  • Cateterismo cardíaco para obtener información sobre las presiones de llenado del corazón y confirmar, cuando sea necesario, un diagnóstico de pericarditis constrictiva.
  • Pruebas de sangre para descartar ataque al corazón, evaluar la función cardíaca, analizar el líquido del pericardio y ayudar a identificar la causa de la pericarditis. Es común que la tasa de sedimentación (VES) y la proteína C reactiva de alta sensibilidad (PCR) estén elevadas cuando hay inflamación. Pueden requerirse pruebas adicionales para detectar enfermedades autoinmunes como lupus o artritis reumatoide.

Manejo y tratamiento

Cómo se trata la pericarditis

En la mayoría de los casos, la pericarditis se maneja con fármacos según la causa sospechada. Si hay derrame de líquido en el pericardio, puede requerirse drenaje; si se desarrolla pericarditis constrictiva, podría ser necesaria una intervención quirúrgica. Las opciones incluyen:

Medicamentos

  • Tratamiento inicial para el dolor e inflamación con ibuprofeno o aspirina de dosis alta.
  • Si la causa es infecciosa, se emplearán antibióticos o antifúngicos o un tratamiento antiparasitario según corresponda.
  • En episodios con síntomas severos que duran más de dos semanas o que reaparecen, puede indicarse colchicina para controlar la inflamación y reducir la probabilidad de recurrencia en las semanas o meses siguientes.
  • En algunas circunstancias, se puede utilizar prednisona (corticoide) especialmente si existen contraindicaciones para los AINEs o para pasar la inflamación de forma más rápida.
  • Si se requieren dosis elevadas de ibuprofeno, pueden administrarse fármacos para disminuir los efectos gastrointestinales; revisiones periódicas son necesarias para vigilar función renal y hepática cuando se usan AINEs.
  • En casos de pericarditis crónica o recurrente, puede ser necesario continuar AINEs o colchicina durante varios años, incluso si se siente bien.
  • En presencia de edema, se puede emplear un diurético para ayudar a eliminar el exceso de líquido asociado a la constricción pericárdica. Si hay arritmias, se discutirá el tratamiento adecuado.
  • Si la causa es autoinmune o hay inflamación persistente, se pueden considerar fármacos como azatioprina (inmunosupresor), inmunoglobulinas humanas IV o terapias biológicas como anakinra o rilonacept.

Procedimientos y cirugía

Cuando se acumula líquido en el espacio entre el pericardio y el corazón, puede producirse un derrame pericárdico que, si es rápido, produce taponamiento cardíaco—una emergencia médica que requiere drenaje inmediato.

  • La pericardiocentesis es un procedimiento mediante un catéter para drenar el líquido. La guía de ecocardiografía o de TC ayuda a situar la aguja y el catéter de forma segura hasta el pericardio.
  • Si no es posible drenar mediante aguja, se puede realizar una ventana pericárdica, una intervención quirúrgica mínimamente invasiva para abrir el pericardio y drenar el líquido.
  • En la pericardiectomía, se extirpa parte del pericardio en pacientes con pericarditis constrictiva de larga duración o con cicatrización significativa. Esta opción se reserva para casos en los que la inflamación persiste a pesar de otras terapias.
  • La cirugía no es la primera opción para la pericarditis recurrente, ya que la inflamación puede interferir con la curación postquirúrgica; sin embargo, puede considerarse si otros tratamientos no han sido exitosos.

¿Cuánto dura la recuperación?

La mejoría suele observarse en la primera semana de tratamiento; sin embargo, la medicación puede requerirse durante aproximadamente dos semanas. La recuperación tras una intervención quirúrgica es más lenta y puede requerir semanas o meses para volver a la plena normalidad.

Pronóstico y evolución

Qué esperar con esta condición

  • Durante la recuperación, es importante reducir esfuerzos físicos y seguir las indicaciones médicas sobre cuándo reanudar la actividad física.
  • La mayoría de las personas con pericarditis aguda se recuperan por completo con tratamiento adecuado. Casos leves pueden mejorar con reposo.
  • Sin tratamiento, algunas personas pueden evolucionar a pericarditis crónica.
  • Si la pericarditis es causada por bacterias o tuberculosis, existe un riesgo de pericarditis constrictiva de hasta aproximadamente 30%.
  • La existencia de taponamiento cardíaco como complicación es más probable en circunstancias de cáncer o infecciones graves.

Prevención

Reducción de riesgos y recurrencias

Aunque no es posible prevenir la pericarditis aguda de manera general, recibir tratamiento de forma temprana y adherirse al plan terapéutico puede disminuir el riesgo de recurrencia. También es importante seguir las recomendaciones para retomar la actividad física y evitar esfuerzos intensos durante la fase activa de la inflamación, ya que el ejercicio brusco puede empeorar la pericarditis en curso.

Vida diaria y autocuidado

Cómo cuidarse en casa

Es fundamental tomar los medicamentos tal como lo indique el profesional de salud y asistir a todas las citas de control. Mantenga un registro de síntomas y de posibles efectos secundarios de los fármacos, y comuníquese con su médico ante cualquier empeoramiento o aparición de nuevos signos.

Cuándo consultar y cuándo acudir a emergencias

Cuándo debe consultar a un profesional de salud

  • Presenta síntomas de pericarditis constrictiva, como dificultad notable para respirar, hinchazón de piernas y/o abdomen, palpitaciones o retención de líquidos significante.
  • Si hay dolor torácico que persiste o empeora, o si se acompaña de fiebre, signos de infección o empeoramiento general.

Cuándo acudir a urgencias

El dolor torácico puede ser signo de un infarto de miocardio u otra emergencia. Si presenta dolor en el pecho intenso, repentino o que se acompaña de dificultad para respirar, sudoración, náuseas o dolor que se irradia a hombros o mandíbula, llame al servicio de emergencias.

Preguntas útiles para hacer a su médico

  • ¿Qué ha causado mi pericarditis en mi caso específico?
  • ¿Cuánto tiempo necesitaré tomar medicamentos?
  • ¿Qué probabilidades hay de que vuelva a aparecer?
  • Qué signos deben motivar una consulta urgente?
  • Qué ejercicios o atividades son seguros durante la recuperación?

Vídeo sobre Pericarditis: Causas, Síntomas y Tratamiento

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.