Pérdida del gusto y del olfato: anosmia, pérdida del olfato y COVID-19
El olfato y el gusto son sentidos químicos que trabajan de manera conjunta para permitirnos disfrutar de los alimentos. Cuando alguno de estos sentidos se ve afectado por la edad, por una condición de salud o por un fármaco, la comida puede parecer insípida o sin sabor. La pérdida de olfato o gusto puede ser un indicio temprano de una infección por COVID-19. En general, la pérdida total de estos sentidos (anosmia para el olfato y ageusia para el gusto) es poco frecuente, pero su evaluación y manejo son importantes para la nutrición, la seguridad y la calidad de vida.
Funcionamiento del sentido del olfato
El olfato es una función sensorial compleja que depende de moléculas presentes en el aire. Estas moléculas entran en las vías respiratorias por la nariz y también pueden ingresar por la boca, especialmente al respirar por la nariz o al comer. Las moléculas se unen a células receptoras ubicadas en las membranas mucosas nasales. Estas células receptoras envían señales a través de vías nerviosas hacia el cerebro, que las interpreta como olores, ya sean agradables o desagradables. En este proceso, el olfato ayuda a identificar y valorar los aromas de los alimentos y del entorno, y contribuye a la percepción de sabor cuando el aire que huele se acompaña de la textura y la salivación durante la ingestión de comida.
Funcionamiento del sentido del gusto
La gustación se produce por sustancias químicas disueltas en líquidos que activan las papilas gustativas de la lengua. Estas papilas albergan receptores que responden a distintas sustancias y permiten percibir sabores como dulce, salado, ácido, amargo o umami (sabroso). existen receptores en el techo de la boca y en la parte posterior de la garganta que también participan en la detección de sabores. Las señales químicas recogidas por estos receptores se envían al cerebro, que interpreta la información para reconocer y valorar los sabores de los alimentos y bebidas. En conjunto, olfato y gusto permiten distinguir entre, por ejemplo, café y té, o arándanos y moras, a través de una experiencia sensorial integrada.
Relación entre gusto y olfato
Tanto el gusto como el olfato son sentidos químicos que trabajan de forma complementaria para generar la experiencia de “saborear” un alimento. Cuando no se puede oler, la percepción del sabor se ve afectada, incluso si la papila gustativa funciona correctamente. Este fenómeno explica por qué, en ocasiones, los alimentos pueden parecer menos sabrosos o neutros cuando hay congestión nasal o una disminución del sentido del olfato. A continuación se describe, de manera simplificada, cómo interactúan estas dos sensaciones:
- La ingestión de alimentos libera moléculas volátiles que migran hacia la nariz y la boca.
- Estas moléculas estimulan receptores en las membranas mucosas nasales y en la cavidad oral.
- Las señales se envían al cerebro para su procesamiento.
- El cerebro integra la información de los dos sentidos para generar la experiencia de sabor complejo, que depende no solo de los receptores gustativos, sino también de la olfación retronasal (olor percibido a través de la parte posterior de la garganta mientras se mastica y se traga).
Qué es la pérdida de olfato
La pérdida del olfato puede deberse a diversos factores y se expresa en distintos grados. Se habla de hiposmia cuando la capacidad olfativa está reducida de forma parcial, y de anosmia cuando hay pérdida total de la percepción olfativa. La capacidad para oler suele debilitarse con la edad, y existen condiciones que pueden acentuar este descenso. Con el paso de los años, las membranas nasal pueden volverse más delgadas y secas, y los nervios responsables de la olfacción pueden presentar menor rendimiento, lo que contribuye a una menor capacidad olfativa a partir de los 50 años.
Qué es la pérdida del gusto
La pérdida del gusto es menos común que la pérdida del olfato. En muchos casos, una reducción en la capacidad para percibir sabores se debe, en parte, a la disminución de la facultad olfativa; sin embargo, la ageusia describe una pérdida completa de la gustación, mientras que la hipogeusia se refiere a una capacidad reducida para percibir sabores. Con la edad, las papilas gustativas pueden volverse menos sensibles; algunas personas pueden percibir sabores de forma menos clara o confusa, y a veces pueden percibir sabores amargos cuando no lo son, o dificultad para distinguir entre dulces y salados.
Frecuencia de pérdida de olfato o gusto
La afectación de estos sentidos es relativamente común en la población. Se estima que más de 1 de cada 10 estadounidenses podría tener algún trastorno en el olfato o el gusto, aunque una parte de estas personas no busca atención médica. En términos de consultas médicas, se calcula que cerca de un cuarto de millón de personas en Estados Unidos acuden anualmente por problemas de olfato o gusto. Estas cifras reflejan la relevancia clínica de estas alteraciones para la nutrición, la seguridad y la calidad de vida.
Causas posibles
Qué causas explican la pérdida de olfato y gusto
El envejecimiento es una causa frecuente de menor capacidad olfativa y gustativa. existen numerosas condiciones y factores que pueden afectar estos sentidos:
- Lesiones cerebrales o traumatismos craneales que alteran las vías olfativas o centrales de procesamiento.
- Tratamientos contra el cáncer, como la radioterapia, que pueden dañar estructuras relacionadas con la olfación y la gustación.
- Sequedad bucal provocada por síndromes como el de Sjögren u otras condiciones que afectan la secreción de saliva y la protección de la mucosa oral.
- Exposición a químicos o irritantes ambientales que pueden dañar la mucosa nasal y las células sensoriales.
- Enfermedades de las encías y otros problemas dentales que influyen en la salud oral y la percepción del sabor.
- Medicamentos, entre ellos antibióticos y antidepressivos, que pueden interferir con los sentidos del olfato o del gusto.
- Pólipos nasales, infecciones sinusales y tumores sinonasales que obstruyen las vías y alteran la percepción olfativa.
- Trastornos neurológicos como la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson, que pueden afectar los circuitos sensoriales y de memoria relacionados con el olfato y el gusto.
- Infecciones virales respiratorias incluyendo resfriado, gripe y, especialmente, COVID-19, que pueden dañar las neuronas sensoriales o las células de apoyo.
- Fumar u otros hábitos que irritan la mucosa nasal y reducen la sensibilidad sensorial.
- Problemas tiroideos como el hipotiroidismo, que pueden influir en la percepción de los sabores y la función nasal.
¿Cómo las enfermedades como COVID-19 provocan pérdida de olfato o gusto?
Diversos virus pueden dañar las neuronas sensoriales olfativas, que son las encargadas de detectar los olores. En muchos casos, la recuperación de estas neuronas puede tardar semanas o meses. la congestión nasal típica de las infecciones puede dificultar temporalmente la capacidad para oler. En el caso de COVID-19, se ha observado que más de 8 de cada 10 personas pueden perder brevemente su sentido del olfato, y pueden perder también el gusto. Aunque la investigación continúa, algunas teorías sugieren que el virus no daña directamente las neuronas olfativas, sino que podría afectar a las células que sostienen a estas neuronas. Una vez que la infección se resuelve, es común que el nervio olfativo vuelva a funcionar, y la recuperación suele ocurrir en la mayoría de las personas dentro de unos días o semanas y, en muchos casos, dentro de los 60 días posteriores a la recuperación de la infección.
¿Puede la pérdida de olfato o gusto provocar complicaciones?
La disminución de estos sentidos puede afectar la experiencia de las comidas y, en consecuencia, el patrón de ingesta. Comer menos puede aumentar el riesgo de desnutrición, deshidratación y pérdida de peso no deseada. Para compensar la falta de sabor, algunas personas pueden añadir cantidades excesivas de azúcar o sal a los alimentos, lo que incrementa el riesgo de diabetes y hipertensión. la falta de olfato o gusto incrementa el riesgo de intoxicación alimentaria, ya que es más difícil detectar que un alimento está estropeado. También puede dificultar percibir olores de seguridad como el humo de un incendio, el gas natural u otros productos químicos potencialmente peligrosos en el entorno. Por otra parte, la ausencia de apetito y de estímulos olfativos agradables puede contribuir a la depresión.
Atención y tratamiento
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico se realiza mediante una evaluación clínica que incluye un examen físico y la revisión de otros síntomas como la congestión nasal. Es importante informar al profesional de salud sobre infecciones respiratorias recientes, traumatismos craneales u otros problemas. También se debe proporcionar un listado completo de medicamentos y suplementos que se estén tomando. En ocasiones, se puede consultar a un especialista en otorrinolaringología (otorrinolaringólogo) para una evaluación más detallada.
Este especialista puede realizar pruebas de olfato, en las que la persona huele y identifica diferentes aromas o se expone a un olfato controlado con sustancias específicas. En algunas pruebas, se diluye una sustancia hasta que el paciente ya no puede olerla; estas pruebas ayudan a cuantificar la capacidad olfativa. Para la gustación, se pueden aplicar sustancias directamente sobre la lengua o pedir al paciente que pruebe diferentes líquidos con sabores variados y que luego indique sus diferencias. Según los síntomas, el médico puede solicitar imágenes del cabeza y cerebro mediante TC (tomografía computarizada) o RM (resonancia magnética) para detectar posibles quistes, tumores u otros problemas.
¿Cómo tratan los médicos la pérdida del olfato o del gusto?
Cuando es posible, el tratamiento se orienta a abordar la causa subyacente que afecta a los sentidos. Si se identifica un suplemento o un medicamento que esté afectando el olfato o el gusto, podría ser necesario modificarlo para evaluar si la función sensorial mejora. Sin embargo, no siempre es posible recuperar por completo estos sentidos. En todos los casos, ciertas estrategias pueden ayudar a hacer que las comidas sean más placenteras y mejorar la experiencia sensorial a pesar de la pérdida parcial o total.
Consejos prácticos para realzar el sabor durante las comidas
- Agregar pequeñas cantidades de quesos fuertes (por ejemplo, tipos que aporten aroma intenso) para intensificar el sabor sin recurrir a azúcares o sales en exceso.
- Incorporar tocino crujiente o frutos secos tostados para aportar texturas y aromas destacables.
- Utilizar hierbas aromáticas, condimentos y especias para realzar el sabor sin incrementar la sal.
- Ofrecer comidas con diferentes texturas y colores para estimular la percepción sensorial por múltiples vías y hacer las comidas más atractivas.
- Evitar guisos muy mezclados que pueden diluir sabores al combinar muchos ingredientes; las preparaciones con sabores más definidos pueden ser más fáciles de distinguir.
Además de estas estrategias, es importante mantener una alimentación equilibrada para prevenir la desnutrición y la deshidratación. Si la pérdida de olfato o gusto persiste, se deben seguir las indicaciones del equipo de salud para la vigilancia de la nutrición, la seguridad alimentaria y el manejo de cualquier condición underlying que pueda estar condicionando la alteración sensorial.
Vídeo sobre Pérdida del gusto y del olfato: anosmia, pérdida del olfato y COVID-19
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.