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Neuroblastoma: qué es, etapas, causas, síntomas, tratamientos

nci-media.cancer.gov

El neuroblastoma es un cáncer pediátrico que se origina en células nerviosas inmaduras, principalmente en las glándulas suprarrenales, aunque también puede aparecer en tejido nervioso de la médula espinal, abdomen, tórax o cuello. Su comportamiento clínico varía según la localización y la extensión de la enfermedad. El diagnóstico temprano, la estratificación de riesgo y la elección de tratamientos adecuados son fundamentales para mejorar el pronóstico en niños y adolescentes.

Qué es el neuroblastoma

Definición

El neuroblastoma es un tumor que se desarrolla a partir de neuroblastos, células nerviosas inmaduras. Esta neoplasia infantil tiende a crecer y, en muchos casos, a diseminarse a distintas partes del cuerpo. Su curso puede ser muy variable, desde tumores que se resuelven solos en ciertos lactantes hasta enfermedades graves que requieren tratamientos intensivos.

Ubicación y diseminación

Con mayor frecuencia afecta las neuroblastos de las glándulas suprarrenales, estructuras ubicadas sobre los riñones que producen hormonas que regulan funciones automáticas del cuerpo. Sin embargo, también puede originarse en tejido nervioso de la médula espinal, así como en el abdomen, el tórax o el cuello. En algunos casos puede diseminarse a otros órganos y sistemas, lo que complica el manejo y el pronóstico.

Clasificación por etapas y riesgo (INRGSS)

La clasificación de neuroblastoma se realiza comparando la extensión de la enfermedad y sus características imagenológicas al momento del diagnóstico. El sistema Internacional de Grupos de Riesgo para Neuroblastoma (INRGSS) emplea criterios basados en la extensión de la enfermedad observada en estudios de imagen y en factores de riesgo definidos a partir de la exploración y pruebas complementarias. Las etapas son:

  1. Etapa L1: tumor localizado dentro de un solo compartimento corporal sin afectar estructuras vitales y sin factores de riesgo de imagen.
  2. Etapa L2: tumor localizado en un compartimento, pero con posible afectación de estructuras vitales o presencia de factores de riesgo en imagen, como envolvimiento de grandes vasos sanguíneos u otros hallazgos sospechosos.
  3. Etapa M: enfermedad con diseminación a más de un compartimento del cuerpo, es decir, metástasis distantes, la de mayor riesgo.
  4. Etapa MS: categoría especial para niños menores de 18 meses, en la cual la diseminación se limita a piel, hígado o médula ósea; estos casos suelen tener un pronóstico favorable y se consideran de bajo riesgo.

Frecuencia e incidencia

El neuroblastoma es poco común, pero representa la forma más frecuente de cáncer en bebés. En los Estados Unidos, se diagnostican alrededor de 800 niños por año. Este cáncer casi siempre se presenta antes de los 5 años y puede aparecer incluso antes de nacer. Es poco frecuente en niños de más de 10 años.

Síntomas y causas

¿Qué causa el neuroblastoma?

El neuroblastoma surge cuando las células nerviosas inmaduras crecen fuera de control y se vuelven anómalas. Una mutación genética en las células del neuroblastoma provoca su crecimiento y división descontrolados, dando lugar a un tumor. En la mayoría de los casos, las causas exactas de esta mutación genética no están claras.

¿Qué síntomas puede provocar?

La manifestación clínica varía según la ubicación del tumor y el estadio de la enfermedad. En general, los signos aparecen cuando el cáncer ya se ha diseminado. Los síntomas más frecuentes incluyen:

  • Protuberancia o masa en el cuello, pecho, pelvis o abdomen, o varias masas debajo de la piel que pueden verse azules o moradas en lactantes.
  • Ojos hundidos o aspecto de moretón alrededor de los ojos (parece un ojo negro).
  • Diarrea, estreñimiento, malestar estomacal o pérdida de apetito.
  • Fatiga, tos y fiebre.
  • Piel pálida, indicativa de anemia (bajos glóbulos rojos).
  • Dolor o distensión abdominal.
  • Dificultad para respirar, especialmente en lactantes.
  • Debilidad, problemas de movimiento o parálisis en piernas y pies.

Con la progresión de la enfermedad pueden aparecer otros síntomas, tales como:

  • Presión arterial alta y pulso rápido.
  • Síndrome de Horner (causa ptosis, pupila pequeña y sudoración asimétrica en la cara).
  • Dolor en huesos, espalda o piernas.
  • Problemas de equilibrio, coordinación y movilidad.
  • Disnea o dificultad para respirar más acusada.
  • Movimiento irregular de los ojos o movilidad ocular anormal.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se diagnostica

La mayor parte de los niños con neuroblastoma recibe el diagnóstico antes de los 5 años. En algunos casos puede detectarse en el feto durante una ecografía prenatal. El proceso diagnóstico combina examen físico y neurológico, y una batería de pruebas para confirmar la presencia del tumor y determinar su extensión.

Pruebas y exploraciones clave

A continuación se detallan las pruebas más utilizadas, tal como se describe en la ficha clínica de diagnóstico:

  • Análisis de sangre y orina: para detectar anemia y anormalidades en la sangre (hemograma completo) y para evaluar campos bioquímicos y hormonas; en la orina se buscan sustancias indicativas de la enfermedad.
  • Biopsia: extracción de una muestra de tejido tumoral para examinarla al microscopio y realizar pruebas específicas que confirmen el diagnóstico y ayuden a definir el riesgo.
  • A biopsia de médula ósea: análisis de la médula ósea y la sangre para buscar señales de cáncer.
  • Tomografía computarizada (TC): utiliza un medio de contraste para obtener imágenes detalladas de las estructuras internas y localizar tumores.
  • Resonancia magnética (RM): utiliza imanes y ondas de radio para obtener imágenes de tejidos blandos y de la extensión del tumor.
  • Gammagrafía con MIBG marcado con 123I: una sustancia radioactiva específica para células de neuroblastoma se administra por vía intravenosa; al día siguiente se obtienen imágenes para identificar áreas afectadas por la enfermedad. Aproximadamente el 10% de los tumores no muestran captación adecuada de MIBG; en esos casos, puede recurrirse a una PET (Positron Emission Tomography) para localizar células activas.
  • Ecografía: prueba de ultrasonido para visualizar tejidos blandos y masas.
  • Radiografías: radiografías del tórax o de abdomen para observar la ubicación del tumor y su influencia en tejidos cercanos.

Manejo y tratamiento

Enfoque general

El tratamiento del neuroblastoma depende de la edad del niño, el estadio de la enfermedad, el nivel de riesgo y la localización del tumor. Un equipo de especialistas evaluará estos factores para definir el plan terapéutico más adecuado para cada niño.

Categorías de riesgo y su impacto en el tratamiento

  1. Neuroblastoma de bajo riesgo: en algunos lactantes, la enfermedad puede no requerir tratamiento inmediato. En niños menores de 6 meses, ciertos tumores se resuelven sin intervención. Otros requieren cirugía para extirpación del tumor, quimioterapia o la combinación de ambas, con un seguimiento estrecho.
  2. Neuroblastoma de riesgo intermedio: por lo general se realiza cirugía para retirar el tumor y se extirpan también las células cancerosas de los ganglios linfáticos regionales. Después de la cirugía, suele administrarse quimioterapia; en ocasiones se inicia la quimioterapia antes de la cirugía para reducir el tamaño del tumor y favorecer una resección más completa. La cantidad de ciclos depende de factores de riesgo y de la respuesta al tratamiento.
  3. Neuroblastoma de alto riesgo: implica un enfoque terapéutico intensivo que puede combinar quimioterapia, cirugía, quimioterapia de dosis alta con rescate de células madres, radioterapia e inmunoterapia. Tras la fase inicial, puede requerirse medicación de mantenimiento durante varios meses, como el ácido 13-cis-retinoico.
  4. Inserciones de MYCN: cuando existen copias extra del gen MYCN, se recomienda tratamiento muy agresivo independientemente del estadio. Este gen favorece un crecimiento tumoral rápido y su presencia eleva el riesgo.

Tratamientos específicos

  • Quimioterapia: frena la multiplicación de células cancerosas. Se administra por vía intravenosa y suele requerir varias semanas o meses de tratamiento. La combinación de fármacos y la duración dependen del nivel de riesgo asignado al neuroblastoma.
  • Cirugía: los cirujanos extraen el tumor mediante una incisión; en ocasiones no es posible eliminarlo por completo. La cirugía puede ir acompañada de quimioterapia previa o posterior para reducir el tamaño del tumor o eliminar células remanentes.
  • Radioterapia: aplica dosis altas de radiación para destruir células tumorales o impedir su multiplicación. Se utiliza con mayor frecuencia en pacientes de alto riesgo; los casos de bajo o intermedio riesgo generalmente no requieren radioterapia.
  • Inmunoterapia: cuando persisten células cancerosas tras quimioterapia y/o radioterapia, se pueden utilizar terapias que estimulan la respuesta inmunitaria para atacar células anómalas. Las terapias actuales se dirigen a una proteína llamada GD2 presente en la superficie de las células de neuroblastoma; los anticuerpos se unen a GD2 y señalan al sistema inmunitario para eliminar las células tumorales.
  • Terapia con Iodo 131-MIBG: nueva forma de tratamiento que utiliza radiación para atacar las células tumorales. Se administra y, posteriormente, el compuesto radiactivo se dirige a las células que expresan MIBG. Se ha utilizado en casos de recurrencia o enfermedad refractaria y se estudia como parte de la terapia inicial en neuroblastoma de alto riesgo.
  • Medicamentos dirigidos y mantenimiento: además de la quimioterapia, pueden emplearse fármacos que buscan bloquear la supervivencia de las células tumorales o impedir su crecimiento. Entre ellos figura la terapia de retinoides (13-cis-retinoico) para mantener la respuesta tras el tratamiento inicial. También se investigan fármacos en ensayos clínicos promisorios, como DFMO (difluorometilornitina), que ha mostrado resultados alentadores como terapia de mantenimiento en neuroblastoma de alto riesgo o en recurentes, aún bajo estudio.
  • Trasplante de células madre (traslado de progenitores hematopoyéticos): este procedimiento implica recolectar las células madre del niño antes de recibir quimioterapia de dosis alta y luego reinfundir esas células para reconstruir el sistema inmunológico tras la terapia intensiva.

Pronóstico y perspectivas

El pronóstico del neuroblastoma es muy variable y depende de múltiples factores, entre ellos la edad al diagnóstico, la biología del tumor y si la enfermedad se ha diseminado a ganglios linfáticos u otros tejidos. En niños jóvenes con neuroblastoma de bajo o intermedio riesgo, la probabilidad de supervivencia a cinco años es muy favorable, entre el 90 % y 95 %. En niños mayores o con enfermedad de alto riesgo, la probabilidad de permanecer sin cáncer a cinco años ronda aproximadamente el 60 %. Los avances en tratamiento y en manejo multidisciplinario continúan mejorando estas cifras, y los enfoques de tratamiento se ajustan a cada caso para optimizar la supervivencia y la calidad de vida.

Prevención y genética

¿Se puede prevenir?

No existe una medida de prevención conocida para el neuroblastoma. Si existe antecedentes familiares de la enfermedad o antecedentes de neuroblastoma en la niñez, se recomienda conversar con el equipo médico para evaluar opciones de asesoramiento genético y monitorización.

Aspectos genéticos y asesoramiento

Todos los niños diagnosticados deben recibir asesoramiento genético para confirmar si existen marcadores genéticos relevantes. En general, la forma hereditaria de neuroblastoma es poco frecuente, representando aproximadamente un 1 % a 2 % de los casos. No obstante, ciertas mutaciones genéticas que aumentan el riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer pueden ser heredadas, como ocurre en síndromes como Li-Fraumeni, que involucran mutaciones en p53. Este tipo de información puede influir en el manejo familiar y en la vigilancia de otros familiares.

Vida con neuroblastoma: qué esperar y cuándo consultar

Cuándo acudir al especialista

Si el niño presenta signos o síntomas compatibles con neuroblastoma, se debe buscar atención médica de inmediato. La detección y el inicio tempranos del tratamiento pueden influir de manera significativa en el pronóstico y en la evolución de la enfermedad.

el neuroblastoma es un cáncer infantil complejo, cuyo manejo depende del riesgo y de la extensión de la enfermedad. La evaluación diagnóstica exhaustiva, la estadificación precisa y un plan terapéutico adaptado a cada caso permiten abordar de manera adecuada los diferentes escenarios, desde la observación en lesiones de bajo riesgo hasta regímenes multimodales intensivos en casos de alto riesgo. El seguimiento estrecho y el manejo de los efectos secundarios son componentes esenciales del cuidado integral del niño y de la familia.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.