Necrosis avascular (osteonecrosis): ¿Qué es, síntomas, causas y tratamiento?
La necrosis avascular es una condición ósea causada por la interrupción del flujo sanguíneo hacia el tejido, lo que provoca la muerte progresiva del hueso y puede deteriorar la función de una articulación. En este texto se explica qué es, cuán frecuente es, dónde suele aparecer, sus causas y factores de riesgo, cómo se diagnostica, qué tratamientos existen y qué esperar a largo plazo, junto con medidas de prevención y manejo diario.
Qué es la necrosis avascular
La necrosis avascular (NAV) ocurre cuando se bloquea o se reduce de forma significativa el suministro de sangre a una zona del hueso. Sin sangre, los tejidos no reciben oxígeno ni nutrientes necesarios para mantenerse y renovarse. En un intento normal del organismo por reparar el hueso, se produce una renovación que podría no ser suficiente cuando el aporte sanguíneo es deficiente, dando lugar a que la zona afectada se debilite, colapse y, con el tiempo, se desgaste aún más. Este proceso suele debilitar la estructura ósea y puede comprometer la articulación que sostiene ese hueso.
La NAV se entiende mejor dentro de un ciclo de remodelación ósea: el hueso se descompone y se forma nuevo tejido para mantener la integridad de la estructura. Este ciclo depende de un flujo sanguíneo adecuado que dé nutrientes y oxígeno. Si ese flujo falla, la reemplazación del hueso queda comprometida y se desencadenan cambios dolorosos y funcionales en la articulación afectada.
Frecuencia y localización
La NAV no es una condición exclusiva de un grupo particular; puede afectar a cualquier persona, pero ciertos escenarios y edades la hacen más probable. En los Estados Unidos, se estiman entre 10,000 y 20,000 casos nuevos cada año. Suele presentarse con más frecuencia en personas en sus 30s y 40s, aunque puede ocurrir a cualquier edad.
La NAV puede afectar el tejido óseo de cualquier articulación, pero la afectación más frecuente se observa en la cadera. Otras articulaciones que pueden verse afectadas incluyen:
- Tobillos
- Mandíbula
- Rodillas
- Parte superior del brazo (húmero) y hombros
Causas y factores de riesgo
Causas traumáticas
La NAV puede originarse tras eventos que dañen directamente el suministro sanguíneo al hueso. Entre las causas traumáticas se destacan:
- Fracturas óseas que comprometen el flujo sanguíneo local.
- Dislocaciones articulares que alteran la circulación en la zona afectada.
De manera habitual, las complicaciones traumáticas se asocian a lesiones que exigen atención ortopédica y pueden favorecer el desarrollo de NAV en las regiones cercanas a la lesión.
Causas no traumáticas
La NAV también puede surgir sin un evento lúcido que explique la interrupción vascular. Entre las condiciones y situaciones que no son causadas por un trauma se cuentan:
- Osteoporosis en algunas personas mayores, con casos reportados de NAV de rodilla en mujeres mayores (SPONK).
- Trastornos de la sangre, como la anemia de células falciformes.
- Diabetes.
- Tratamientos oncológicos, incluido el uso de radioterapia.
- Enfermedad de descompresión en buceadores, a veces conocida como “narcosis de buceo”.
- Infección por VIH o la presencia de lupus (lupus eritematoso sistémico).
- Trasplantes de órganos y otros estados de debilitamiento del sistema circulatorio.
Factores de estilo de vida y otros riesgos
Algunos hábitos y condiciones pueden aumentar el riesgo de desarrollar NAV o acelerar su progresión. Entre estos factores se incluyen:
- Consumo excesivo de alcohol
- Fumar
- Uso prolongado de corticosteroides, como la prednisona, especialmente en tratamientos de larga duración
Síntomas
En muchos casos, pueden pasar semanas o meses antes de que aparezcan signos clínicos claros. Los síntomas suelen evoluir con el tiempo e incluyen:
- Dolor intermitente que aparece al aplicar presión sobre la zona afectada y puede disminuir cuando se alivia la presión.
- Aumento del dolor con el tiempo, acompañado de rigidez en la articulación.
- Rango de movimiento limitado de la articulación afectada.
- Cojera si la NAV involucra la cadera o la rodilla.
- Dificultad para subir escaleras, permanecer de pie o caminar durante periodos prolongados.
Diagnóstico y pruebas
Cómo se diagnostica
El diagnóstico empieza con una valoración clínica detallada por un profesional de la salud, que revisa los antecedentes, la intensidad y el patrón del dolor y la movilidad. El examen físico busca signos de inflamación, dolor al movimiento y limitación funcional.
Pruebas de imagen y otros estudios
Para confirmar la NAV y evaluar su alcance, se suelen emplear las siguientes pruebas:
- Radiografías (frotis) para detectar fracturas, cambios en la superficie articular y signos de artritis asociada.
- Resonancia magnética (RM) para visualizar de manera detallada el estado del tejido óseo y la perfusión sanguínea, permitiendo detectar necrosis temprana y aumentar la precisión diagnóstica.
Manejo y tratamiento
En etapas tempranas o con daño limitado
Cuando el daño se restringe a porciones de hueso que no soportan peso significativo, las opciones de manejo conservador pueden ayudar a aliviar síntomas y mantener la movilidad. Las estrategias habituales incluyen:
- Aplicación de compresas frías o calor local para reducir dolor y molestias.
- Reposo relativo de la articulación afectada para disminuir la carga y favorecer la recuperación inicial.
- Uso de antiinflamatorios no esteroides (AINEs) para disminuir dolor e inflamación.
- Terapia física o rehabilitación para mejorar la tolerancia al movimiento, mantener la flexibilidad y fortalecer los músculos que rodean la articulación.
- Aparatos de ayuda para la deambulación, como bastones o muletas, para reducir el peso soportado por la articulación afectada durante la fase de recuperación.
Tratamientos para formas avanzadas
En la mayor parte de los casos, cuando el daño del hueso es progresivo o la estructura articular está comprometida, puede ser necesario recurrir a intervenciones quirúrgicas. Las opciones principales incluyen:
- Descompresión de núcleo (core decompression): el cirujano realiza perforaciones pequeñas en la región necrosada para disminuir la presión interna, mejorar el flujo sanguíneo y favorecer la regeneración. Este procedimiento puede ir acompañado de inyecciones o de injertos óseos para promover la cicatrización y la viabilidad del hueso.
- Reemplazo articular: cuando la articulación está gravemente dañada, se puede realizar un reemplazo total o parcial de la articulación afectada. En el caso de NAV de la cadera o de la rodilla, los reemplazos han mostrado altas tasas de alivio del dolor y recuperación de la movilidad, con resultados de eficacia cercanos al 95% en estos escenarios cuando corresponde a la cadera o la rodilla.
Pronóstico
¿Existe cura?
Actualmente, no existe una cura para la necrosis avascular. El objetivo del tratamiento es frenar la progresión de la enfermedad, reducir el dolor y preservar la función de la articulación tanto como sea posible. En muchos casos, con el tiempo el proceso evoluciona y se requieren intervenciones quirúrgicas significativas.
Curso a largo plazo
La NAV puede evolucionar hasta provocar una degeneración avanzada de la articulación. En numerosos casos, eventualmente se recurre a una intervención quirúrgica mayor, como el reemplazo articular, para restablecer el dolor controlable y la movilidad funcional. Existe también el riesgo de desarrollar osteoartrosis severa en la articulación afectada como consecuencia del daño óseo progresivo.
Prevención
Medidas para reducir el riesgo
Aunque no siempre es posible prevenir la NAV, algunas acciones pueden ayudar a disminuir la probabilidad de aparición o a moderar su progreso:
- Dejar de fumar y evitar el consumo excesivo de alcohol.
- Mantener niveles saludables de lípidos y control de factores de riesgo cardiovascular.
- Control de condiciones médicas subyacentes que aumentan el riesgo, como diabetes o trastornos de la sangre cuando sea posible.
- Si se requieren corticosteroides de forma crónica, hablar con el médico para ajustar la dosis y explorar alternativas cuando sea factible.
Viviendo con la NAV
Cuándo consultar de nuevo al profesional de la salud
La NAV es una condición progresiva y, por lo tanto, es importante vigilar los síntomas y la función de la articulación. Debes comunicarte con tu equipo de atención médica si observas:
- Dolor que no mejora con reposo o con analgésicos habituales
- Dolor que limita la marcha o la capacidad de movimiento
- Cojeo inexplicado o empeoramiento de la movilidad
Preguntas útiles para hacerle a tu médico
Para entender mejor tu situación y las opciones de tratamiento, considera llevar estas preguntas o solicitarlas durante la consulta:
- ¿Por qué se desarrolló mi NAV?
- ¿Qué tratamiento es el más adecuado para mi caso?
- Qué complicaciones pueden surgir con cada opción de tratamiento?
- Qué tipo de seguimiento y rehabilitación necesito después del tratamiento?
la necrosis avascular es una condición compleja que afecta principalmente a la cadera, aunque puede presentarse en otras articulaciones. Su manejo depende del grado de daño óseo y de la articulación implicada, variando entre estrategias conservadoras y opciones quirúrgicas, con el objetivo de aliviar dolor, restaurar la movilidad y mejorar la calidad de vida a largo plazo.
Vídeo sobre Necrosis avascular (osteonecrosis): ¿Qué es, síntomas, causas y tratamiento?
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.