Linfogranuloma venéreo (LGV): Síntomas y tratamiento
La linfogranuloma venérea (LGV) es una infección de transmisión sexual provocada por cepas específicas de Chlamydia trachomatis. Su curso natural suele desarrollarse en tres etapas: una fase inicial con posibles vesículas o úlceras genitales, una segunda fase de ganglios linfáticos inflamados y dolorosos en la región inguinal o pélvica, y una tercera fase que puede dejar cicatrices si no se trata adecuadamente. El tratamiento oportuno reduce el riesgo de daño linfático crónico y de complicaciones, y disminuye la probabilidad de transmisión a otras personas.
Qué es la LGV y quiénes están en riesgo
Caracterización de la infección
La LGV es una infección de transmisión sexual causada por los serovares L1, L2 y L3 de Chlamydia trachomatis. A diferencia de la forma más común de infección por C. trachomatis (serovares D-K) que provoca la clamidia típica, LGV tiene un comportamiento clínico distinto, con afectación linfática marcada que puede extenderse y complicarse si no se trata correctamente. La transmisión se produce principalmente a través de relaciones sexuales orales, anales o vaginales.
Factores de riesgo
- Personas sexualmente activas entre 15 y 40 años presentan el mayor riesgo de LGV.
- La LGV puede afectar tanto a hombres como a mujeres; sin embargo, hay más casos reportados entre hombres que tienen sexo con hombres.
- Las personas con infección por VIH están en mayor riesgo de contraer LGV y de experimentar complicaciones.
Incidencia y distribución geográfica
Frecuencia y áreas de mayor impacto
La LGV se observa con mayor frecuencia en regiones tropicales y subtropicales. En los Estados Unidos, los casos son poco comunes, pero se han comunicado brotes entre hombres que tienen sexo con hombres en Norteamérica, Europa y Australia. Por ejemplo, en 2018, 22 países europeos reportaron un total de 2 389 casos de LGV.
Síntomas y causas
Agente causal y vías de transmisión
La LGV es provocada por Chlamydia trachomatis de los serotipos L1, L2 y L3. La infección se transmite por relaciones sexuales (anales, vaginales u orales). Es importante distinguirla de la clamidia más frecuente, causada por serovares D-K, que no sigue el mismo patrón de afectación linfática.
Cuáles son los síntomas
La evolución clínica suele empezar entre 3 y 12 días tras la infección, aunque en algunas personas no aparecen síntomas durante hasta 30 días. Los signos y síntomas se describen en tres etapas distintas:
Primera etapa
- Aparición de pequeñas vesículas o úlceras (1–6 milímetros) en el pene o la vagina, que suelen ser indoloras y cicatrizan rápidamente.
- Posibles lesiones en la cavidad oral o en la garganta.
Segunda etapa
Esta fase aparece aproximadamente entre dos y seis semanas después de la primera y puede presentar:
- Linfadenopatía inguinal dolorosa (ganglios inflamados en la ingle), especialmente en hombres.
- Linfadenopatía pélvica y peri-rectal, más frecuente en mujeres, que puede provocar inflamación dolorosa alrededor del recto.
- La piel que recubre los ganglios puede romperse, generando un conducto (tracto fistuloso) que permite el drenaje de sangre o pus hacia la piel.
Con frecuencia, la LGV se acompaña de otros síntomas generales o locales, entre los que pueden figurar:
- Dolor abdominal o dolor anal
- Dolor de espalda o dolor pélvico en mujeres
- Dolor general en el cuerpo (artralgia, malestar)
- Fatiga y sensación de cansancio
- Percepción de estreñimiento o necesidad frecuente de evacuar
- Dolor al orinar y dolor al defecar
- Pérdida de peso sin explicación
- Fiebre y malestar general
- Proctitis (inflamación del recto) con dolor, sangrado, picor o secreción rectal
Segunda etapa — progresión
Si la LGV no se trata adecuadamente, pueden aparecer complicaciones en la tercera etapa, que puede durar tiempo y dejar secuelas.
Tercera etapa
- Las úlceras sanadas suelen dejar cicatrices.
- Persisten o se desarrollan conductos fistulosos.
- Pueden aparecer abscesos y fístulas anales.
- Deformidad de los genitales y estrecheza rectal (estenosis rectal).
- Disfunción del suelo pélvico y dilatación de los tejidos.
- Inflamación prolongada que puede generar hinchazón notable de los genitales.
Diagnóstico y pruebas
Cómo se llega al diagnóstico
El diagnóstico se inicia con la evaluación clínica basada en la historia de síntomas y el comportamiento sexual, seguida de un examen físico detallado. Si surge la sospecha de LGV, el equipo de salud puede solicitar pruebas específicas para confirmar la infección.
Pruebas habituales
- Análisis de sangre para buscar anticuerpos contra Chlamydia trachomatis.
- Prueba de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT), que detecta Chlamydia trachomatis en muestras obtenidas del área inguinal, rectal o de un ganglio afectado.
En la práctica, los profesionales tienden a diagnosticar a los hombres en etapas tempranas y a las mujeres en etapas más avanzadas, dependiendo de la presentación clínica y de la accesibilidad a las pruebas.
Tratamiento y manejo
Qué opciones de tratamiento existen
El tratamiento de la LGV se realiza con antibióticos como doxiciclina. la pauta habitual es 100 mg dos veces al día durante 21 días. Como alternativas, se pueden usar eritromicina o azitromicina, según la tolerancia y las indicaciones clínicas de cada caso.
Medidas complementarias
- En presencia de buboes (ganglios inguinales llenos de pus), el terapeuta puede recomendar una aspiración con aguja fina (FNA) para extraer el material y aliviar el dolor y la presión.
- Es fundamental completar el esquema antibiótico y seguir las indicaciones del profesional de salud para evitar complicaciones.
Pronóstico y posibles complicaciones a largo plazo
Qué esperar durante el curso de la enfermedad
Con tratamiento oportuno y adecuado, muchas personas pueden recuperarse por completo. Sin embargo, si la LGV se maneja de forma tardía, pueden aparecer complicaciones crónicas como:
- Fístulas anales y abscesos
- Obstrucción de los vasos linfáticos (linfedema)
- Agrandamiento o deformidad de los genitales
- Infertilidad en casos graves o repetidos
- Artritis reactiva asociada a la infección
- Estrechamiento rectal
- Elefantíasis de los genitales debido a daño linfático avanzado
las personas con LGV presentan mayor riesgo de desarrollar otras infecciones de transmisión sexual, como gonorrea, VIH, hepatitis B y C, y sífilis. Por ello, se recomienda realizar pruebas para estas infecciones y, si corresponde, recibir tratamiento adicional. Se sugiere también repetir la prueba de Chlamydia trachomatis aproximadamente a los tres meses tras finalizar el tratamiento.
Prevención
Medidas para reducir el riesgo de LGV
- Evitar conductas sexuales de alto riesgo, como mantener de forma concurrente múltiples parejas sexuales sin protección.
- Diagnosticar y tratar las infecciones de transmisión sexual cuando aparecen los síntomas o hay exposición de riesgo.
- Informar a las parejas sexuales sobre el diagnóstico, para que ellas también se examinen y, de ser necesario, reciban tratamiento. Se recomienda comunicar a las parejas con las que se ha tenido relación en los últimos 60 días antes del diagnóstico.
- Uso consistente de preservativos u otras formas de protección durante el sexo para reducir la transmisión.
Vivir con LGV y autocuidado
Qué hacer durante y después del tratamiento
Durante la fase de tratamiento activo, se recomienda abstenerse de la actividad sexual hasta haber completado el esquema terapéutico y haber obtenido la indicación médica de que ya es seguro retomar la actividad sexual. Posteriormente, es crucial practicar sexo seguro para prevenir reinfecciones y la transmisión a otras personas.
Seguimiento y vigilancia
Tras completar el tratamiento, es importante realizar un seguimiento con el/la profesional de salud. Esto incluye la realización de pruebas de control, la evaluación de la resolución de los síntomas y la prevención de posibles complicaciones a largo plazo. La atención integral también puede involucrar la evaluación de otras ITS y la educación sobre prácticas sexuales seguras.
Vídeo sobre Linfogranuloma venéreo (LGV): Síntomas y tratamiento
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.