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Leucocoria: cuando un reflejo en el ojo es motivo de preocupación

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La leucocoria es la aparición de una pupila blanca, gris, plateada o amarilla al reflejarse la luz en el ojo, en lugar del habitual reflejo rojo. Este síntoma requiere atención oftalmológica, ya que puede indicar afecciones serias dentro del ojo, especialmente en niños. Aunque es más frecuente en la infancia, también puede verse en adultos, y las causas varían desde condiciones tratables hasta procesos que requieren intervención urgente.

Qué es la leucocoria

La mirada normal cuando se ilumina el ojo con una fuente de luz produce un reflejo rojo en la pupila, conocido como el “reflejo rojo”. Este fenómeno ocurre porque la luz rebota en la retina situada en la parte posterior del ojo. Si la luz se refleja desde otra estructura o interferencia que obstruye la retina, puede aparecer una coloración blanquecina, grisácea, plateada o amarilla en la pupila. Este fenómeno se designa como leucocoria y puede indicar un problema ocular significativo que requiere evaluación médica. En algunos casos, la leucocoria se observa en imágenes fotográficas y otros casos pueden deberse a reflejos superficiales que no son lo mismo que la leucocoria verdadera. La leucocoria tiende a verse con mayor frecuencia en la infancia, aunque también puede presentarse en adultos; las causas en adultos suelen ser menos a menudo peligrosas que en los niños.

¿Es grave la leucocoria?

La presencia de una pupila blanca en una fotografía de un niño puede generar preocupación. Sin embargo, es importante entender que una única foto con un reflejo blanco no debe provocar miedo inmediato. Existen reflejos superficiales de la superficie ocular que pueden parecer leucocoria sin representar una patología real. En la leucocoria verdadera, la coloración llena total o casi toda la pupila y se observa consistentemente, no solo en un único ángulo o imagen.

Si hay inquietud de que pueda tratarse de leucocoria, es recomendable tomar imágenes adicionales desde distintas perspectivas (arriba, abajo, izquierda, derecha) para confirmar la persistencia y la extensión del reflejo. Si el reflejo blanco aparece en varias fotografías y llena la pupila, es imprescindible consultar a un pediatra o a otro profesional sanitario para una valoración oportuna. Dado que algunas causas pueden ser graves, la evaluación por un especialista en ojo es necesaria para determinar el alcance y la necesidad de tratamiento.

Causas posibles

Causas más habituales en la infancia

  • Cataratas (congénitas o pediátricas). Son la causa más frecuente de leucocoria en niños y, a la vez, una de las causas más tratables. Cuando una catarata se encuentra presente al nacimiento o se desarrolla durante la infancia, puede provocar un reflejo blanco en la pupila. En general, la catarata unilateral suele ocurrir de manera esporádica; la catarata bilateral suele asociarse a otras condiciones como ciertas síndromes o trastornos metabólicos como la galactosemia. Las cataratas infantiles requieren evaluación y, cuando corresponde, cirugía para eliminar el cristalino nublado y, si procede, implante de una lente artificial. En la mayoría de los casos, la cirugía pediátrica es similar a la realizada en adultos, con el objetivo de restaurar la visión y la transparencia óptica del ojo afectado.
  • Retinoblastoma. Es un tumor maligno de la retina. En ocasiones, los niños pueden presentar un retinoma (un crecimiento no canceroso similar) que posteriormente puede evolucionar hacia retinoblastoma. El hallazgo de leucocoria puede ser una señal de este cáncer ocular, por lo que la opinión oportuna de un especialista es crucial para confirmar el diagnóstico y establecer un plan de tratamiento adecuado.

Otras causas que representan aproximadamente el 1% de los casos infantiles

  • Desprendimiento de retina. Separación de la retina de su soporte, que puede afectar la visión.
  • Retinopatía del prematuro. Afección relacionada con el desarrollo de los vasos sanguíneos de la retina en bebés prematuros.
  • Membrana pupilar persistente. Persistencia de una membrana que no se ha reabsorbido adecuadamente al desarrollo ocular.

Otras causas menos comunes

  • Vaso ocular persistente fetal (PFV) o vítreo primario hiperplásico (PHPV).
  • Endoftalmitis. Infección intraocular grave.
  • Coloboma. Defecto congénito en la estructura del ojo.
  • Retinopatía exudativa familiar (FEVR).
  • Infecciones TORCH. Infecciones congénitas que pueden afectar el desarrollo ocular.
  • Hamartomas astrocíticos. Crecimientos benignos dentro del ojo.
  • Enfermedad de Coats. Alteración vascular que puede provocar exudación y leucocoria.

Cuidado y tratamiento

Cómo se aborda la leucocoria según la causa

El tratamiento de la leucocoria depende en gran medida de la etiología subyacente. Aunque la mayoría de las causas son tratables, algunas patologías requieren intervenciones más complejas e incluso la extirpación de parte o de todo el ojo afectado. El manejo debe ser individualizado y realizado por un equipo de especialistas en ojo pediátrico y/o retina, según corresponda a cada caso.

Cataratas

Las cataratas congénitas o pediátricas son una de las causas más comunes y, a la vez, entre las más tratables de la leucocoria. La cirugía de cataratas en la infancia suele realizarse con un enfoque similar al de adultos en cuanto a objetivos: eliminar la lente opacificada y, cuando proceda, reemplazarla por una lente intraocular artificial. El éxito de la intervención depende de la edad, el tamaño de la catarata, la permeabilidad de la vía visual y del manejo de posibles complicaciones postoperatorias. Tras la cirugía, se puede requerir rehabilitación visual y seguimiento para asegurar el desarrollo adecuado de la visión en el niño.

Retinoblastoma

El tratamiento del retinoblastoma debe ajustarse a la ubicación exacta del tumor, su tamaño y la afectación de estructuras vecinas a la retina. Las opciones terapéuticas pueden incluir quimioterapia, radioterapia, crioterapia o termoterapia, así como combinaciones de estos enfoques. La elección del plan depende de múltiples factores clínicos y de la respuesta al tratamiento, con el objetivo de preservar la vida, la visión y la función ocular cuando sea posible. En algunos casos, la cirugía o la enucleación (extirpación del ojo) puede ser necesaria si el tumor es extenso o irreversible, siempre dentro de un plan multidisciplinario que priorice la seguridad del niño.

Otras condiciones raras

Para las causas menos comunes que pueden provocar leucocoria, el tratamiento es más heterogéneo y depende de la patología específica. En muchos casos, el manejo está orientado a controlar la enfermedad ocular, mejorar la visión y prevenir complicaciones. El equipo médico proporcionará una explicación detallada de las opciones disponibles, los beneficios esperados y los posibles riesgos, para que la familia pueda tomar decisiones informadas.

Cuándo consultar al médico

La leucocoria debe evaluarse siempre por un especialista en ojos debido al riesgo de retinoblastoma. Con frecuencia, un profesional de la salud, como el pediatra del niño, puede ser el primer observador de este signo en el entorno cotidiano. Si crees ver leucocoria en una foto, intenta tomar imágenes adicionales desde distintos ángulos (superior, inferior, izquierda y derecha) para confirmar la persistencia del hallazgo. Si la leucocoria aparece en varias imágenes y llena la pupila, programa una cita con un especialista en ojos lo antes posible para una valoración adecuada. La detección temprana y la evaluación oportuna permiten determinar la necesidad de pruebas diagnósticas y el inicio de un tratamiento adecuado si fuera necesario.

Vídeo sobre Leucocoria: cuando un reflejo en el ojo es motivo de preocupación

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.