La enfermedad cardíaca en las mujeres: cómo el sexo asignado al nacer influye en tus riesgos y síntomas
La enfermedad cardiovascular (ECV) en las mujeres presenta particularidades que requieren atención específica. Factores biológicos, hormonales y sociales influyen en el modo en que se manifiesta, se detecta y se trata. Este texto ofrece una visión clara y rigurosa sobre qué es la ECV en mujeres, cómo se diferencia de la de los hombres, cuáles son los principales factores de riesgo, qué signos y síntomas deben vigilarse, qué pruebas y tratamientos pueden aplicarse y qué medidas de prevención pueden reducir de forma significativa la carga de esta enfermedad.
Qué es la enfermedad cardiovascular en mujeres
La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte a nivel mundial y también en Estados Unidos. En 2019, la ECV causó aproximadamente 1 de cada 3 muertes globales, lo que se traduce en casi 18 millones de defunciones en ese año. Este grupo de trastornos incluye la enfermedad de las arterias coronarias (comúnmente llamada “enfermedad del corazón”) y otros problemas que afectan al corazón o a los vasos sanguíneos. A menudo, la enfermedad cardíaca es la principal causa de muerte en mujeres, y la investigación ha mostrado que puede presentarse de forma silenciosa. Por ejemplo, un estudio indicó que apenas la mitad de las mujeres menores de 55 años que sufrieron un infarto pensaron que estaban en riesgo antes del evento, a pesar de tener múltiples factores de riesgo. Por ello, conocer el propio riesgo y actuar para reducirlo resulta fundamental para la salud cardiovascular de las mujeres.
Qué distingue al sistema cardiovascular en mujeres frente a hombres
Los científicos han identificado diferencias entre sexos en el sistema cardiovascular. Estas diferencias, que pueden ser complejas y apreciables a nivel microscópico, pueden influir en cómo las mujeres experimentan la enfermedad cardíaca y en la respuesta a los tratamientos. A continuación se señalan algunos ejemplos clave:
- Anatomía: las mujeres tienden a tener vasos sanguíneos y cavidades cardíacas algo más pequeñas, y las paredes de los ventrículos pueden ser más delgadas, lo que puede influir en la forma en que se desarrolla la enfermedad y en la interpretación de pruebas diagnósticas.
- Conteo sanguíneo: las mujeres suelen tener menor número de glóbulos rojos, lo que puede afectar la cantidad de oxígeno que llega a los tejidos en cada momento.
- Adaptaciones cardiovasculares: cambios en la altitud o en la posición del cuerpo —como pasar de estar acostada a ponerse de pie de golpe— pueden afectarlas de manera diferente y, en algunos casos, provocar caídas abruptas de la presión arterial.
- Hormonas: los niveles de estrógeno y progesterona suelen ser más altos en mujeres, mientras que la testosterona es más elevada en hombres. Estas hormonas pueden influir en varios aspectos de la salud cardíaca y del bienestar general.
¿Cómo sabe una mujer si tiene enfermedad del corazón?
Las mujeres tienden a desarrollar síntomas de ECV aproximadamente diez años más tarde que los hombres. Aunque las causas y la mayoría de las manifestaciones pueden ser similares entre sexos, existen diferencias relevantes especialmente en relación con el infarto de miocardio y la insuficiencia cardíaca. A continuación se detallan los aspectos más relevantes.
Síntomas de un ataque cardíaco en mujeres
El dolor o la presión en el pecho es el síntoma más frecuente de un infarto para todas las personas, pero las mujeres pueden presentar otros tipos de síntomas de forma más frecuente o incluso padecer un infarto silencioso, es decir, un infarto que pasa desapercibido como tal. En mujeres mayores de 65 años, el riesgo de morir por un infarto silencioso es mayor que en hombres de la misma edad.
- Dolor o malestar en el pecho (el más común), pero también pueden presentarse en otros lugares o no ser tan intenso.
- Dolor o malestar en la región izquierda del pecho, en la espalda, entre los omóplatos, en el cuello, la garganta, la mandíbula, los hombros o los brazos (uno o ambos).
- Otros síntomas que pueden acompañar al infarto: sensación de fatiga inusual, dificultad para respirar, mareo o desmayo, sensación de calor o rubor, indigestión, palpitaciones, hormigueo o entumecimiento en manos o dedos, náuseas o vómitos, pérdida de apetito, cambios en la visión, dolor de cabeza intenso, tos o sensación de atragantamiento.
Si se presentan alguno de estos signos, especialmente si aparecen más de uno y sin causa aparente, es crucial llamar de inmediato a emergencias. Un infarto daña el músculo cardíaco con cada minuto que pasa, por lo que la atención rápida puede marcar la diferencia entre la vida y la discapacidad temporal o permanente.
Señales de alerta temprana
Muchas mujeres experimentan señales precoces antes de un infarto, que reciben el nombre de síntomas prodrómicos. Estas señales pueden aparecer horas, días o incluso meses antes del evento. La fatiga inusual es la señal de alerta más común, pero pueden aparecer otros signos:
- Sentimiento de ansiedad o inquietud inexplicable.
- Indigestión frecuente o malestar estomacal sin explicación clara.
- Aumento de la frecuencia cardíaca o sensación de «corazón acelerado».
- Alteraciones en el pensamiento o memoria que hacen sentirse confusa o “desconectada”.
- Pérdida de apetito o capacidad para comer en la misma cantidad habitual.
- Problemas para respirar por la noche o para dormir adecuadamente.
- Hormigueo o entumecimiento en manos o dedos, dolor o molestias en el pecho, mandíbula o brazos.
- Aparición o empeoramiento de dolor de cabeza, tos persistente o sensación de atragantamiento.
Estas señales pueden ir y venir y, en ocasiones, resolverse por sí solas. Sin embargo, ante cualquier cambio inusual en el bienestar, especialmente si persiste, se debe buscar atención médica de manera rápida para descartar o tratar una posible afección cardíaca.
Falla cardíaca en mujeres
La insuficiencia cardíaca es una condición crónica en la que el corazón no bombea la sangre con la eficiencia deseada. Esto puede provocar acumulación de líquidos en el cuerpo, con síntomas como hinchazón y aumento de peso, y suele empeorar con el tiempo. Si bien afecta a hombres y mujeres, las manifestaciones y las causas pueden diferir entre sexos. Entre las cuestiones relevantes en mujeres se destacan:
- La falla diastólica (con preservación de la fracción de eyección) es más frecuente en mujeres.
- Entre las causas destacan la hipertensión arterial, la enfermedad de las válvulas del corazón, la diabetes y la enfermedad de las arterias coronarias; la hipertensión y la enfermedad de válvulas son motivos de falla cardíaca con mayor frecuencia en mujeres, mientras que la enfermedad de las arterias coronarias es la causa más habitual en hombres.
- El síndrome del corazón roto (stress cardiomyopathy) es otra causa de falla cardíaca que presenta mayor incidencia entre las mujeres.
- Las mujeres que han sufrido un infarto presentan un mayor riesgo de desarrollar insuficiencia cardíaca sintomática.
- En comparación con los hombres, las mujeres con falla cardíaca suelen reportar una menor calidad de vida y más síntomas depresivos.
Los signos y síntomas de la insuficiencia cardíaca en mujeres tienden a ser similares a los de hombres, pero se observan diferencias en su frecuencia o intensidad. Entre los signos más comunes de la falla cardíaca en mujeres se incluyen:
- Disnea o dificultad para respirar con la actividad física.
- Dificultad para realizar esfuerzos físicos o para tolerar el ejercicio.
- Edema o hinchazón en extremidades y otros tejidos.
Generalmente, las mujeres tienden a presentar los síntomas a una edad más avanzada y, con frecuencia, pueden presentar bloqueo de la rama izquierda del sistema de conducción cardíaca, lo que se asocia a un ritmo irregular y a la progresión de la enfermedad.
Factores de riesgo para la ECV en mujeres
Muchos de los factores de riesgo tradicionales de la ECV —como el colesterol alto y la presión arterial alta— afectan a todas las personas, independientemente de su sexo. Sin embargo, las diferencias entre sexos, así como la existencia de factores de riesgo y diagnósticos específicos para mujeres, hacen necesaria una evaluación matizada. A continuación se resumen los principales factores de riesgo relevantes para las mujeres.
Factores de riesgo tradicionales y específicos
- Colesterol alto: el exceso de colesterol es un factor de riesgo para todos. Un nivel bajo de HDL (colesterol “bueno”) puede presentar mayor peligrosidad en mujeres de 65 años o más que en hombres de la misma franja etaria.
- Diabetes mellitus: las mujeres con diabetes tienen una mayor probabilidad de desarrollar ECV en comparación con hombres con diabetes, estimándose un aumento notable en el riesgo relativo.
- Hipertensión arterial: las mujeres mayores de 60 años tienen más probabilidad de sufrir hipertensión y, además, tienden a tener menor control de la presión arterial. Entre las razones se destacan diferencias en las respuestas al tratamiento y mayor sensibilidad a la sal, especialmente tras la menopausia.
- Menopausia: la reducción de estrógenos tras la menopausia eleva el riesgo de coágulos sanguíneos, aterosclerosis y niveles de colesterol. La protección hormonal que aportaba el estrógeno se atenúa, aumentando la vulnerabilidad cardiovascular.
- Obesidad: el riesgo de obesidad aumenta con la menopausia y se asocia a mayor acumulación de grasa abdominal, un factor de riesgo conocido para la ECV. En Estados Unidos, una proporción significativa de mujeres presenta obesidad, y este factor puede resultar más peligroso para las mujeres en comparación con los hombres, incrementando el riesgo de enfermedad coronaria y, aproximadamente, de la ocurrencia de infarto.
- Inactividad física: la práctica de ejercicio reduce el riesgo de ECV en las mujeres de forma especialmente notable. Sin embargo, una proporción considerable de mujeres no realiza actividad física suficiente para obtener beneficios.
- Tabaquismo: el consumo de tabaco tiene un impacto mayor en el desarrollo de ECV en mujeres que en hombres que fuman, y el riesgo de infarto es significativamente mayor en mujeres fumadoras.
- Enfermedades autoinmunes: las mujeres son la mayor parte de los casos diagnosticados de enfermedades autoinmunes (como artritis reumatoide y lupus) en el país. Estas condiciones elevan considerablemente el riesgo de infarto, insuficiencia cardíaca y otros problemas cardiovasculares.
- Preeclampsia, hipertensión asociada al embarazo y otros síndromes gestacionales: la preeclampsia aumenta el riesgo de hipertensión y/o diabetes más adelante, y también eleva el riesgo de accidente cerebrovascular. Un diagnóstico de preeclampsia puede aumentar significativamente la probabilidad de mortalidad por ECV en el futuro.
- Diabetes gestacional: la diabetes gestacional eleva el riesgo de desarrollar diabetes a lo largo de la vida y aumenta el riesgo de ECV a lo largo de la vida.
- Cardiomiopatía periparto: esta condición, que debilita el músculo cardíaco alrededor del parto, puede causar complicaciones graves y, en algunos casos, muerte.
- Síndrome de ovario poliquístico (PCOS): el PCOS incrementa el riesgo cardiovascular al favorecer la aparición de factores de riesgo como diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia y apnea del sueño. Se estima que hasta 5 millones de mujeres en edad reproductiva en el país podrían estar afectadas por PCOS.
- Terapia anticonceptiva oral: el uso de la píldora anticonceptiva puede aumentar el riesgo de ECV si existen otros factores de riesgo como obesidad o tabaquismo.
Pruebas y tratamientos para la ECV en mujeres
Las pruebas diagnósticas y los tratamientos pueden presentar diferencias vinculadas al sexo. Por ejemplo, algunas mujeres pueden presentar placas más suaves o una forma de placa que no obstruye de forma evidente la arteria. En estos casos, una angiografía coronaria puede no detectar la causa de los síntomas, por lo que pueden requerirse pruebas adicionales para identificar la causa subyacente. las mujeres pueden experimentar intolerancia a ciertos fármacos—como los inhibidores de la ECA—con mayor frecuencia. Aunque las estatinas reducen los niveles de colesterol en todas las personas, algunas mujeres pueden presentar mayor probabilidad de efectos adversos; sin embargo, los efectos secundarios verdaderos siguen siendo poco frecuentes incluso en mujeres. Es crucial conversar con el profesional de salud sobre los riesgos, los síntomas, los resultados de pruebas y la respuesta a la medicación. Las diferencias de sexo no deben desviar la atención del manejo individual, que depende de la historia clínica particular y de las circunstancias personales y sociales de cada persona.
Cómo pueden las mujeres prevenir la ECV
En general, el paso más importante es conocer los propios factores de riesgo para poder intervenir y modificarlos. Cuantos más factores presentes, mayor es la probabilidad de desarrollar ECV en etapas más tempranas de la vida. Una metáfora útil es la de una rueda con varios clavos en el camino: si se cruza un clavo, el neumático puede soportar; si se cruzan varios, la posibilidad de avería aumenta. Afortunadamente, la mayoría de los casos de ECV son prevenibles, y la prevención exige un plan de acción activo y sostenido. A continuación se presentan estrategias prácticas y claves de implementación.
- Visitas médicas regulares: acude a tu profesional para revisiones anuales y para un seguimiento de tus signos vitales, historial y riesgos. Una evaluación periódica facilita detectar y corregir a tiempo cambios relevantes en la salud cardiovascular.
- Control de factores modificables: colabora con tu proveedor para gestionar la presión arterial, el colesterol y la glucosa en sangre; en algunos casos, puede ser necesario iniciar medicamentos. El objetivo es mantener valores dentro de rangos saludables para reducir el riesgo a largo plazo.
- Actividad física regular: diseña y sigue un plan de ejercicio adaptado a tus capacidades. Se recomienda progresar hacia un objetivo de 150 minutos por semana de ejercicio de intensidad moderada (por ejemplo, caminar a paso ligero). También conviene incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular varias veces a la semana.
- Eliminación o reducción de tabaco y modulación del consumo de alcohol: evitar el tabaquismo y limitar la ingesta de alcohol son medidas fundamentales para disminuir el riesgo cardiovascular.
- Plan de alimentación saludable para el corazón: adoptar una dieta equilibrada que favorezca la salud vascular y metabólica. A continuación se ofrece un marco práctico para llevarlo a la práctica.
Enfoque práctico para una dieta saludable para el corazón
- Planificar: establece objetivos dietéticos claros y busca asesoría de un profesional de la salud o de un dietista. Es útil anotar los alimentos que deseas incorporar con mayor frecuencia y aquellos que conviene reducir o eliminar.
- Elegir: selecciona recetas que te agraden y organiza las comidas de la semana. Realiza una lista de la compra y cúmplela para evitar tentaciones. Si prefieres pedir comida fuera, diseña tu propio listado de opciones saludables y limita las elecciones a esas opciones.
- Porciones: incluso los alimentos más saludables pueden ser dañinos si se consumen en cantidades excesivas. Controla las porciones para mantener un equilibrio energético adecuado.
- Disfrutar: una alimentación orientada a la salud cardiovascular debe ser placentera. Si las recetas no te agradan, busca alternativas. Pide sugerencias a amigos o familiares y recuerda que encontrar un equilibrio sostenible es más efectivo que seguir reglas rígidas a corto plazo. Consulta con tu proveedor sobre formas de disfrutar de tus alimentos favoritos con moderación.
En síntesis, la prevención de la ECV en mujeres se apoya en conocer el propio perfil de riesgo, mantener hábitos de vida saludables y construir un plan de atención personalizado con el equipo sanitario. La combinación de control de factores de riesgo modificables, actividad física regular y una alimentación equilibrada puede reducir sustancialmente la probabilidad de desarrollar enfermedad cardíaca y disminuir la severidad de la que ya se tenga si aparece.
Vídeo sobre La enfermedad cardíaca en las mujeres: cómo el sexo asignado al nacer influye en tus riesgos y síntomas
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.