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Infección fúngica (micosis): tipos, causas y tratamientos

mediquo.com

Las infecciones fúngicas, conocidas como micosis, son enfermedades causadas por hongos (levaduras o mohos) que pueden afectarnos en la piel, las uñas y, en ocasiones, otras mucosas u órganos. La mayoría de las infecciones fúngicas son superficiales y no ponen en peligro la vida, pero algunas pueden ser graves, especialmente en personas con sistemas inmunitarios debilitados. Este texto explica qué son los hongos, cómo se clasifican las infecciones fúngicas, qué síntomas pueden presentar, qué las causa, cómo se diagnostican y tratan, y qué medidas de prevención pueden ayudar a reducir el riesgo.

Panorama general y clasificación de las infecciones fúngicas

Qué son las infecciones fúngicas

Las infecciones fúngicas son trastornos provocados por hongos, que pueden ser levaduras, mohos o una combinación de ambos. Aunque existen millones de hongos en el mundo, solo una minoría causa enfermedad en las personas. Estos patógenos pueden vivir de forma natural en nuestro cuerpo (por ejemplo, en la boca, el tracto gastrointestinal o la piel) y, bajo ciertas condiciones, pueden proliferar y provocar síntomas clínicos.

Qué son los hongos

Los hongos son organismos vivos que se clasifican por separado de plantas y animales. Se desplazan al extenderse y al liberar esporas al ambiente. Muchas especies conviven de manera habitual con nuestro cuerpo sin causar daño, mientras que otras pueden crecer de forma descontrolada cuando se dan circunstancias favorables, como la humedad excesiva, roces constantes, o un sistema inmunitario debilitado.

Cómo se estiman las formas clínicas de las infecciones fúngicas

Las infecciones fúngicas se agrupan según la localización y la profundidad de la infección:

  • Superficiales o mucocutáneas, que afectan la piel, uñas y mucosas (por ejemplo, boca, garganta o vagina).
  • Subcutáneas, que se localizan debajo de la piel, a menudo tras una herida o lesión.
  • Profundas o invasivas, que afectan órganos internos como pulmones, cerebro o corazón y suelen presentarse en personas con sistemas inmunitarios debilitados.

Ejemplos de infecciones superficiales

Las infecciones superficiales abarcan diversas condiciones comunes:

  • Tiñas o dermatofitosis: un grupo de hongos que se alimentan de la queratina de la piel, uñas y cabello. Pueden afectar el pie (tinea pedis, pie de atleta), la ingle (tinea cruris), el cuero cabelludo (tinea capitis), la mano (tinea manuum), la barba (tinea barbae) y otras áreas.
  • Onicomicosis: infección de las uñas de las manos o de los pies, que suele causar decoloración, engrosamiento y grietas.
  • Candidiasis: infecciones por Candida, especialmente Candida albicans, que pueden afectar la piel y mucosas, con manifestaciones como candidiasis oral (mugre oestial) o cutánea, dermatitis del pañal, candidiasis vaginal, esofagitis y pioderma intertrigo.
  • Tinea versicolor (pitiriasis versicolor): discoloración de la piel causada por Malassezia, que provoca áreas más claras u oscuras en la piel.

Factores de riesgo y epidemiología

¿Quiénes tienen mayor riesgo?

Cualquier persona puede desarrollar una infección fúngica, especialmente aquellas que tienen áreas del cuerpo con humedad acumulada o con roce frecuente. Los factores de riesgo incluyen:

  • Circulación sanguínea deficiente o diabetes, que pueden disminuir la capacidad del cuerpo para combatir las infecciones.
  • Sistema inmunitario debilitado debido a condiciones como VIH/SIDA, cáncer o tratamientos contra el cáncer.
  • Uso de medicamentos inmunosupresores para enfermedades autoinmunes o tras trasplantes de órganos o células madre.
  • Exposición ambiental a hongos en determinadas regiones o entornos laborales, que pueden favorecer la inhalación o el contacto con esporas.

¿La infección fúngica es contagiosa?

La contagiosidad depende del tipo de infección. Algunas infecciones superficiales, como ciertas tiñas, pueden propagarse de persona a persona mediante contacto directo. Otros hongos que se inhalan desde el ambiente, o que causan infecciones profundas, no suelen contagiarse de una persona a otra de forma directa, o lo hacen con menor frecuencia. En general, las infecciones profundas son menos contagiosas entre personas sanas, pero pueden ser relevantes en contextos específicos de transmisión.

Síntomas y signos según la ubicación

Síntomas de infecciones superficiales o subcutáneas

  • Picor, dolor, enrojecimiento o una erupción en la zona afectada.
  • Uñas descoloridas, engrosadas o quebradizas.
  • Dolor al comer o al saborear en infecciones de la boca, o presencia de parches blancos en la boca o la garganta.
  • Bulto indoloro bajo la piel, que puede indicar una infección más localizada.

Síntomas de infecciones fúngicas en los pulmones

  • Tos, a veces con sangre.
  • Fatiga o debilidad general.
  • Fiebre.
  • Disnea o dificultad para respirar, sensación de falta de aire.
  • Dolores musculares y articulares, dolor de cabeza.
  • Sudores nocturnos y malestar general.

Otros síntomas según la localización

  • Infección en el cerebro o alrededor, con dolor de cabeza, fiebre, rigidez de cuello, náuseas o vómitos, sensibilidad a la luz y confusión.
  • Infección ocular: dolor, enrojecimiento, secreción, visión borrosa, llanto excesivo o sensibilidad a la luz.
  • Infección intestinal: dolor abdominal, náuseas y vómitos.
  • Infección de senos paranasales: fiebre, congestión nasal, cefalea, inflamación de la cara en un lado y dolor facial.

Qué causa las infecciones fúngicas

A grandes rasgos, qué hongos provocan estas infecciones

Las causas están asociadas a varios tipos de hongos que pueden comportarse como patógenos cuando ciertas condiciones lo permiten. Entre los más relevantes se encuentran:

  • Dermatófitos: hongos que viven sobre la queratina de la piel, uñas y cabello y no infectan tejido vivo. Son responsables de las tiñas y, a veces, de la onicomicosis.
  • Candida: un hongo levaduriforme que habita de forma normal en el cuerpo; puede proliferar y provocar candidiasis cutánea o mucosa bajo ciertas condiciones, y en casos raros infecciones más graves.
  • Hongos ambientales que residen en suelo o agua: Histoplasma, Coccidioides, Blastomyces y Aspergillus, entre otros, que pueden causar infecciones cuando se inhalan.

Formas de propagación

Las vías más habituales de contagio o infección incluyen:

  • Contacto con superficies húmedas y públicas, como duchas o vestuarios, donde los hongos pueden conservarse y transmitirse por contacto con la piel o las uñas.
  • A través de una herida o lesión cutánea que permite la entrada de hongos.
  • Inhalación de esporas o partículas fúngicas presentes en el entorno (suelo, polvo, aire), que puede llevar a infecciones pulmonares u otras afectaciones.
  • Uso prolongado de antibióticos, que puede favorecer el crecimiento descontrolado de ciertos hongos que normalmente conviven en el cuerpo.
  • Contacto directo con personas o animales infectados puede transmitir algunas dermatofitosis.

¿Son contagiosas las infecciones fúngicas?

En general, las infecciones superficiales pueden contagiarse entre personas por contacto directo, especialmente ciertas tiñas. Algunas infecciones por Pneumocystis jirovecii pueden transmitirse entre personas. Las infecciones profundas, cuando la transmisión es por inhalación de esporas ambientales o por diseminación dentro del organismo, no suelen contagiarse de persona a persona en la vida cotidiana.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se diagnostican las infecciones fúngicas

La forma de diagnóstico depende de la localización de la infección. El equipo médico puede buscar signos de hongo en muestras de tejido afectado o realizar cultivos para identificar el hongo. Las pruebas pueden incluir:

  • Muestras de piel u otros tejidos afectados para cultivo fúngico.
  • Clips de uñas para examen y cultivo.
  • Muestras de sangre cuando se sospecha una infección invasiva.
  • Esputo u otra secreción para cultivo o pruebas específicas.
  • Líquido cefalorraquídeo si se investiga infección del sistema nervioso central.
  • Orina o secreciones oculares, según la localización clínica.

Si hay sospecha de infección en pulmones, cerebro u otros órganos internos, pueden emplearse técnicas de imagen como radiografías (X-ray), resonancia magnética (MRI) o tomografías computarizadas (CT) para evaluar signos de infección y extensión.

Tratamiento y manejo

¿Cómo se tratan las infecciones fúngicas?

La mayoría de las infecciones fúngicas pueden curarse con medicamentos antifúngos. La elección del tratamiento depende de la localización y la severidad de la infección, así como de la salud general del paciente. En algunos casos, ciertos tratamientos pueden obtenerse sin prescripción, pero siempre es recomendable consultar a un profesional de la salud antes de iniciar terapia.

Medicación antifúngica: formas y opciones

  • Medicamentos orales: píldoras o cápsulas que se toman por vía oral para tratar infecciones en la piel, uñas o mucosas, y para algunas infecciones más profundas cuando es apropiado.
  • Medicación intravenosa: administración directa en la vena, realizada en entornos médicos para infecciones más graves o profundas, cuando la vía oral no es adecuada o suficiente.
  • Tratamientos tópicos: cremas, pomadas o polvos destinados a la piel, uñas o mucosas superficiales.
  • Enjuagues, pastillas para la boca o tratamientos locales: útiles para candidiasis oral o esofágica, entre otras manifestaciones mucosas.
  • Lágrimas o gotas oculares y otros preparados oftálmicos para infecciones en el ojo.
  • Champús antifúngicos para tratar infecciones del cuero cabelludo o de la piel, cuando corresponda.

La duración del tratamiento y la dosis se ajustan a la infección concreta, la respuesta al fármaco y posibles efectos secundarios. Es fundamental completar el tratamiento incluso si los síntomas mejoran antes de finalizar la pauta para evitar recaídas o resistencia.

Perspectiva y evolución de las infecciones fúngicas

Pronóstico y posibles desenlaces

El pronóstico depende de si existen condiciones subyacentes y de la ubicación de la infección. Las infecciones superficiales de piel, uñas o mucosas suelen ser de curso benigno y, con tratamiento, se resuelven. Sin embargo, las infecciones profundas pueden representar un riesgo vital, especialmente en personas con inmunidad debilitada, ya que pueden afectar pulmones, cerebro, corazón o sangre y requerir manejo intensivo.

Prevención y reducción del riesgo

Medidas para disminuir el riesgo de infecciones fúngicas

La prevención implica prácticas de higiene personal y comportamientos que reducen la exposición y la proliferación de hongos. Algunas recomendaciones clave incluyen:

  • Higiene y cuidado de la piel: ducharse después de ensuciarse o sudar mucho; evitar que las zonas húmedas permanezcan mojadas durante largos periodos.
  • Protección de superficies públicas: evitar caminar descalzo en baños públicos, duchas y vestuarios para reducir el contacto directo con hongos presentes en estos espacios.
  • Salud de las uñas y de la higiene dental: mantener uñas cortas y limpias; cuidado de la boca y dientes para reducir posibles focos de infección mucosa.
  • Uso prudente de antibióticos: utilizar antibióticos solo cuando están indicados y durante el tiempo prescrito, ya que su uso prolongado puede favorecer el crecimiento excesivo de hongos como la levadura.
  • No compartir objetos personales: evitar el uso compartido de equipo deportivo, toallas o otros objetos que pueden contagiar infecciones cutáneas.
  • Protección laboral y ambiental: usar ropa adecuada, guantes, botas, pantalones largos y camisas de manga larga al trabajar con suelo o material conteniendo hongos; en áreas de riesgo, considerar mascarilla adecuada para evitar inhalar esporas cuando las condiciones del ambiente así lo sugieren.
  • Estrategias ante condiciones ambientales: en zonas con presencia de hongos ambientales, considerar medidas de protección human, como mascarilla en situaciones de polvo o polvo de tierra; mantener ventanas cerradas durante tormentas de polvo en áreas con alta exposición.

Qué hacer para vivir con una infección fúngica

Cuándo consultar o seguir en contacto con el profesional de salud

Si aparecen síntomas de una infección fúngica, especialmente si hay afectación de los pulmones u otros órganos internos, es importante contactar a un profesional de salud para evaluación adecuada. Debe hacerse un seguimiento si se está tratando una infección fúngica y los síntomas no mejoran con la terapia indicada.

Preguntas útiles para hacer al médico

  • Qué causó la infección y qué pasos puedo tomar para evitarla en el futuro.
  • Cómo prevenir la transmisión a otras personas y qué signos deben motivar una consulta urgente.
  • Cuáles son los próximos controles y cuándo debo regresar para revisión.
  • Cómo usar el medicamento y qué efectos secundarios puede presentar.
  • Cuánto tiempo suele tardar en mejorar y qué hacer si persisten los síntomas.

Es fundamental seguir las indicaciones del equipo sanitario y no interrumpir el tratamiento a la primera mejoría, ya que las infecciones fúngicas pueden requerir un tiempo de curación variable y la adherencia mejora los resultados.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.