Implante auditivo del tronco encefálico: Qué es, colocación y procedimiento
Un implante auditivo de tronco encefálico (ABI) es un dispositivo que otorga una percepción de sonido a personas con hipoacusia profunda cuando la cóclea o el nervio auditivo no funcionan. Aunque no devuelve la audición normal, puede mejorar la conciencia sonora, la capacidad de reconocer sonidos y la lectura de labios. A lo largo de este texto se describen qué es el ABI, cómo se compone, quiénes pueden recibirlo, qué implica la cirugía, riesgos y beneficios, pronóstico y cuándo consultar al médico.
Qué es un implante auditivo de tronco encefálico
El ABI es una alternativa para aquellas personas con pérdida auditiva severa debida a la ausencia o disfunción del nervio auditivo o de la cóclea. A diferencia de los implantes cocleares, que activan el nervio auditivo en el oído interno, el ABI estimula directamente las vías auditivas en el tronco encefálico, alrededor del complejo coclear en el bulbo raquídeo. Esta tecnología permite percibir sonidos y, en ciertos casos, facilitar el desarrollo del lenguaje en niños y mejorar la comunicación en adultos.
Composición y apariencia
El ABI consta de dos componentes principales: un procesador externo y un implante interno colocado quirúrgicamente.
Procesador (externo)
- Se lleva colocado sobre la oreja o lateral de la cabeza, y contiene un micrófono que capta los sonidos del entorno.
- Convierte esos sonidos en una señal eléctrica que se envía al implante interno.
- El procesador puede retirarse para dormir.
Implante interno
- Una vez colocado quirúrgicamente, comprende un receptor-estimulador situado bajo la piel en el lateral de la cabeza y que termina en una placa de electrodos.
- La placa de electrodos se coloca sobre el núcleo coclear o complejo coclear, que constituye la superficie de las áreas auditivas en el tronco encefálico.
- Este conjunto permite que la estimulación eléctrica directa llegue a las zonas auditivas del cerebro.
Cómo funciona
Los electrodos situados en la placa de electrodos estimulan neuronas específicas en el tronco encefálico para generar sensaciones sonoras. Aunque la tecnología es similar a la de los implantes cocleares, el ABI evita el nervio auditivo y, en cambio, impulsa directamente las vías auditivas del tronco encefálico para que el cerebro perciba sonido.
Elegibilidad para un ABI
La candidatura a un ABI depende de la causa y la naturaleza de la pérdida auditiva. En general, se considera apto cuando hay hipoacusia profunda provocada por una cóclea ausente o no funcional y/o por un nervio auditivo ausente o no funcional. A continuación, se describen escenarios típicos y antecedentes relevantes:
- Personas con hipoacusia profunda debido a una cóclea ausente o no funcional y/o de un nervio auditivo ausente o dañado.
- Los primeros desarrollos del ABI se realizaron en personas con neurofibromatosis tipo 2 (NF2), una enfermedad genética raraen la que se forman tumores llamados neur/acústicos en el nervio auditivo. Tanto el tumor como su tratamiento pueden dañar de forma permanente el nervio auditivo, dejando a la persona con sordera bilateral.
- En NF2, la cirugía de extirpación tumoral puede provocar pérdida de audición; en estos casos, el ABI ha permitido a algunas personas recuperar la capacidad de percibir sonidos.
- Además de NF2, el ABI puede ser considerado en adultos, niños y lactantes que presentan pérdida auditiva severa o profunda por causas distintas, entre ellas:
- Aplasia del nervio auditivo (ausencia de desarrollo) o hipoplasia (desarrollo insuficiente) del nervio auditivo.
- Malformaciones del oído interno (cochlea) u otros problemas del desarrollo coclear, como cochlea aplasia, hipoplasia coclear y/o estructuras ausentes o mal formadas.
- Daño o interrupción del nervio auditivo por traumatismo o fracturas del hueso temporal, afectando uno o ambos oídos.
- Otras causas de sordera que no se benefician de ayudas auditivas convencionales ni de implantes cocleares.
Relación con el implante coclear
La diferencia entre un implante coclear y un ABI es significativa, aunque ambos dispositivos buscan mejorar la audición. A continuación se resumen las diferencias clave:
Implante coclear
- Uso: para personas con pérdida auditiva debida a la cóclea y con nervio auditivo funcional.
- Mecánica: evita la cóclea y estimula directamente el nervio auditivo, enviando señales al cerebro a través del nervio auditivo.
- Cirugía: suele ser de menor complejidad, con estancia ambulatoria en la mayoría de los casos.
Nota: Muchas personas que describen su pérdida auditiva como “nervio dañado” en realidad presentan afectación coclear; conviene consultar a un audiólogo o a un otorrinolaringólogo para confirmar la candidabilidad a un implante coclear antes de descartarlo.
Implante de tronco encefálico (ABI)
- Uso: para pérdida auditiva profunda debida a cóclea ausente/no funcional y/o nervio auditivo ausente/no funcional.
- Funcionamiento: estimula directamente las vías auditivas del tronco encefálico para percibir sonido.
- Cirugía: más compleja que la coclear, típicamente requiere la participación de un neurotólogo y un neurocirujano, y con frecuencia conlleva ingreso hospitalario.
Detalles del tratamiento
Qué ocurre antes de la intervención
Antes de someterse a una intervención de ABI, se realizan evaluaciones y pruebas para comprender el grado y la localización de la pérdida auditiva, así como la idoneidad del paciente para el dispositivo. Entre las pruebas habituales se incluyen:
- Evaluaciones conductuales: los audiólogos miden la capacidad auditiva con y sin ayudas auditivas para determinar el grado de recuperación posible con un ABI.
- Evaluación de la comunicación: un logopeda puede valorar el desarrollo del lenguaje y el estilo de comunicación del paciente.
- Pruebas electrofisiológicas: se realizan para evaluar la extensión y la localización de la pérdida auditiva.
- Estudios de imagen: se pueden realizar tomografías computarizadas (TC) y resonancias magnéticas (RM) para examinar la cóclea, el nervio auditivo y estructuras cercanas.
- Historial médico: se revisa la historia clínica y la evolución de la pérdida auditiva.
- Evaluación neuropsicológica: se evalúa el nivel de funcionamiento cerebral y la capacidad cognitiva general para planificar la rehabilitación.
Quién realiza la cirugía
La intervención requiere un equipo quirúrgico especializado que suele incluir:
- Neurocirujano: especialista en cirugía del cerebro que realiza la colocación de la placa de electrodos en el tronco encefálico.
- Anestesiólogo: responsable del manejo del dolor y de la seguridad durante la cirugía.
- Neurotólogo: otorrinolaringólogo con entrenamiento específico en condiciones del nervio auditivo, a veces coordinando con la cirugía neurológica.
- Electrofisiología y audiólogo: realizan pruebas intraoperatorias para garantizar el correcto funcionamiento del dispositivo y afinar la colocación de la placa de electrodos.
Cuándo se realiza la intervención
La decisión de realizar un ABI se toma cuando la pérdida de audición no es solucionable mediante otras vías. En el contexto de NF2, la cirugía de extirpación tumoral puede ir acompañada de la colocación del ABI durante el mismo proceso. En otros casos, la implantación del ABI puede requerir una intervención separada si existieran antecedentes como:
- Cirugías previas o tratamientos de irradiación para NF2 u otras condiciones.
- Malformaciones del oído interno, trauma u otras causas de sordera para las que un implante coclear no resultaría beneficioso.
Estancia hospitalaria
Después de la cirugía, la mayoría de las personas permanecen en el hospital entre dos y cuatro días. En casos particulares o cuando existen otras condiciones, la estancia puede ser más prolongada. Durante la cirugía se programa el dispositivo y la activación suele ocurrir varias semanas después.
Riesgos y beneficios del ABI
Ventajas
- Mejora la conciencia sonora y la capacidad de detectar y distinguir sonidos ambientales, lo que facilita el entorno sonoro para la persona.
- Reconocimiento de palabras y frases en algunos casos, especialmente cuando se acompaña de rehabilitación auditiva y lenguaje.
- Capacidad de leer labios y, en conjunto, una mejor comunicación cara a cara.
- La magnitud de la mejora varía entre individuos y depende de factores como la duración de la sordera, la edad al momento de la intervención y la rehabilitación posterior.
- La obtención de resultados suele ser mayor cuando los procedimientos comienzan en etapas tempranas, en particular en niños que han pasado un periodo corto de sordera.
Riesgos
El ABI es una cirugía de alta complejidad neurológica y, como con cualquier cirugía cerebral, conlleva riesgos y la posibilidad de resultados impredecibles. El equipo de atención trabajará para determinar si la intervención es adecuada para cada paciente y para maximizar beneficios:
- Riesgos asociados a la cirugía cerebral y anestesia.
- La estimulación eléctrica puede no generar sensaciones auditivas útiles en todos los casos.
- Resultados impredecibles a largo plazo según la evolución individual.
Complicaciones posibles
Entre las complicaciones que pueden presentarse se incluyen, entre otras, las siguientes:
- Fugas de líquido cefalorraquídeo.
- Fallos del implante o desplazamiento de la placa de electrodos.
- Estimulación no auditiva o discomfort en estructuras distintas a las áreas auditivas.
- Riesgo de resección incompleta de tumor u otros hallazgos intraoperatorios.
- Meningitis u otros procesos infecciosos.
- Parestesia o parálisis del nervio facial (debida a daño en estructuras cercanas).
- Infección de la herida quirúrgica.
Recuperación y perspectivas
Tiempo de recuperación
La mayoría de las personas permanecen hospitalizadas entre dos y cuatro días tras la intervención, aunque la duración puede variar según la condición específica y la complejidad de la cirugía. El equipo de atención programa el dispositivo durante la recuperación y se procede a activar la prótesis aproximadamente entre cuatro y seis semanas después de la cirugía. Durante los primeros días tras la activación, se ajusta la programación del ABI y estas configuraciones suelen revisarse mensualmente durante el primer año.
¿Restaura la audición normal?
No. Un ABI no restituyó una audición típica, pero sí puede mejorar:
- La conciencia de sonido y la capacidad para detectar sonidos básicos.
- La distinción de sonidos entre voces infantiles y adultas, o entre diferentes estímulos sonoros.
- La identificación de sonidos en el entorno (por ejemplo, ladridos de perros frente a timbres de teléfono).
- La lectura de labios, que facilita la comunicación cara a cara cuando se utiliza junto con estrategias auditivas y del lenguaje.
Resultados típicos
Los resultados de la cirugía de ABI varían según el grupo de pacientes. En general, las personas sin NF2 suelen obtener mejores resultados de audición que las personas con NF2. En niños, ya sea con NF2 o sin él, es posible que se detecten sonidos alrededor, con mejoras en el desarrollo del lenguaje. En los niños, la audición puede seguir mejorando durante los años siguientes a la intervención.
Cuándo llamar al médico
Si después de la cirugía del ABI aparece fiebre o dolor, contacte con su equipo de atención médica. El equipo vigila de cerca a los pacientes tras la intervención para prevenir complicaciones. será necesario acudir a la audiología para ajustar la programación del dispositivo tras la cirugía y realizar controles periódicos para asegurar el funcionamiento óptimo del ABI.
Vídeo sobre Implante auditivo del tronco encefálico: Qué es, colocación y procedimiento
Bibliografía
Autor
Íñigo Aranda
Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar.
Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.