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Hernia inguinal en bebés y niños: síntomas y tratamiento

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Una hernia inguinal en bebés es la protrusión de una porción de intestino a través de un orificio en la pared abdominal, localizada en la ingle. Este fenómeno ocurre cuando el conducto inguinal no se cierra por completo durante el desarrollo fetal. A continuación se explica qué es, quiénes pueden verse afectados, qué signos y causas presenta, cómo se diagnostica, cuál es su tratamiento y cuidado posoperatorio, el pronóstico, y las dudas frecuentes que suelen surgir en la crianza diaria.

Qué es y cómo se forma

La hernia inguinal se produce cuando una parte del intestino o de otro contenido abdominal empuja a través de un orificio de la pared abdominal a lo largo del conducto inguinal, que se extiende desde el abdomen hacia los genitales. Este conducto es una ruta natural por la cual descienden los testículos durante el desarrollo fetal. Normalmente, dicho conducto debe cerrarse antes del nacimiento; si no lo hace por completo, permanece una abertura por la que puede deslizarse el intestino, dando lugar al bulto característico de la hernia.

En la práctica clínica, la mayoría de las hernias inguinales en la infancia se presentan como un abultamiento visible en la ingle o en el escroto, que puede aumentar al llanto, al toser o al hacer esfuerzo. En muchos casos, el bulto sólo se aprecia cuando el niño está llorando o realizando un esfuerzo; al relajarse o dormir, el abultamiento puede desparecer o disminuir de tamaño.

Población afectada y distribución

Las hernias inguinales pueden aparecer en bebés, niños pequeños y adultos. En la infancia, son más comunes en niños menores de 6 años. Entre los recién nacidos, aproximadamente el 90% presentan la hernia en varones. las hernias inguinales son más frecuentes en bebés prematuros.

Frecuencia y riesgos

La frecuencia de las hernias inguinales en función de la población es la siguiente: ocurren en aproximadamente 1% a 5% de los niños varones a término sanos. En prematuros, la incidencia asciende notablemente y puede afectar a hasta el 30% de estos recién nacidos.

Entre los riesgos asociados a una hernia inguinal sin tratamiento, se destacan dos complicaciones serias:

  • Hernia encarcelada: cuando el contenido de la hernia queda “atrapado” y no puede reducirse de vuelta al abdomen. En este estado, el médico puede no lograr empujar la hernia de vuelta al interior del abdomen.
  • Hernia estrangulada: cuando la incarceración provoca la interrupción del suministro de sangre al intestino, lo que puede ocasionar daño tisular. Es una situación médica grave que requiere atención urgente.

Síntomas y causas

Síntomas en niños

El síntoma principal de una hernia inguinal es la presencia de un bulto visible en la ingle o en el escroto. Este bulto puede aumentarse después de llanto, esfuerzo o gestos que incrementan la presión en la zona abdominal. También puede ser intermitente: aparecer y desaparecer según la actividad o el estado de relajación del niño. Otros signos compatibles pueden incluir:

  • Molestia o dolor que mejora con el reposo.
  • Pezor de peso o presión en la ingle.
  • Aparición de hinchazón en el escroto en algunos casos.
  • Sensación de ardor o quemazón en el sitio del bulto.
  • En bebés, irritabilidad, dificultad para alimentarse o irritación general cuando el bulto se intensifica.

Si la hernia se vuelve encarcelada o estrangulada, aparecen signos de alarma que requieren atención médica de inmediato, como dolor intenso o constante, enrojecimiento o moretón en la zona, falta de apetito, fiebre, náuseas o vómitos, o heces con sangre.

Causas

La causa subyacente es la presencia de un túnel o conducto inguinal que no se cerró completamente durante el desarrollo fetal. Este defecto anatómico permite que una parte del intestino descienda hacia el canal inguinal y, en algunos casos, salga hacia la ingle o el escroto. Aunque la hernia inguinal puede presentarse en niños de cualquier sexo, es raro en niñas; cuando ocurre, puede contener estructuras del aparato reproductor, como un ovario.

Diagnóstico y pruebas

El diagnóstico de la hernia inguinal suele basarse en la exploración física realizada por el profesional de la salud. Durante la revisión, se busca un bulto en la ingle o el escroto que se haga más evidente al llanto o al esfuerzo y que pueda reducirse o desaparecer al relajarse el niño. En niños lo bastante mayores, se puede pedir que adopten una posición de pie o que tosen mientras el examinador observa el área afectada para confirmar la presencia de la hernia y su comportamiento.

La ecografía ultrasonido puede emplearse de forma poco frecuente para apoyar el diagnóstico o para evaluar estructuras en situaciones poco claras, aunque no es necesaria en todos los casos.

Tratamiento y manejo

El tratamiento definitivo de una hernia inguinal en bebés es la cirugía. La corrección quirúrgica es un procedimiento habitualmente corto, de menos de una hora, que suele realizarse en régimen de ambulatorio, permitiendo que el niño vuelva a casa el mismo día. El objetivo de la intervención es reducir el contenido herniado y cerrar el orificio del conducto inguinal para evitar recurrencias.

Antes de la cirugía

Antes del procedimiento, se administra anestesia general para que el niño permanezca dormido y no sienta dolor durante la operación. Un anestesiólogo se encarga de valorar y preparar al menor para la cirugía, asegurando que esté estable y sin dolor durante el procedimiento.

Durante la intervención

El cirujano realiza una pequeña incisión en la región inguinal. A través de esa apertura, se reubica el contenido de la hernia dentro del abdomen y se procede a cerrar el conducto inguinal para prevenir una recurrencia. Después de la reparación, se cubren las incisiones con una capa de apósitos o cintas para facilitar la curación.

Después de la cirugía

En la mayoría de los casos, el niño puede regresar a casa unas horas después de la intervención. Si el bebé nació prematuramente o presenta condiciones médicas específicas, podría requerir observación hospitalaria durante la noche. Se programará una consulta de seguimiento entre 7 y 10 días tras la cirugía para evaluar la herida, confirmar una buena recuperación y resolver dudas.

Cuidado tras la intervención

Es normal que el niño experimente dolor leve o molestias durante la etapa de recuperación. Los médicos pueden indicar medicación para el dolor adecuada para el niño.

  • Se puede realizar un baño de esponja al día siguiente de la cirugía; evitar baño en bañera durante los dos o tres días siguientes.
  • Las tiras adhesivas que cubren las incisiones suelen caerse por sí solas; no retirar manualmente. Si no se desprenden, la consulta de seguimiento puede hacerlo el equipo médico.

Pronóstico y evolución

Las hernias inguinales en bebés y niños son relativamente habituales y, una vez corregidas quirúrgicamente, la evolución es favorable en la mayoría de los casos. La cirugía es generalmente rápida y se realiza en régimen ambulatorio, por lo que el niño suele regresar a casa el mismo día y recuperarse sin complicaciones graves en la mayoría de las circunstancias.

Retorno a la alimentación y a las actividades

Una vez que el niño tolera la ingesta, puede retomar hábitos alimentarios normales; la reincorporación a actividades habituales suele ocurrir dentro de una a dos semanas, dependiendo de la evolución individual y del consejo médico.

Prevención y consejos prácticos

Si un bebé nace con un conducto inguinal que no ha cerrado, la hernia puede desarrollarse en cualquier momento. No existen medidas comprobadas para prevenir la aparición de la hernia una vez que el defecto anatómico está presente. La vigilancia clínica es importante para identificar signos de complicaciones y para planificar la intervención quirúrgica cuando corresponda.

Vida diaria tras la cirugía

Después de la reparación, es importante monitorizar posibles signos de alarma. Consulte de inmediato a un profesional si observa alguno de los siguientes síntomas:

  • Imposibilidad para orinar o menor cantidad de micciones de lo habitual.
  • Fiebre o malestar general.
  • Aumento del dolor, enrojecimiento o una hinchazón que no cede en la zona de la incisión.
  • Sangrado desde el sitio de la incisión o empeoramiento de la dolor.
  • Náuseas, vómitos o empeoramiento de la condición general del niño.

Preguntas frecuentes

Diferencia entre una hernia inguinal y una hernia umbilical

Una hernia umbilical es una protuberancia que se produce cerca del ombligo, y puede implicar que grasa o una porción de intestino empuje a través de una abertura en la pared abdominal alrededor del ombligo. En muchos casos, la hernia umbilical puede resolverse por sí sola con el tiempo. En cambio, una hernia inguinal se sitúa en la región de la ingle y, por lo general, requiere intervención quirúrgica para corregirse.

Diberencia entre hernia inguinal y hidrocele

Un hidrocele es un saco lleno de líquido en la región inguinal o escrotal y, a diferencia de una hernia, no contiene tejido intestinal. Aproximadamente el 10% de los recién nacidos varones presentan hidrocele al nacer. Si hay hidrocele, por lo general no requiere cirugía de forma inmediata a menos que sea doloroso. Las niñas no desarrollan hidroceles, pero pueden presentar otros tipos de hernias en la región inguinal.

la hernia inguinal en bebés es una condición común, tratable con cirugía rápida en la mayoría de los casos. La atención temprana ante signos de empeoramiento puede prevenir complicaciones graves, y el pronóstico tras la corrección es, en la mayoría de los casos, favorable. Si tienes dudas sobre la salud de tu hijo o sobre el manejo de una hernia inguinal, consulta con el equipo médico para recibir orientación personalizada.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.