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Drenaje biliar

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Un drenaje biliar es un tubo delgado y flexible con varios orificios situados a lo largo de sus paredes. Se utiliza cuando la bilis no drena adecuadamente desde el conducto biliar que comunica el hígado con el intestino delgado. Su objetivo es facilitar la salida de bilis hacia el intestino o hacia un reservorio externo, aliviando la acumulación en el hígado (cholestasis) y reduciendo síntomas como la ictericia y la picazón. Este esquema abarca qué es, qué tipos existen, cuándo se indica, cómo se realiza, qué sucede tras el procedimiento y qué riesgos y cuidados se deben considerar.

Definición y finalidad

Un drenaje biliar se coloca para asegurar el flujo de bilis cuando hay una obstrucción o estrechamiento de los conductos biliares. La bilis es una sustancia producida por el hígado que facilita la digestión de las grasas; cuando no puede drenar adecuadamente, la bilis se acumula en el hígado y puede provocar cholestasis y, en casos visibles, ictericia, con tonalidad amarilla de la piel y de la esclerótica (la parte blanca de los ojos), así como picor generalizado.

  • Alivio de la obstrucción: el drenaje libera el conducto biliar obstruido para restablecer el flujo hacia el intestino o hacia un dispositivo externo, dependiendo del tipo de drenaje utilizado.
  • Reducción de complicaciones: al normalizar la salida de bilis, disminuye el riesgo de infecciones del hígado y de daño hepático adicional asociado a la acumulación de bilirrubina y enzimas hepáticas.
  • Opciones de tratamiento complementarias: el drenaje puede formar parte de un plan terapéutico más amplio que incluya cirugía, quimioterapia, radioterapia u otros enfoques para las condiciones que provocan la obstrucción (tumores, cálculos biliares, inflamaciones, entre otros).

Tipos de drenaje biliar

Drenaje biliar transhepático percutáneo (PTBD)

En este método, el drenaje se coloca a través de la piel del abdomen, atravesando el hígado para acceder al conducto biliar obstruido y, finalmente, al intestino delgado (el duodeno). El drenaje se externaliza mediante un catéter que desemboca en un depósito fuera del cuerpo, aunque parte del drenaje puede irrigarse o conectarse a otros sistemas de drenaje intestinal. Este procedimiento se realiza con guía por imágenes para localizar con precisión el conducto afectado.

Drenaje biliar endoscópico (EBD)

En el drenaje biliar endoscópico, un endoscopio se introduce a través de la boca y recorrerá el tracto digestivo hasta alcanzar el conducto biliar obstruido. A través del endoscopio se introduce un catéter para liberar la obstrucción y permitir el drenaje. Este enfoque puede guiarse con imágenes durante el procedimiento, empleando técnicas como ultrasonido endoscópico (endoscopic ultrasound-guided biliary drainage) o mediante colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (ERCP).

  • Drenaje externo (endoscopic nasobiliary drainage, ENBD): el drenaje sale del cuerpo a través de una sonda que atraviesa la nariz, para coletar la bilis en un reservorio externo.
  • Drenaje interno: se coloca un stent (endoprótesis) que mantiene abierto el conducto biliar, favoreciendo la salida de bilis del hígado al intestino sin necesidad de un reservorio externo.

Ramas y opciones de drenaje durante el procedimiento

En función de la causa y de la técnica elegida, algunos pacientes pueden recibir una solución combinada o secuencial. Por ejemplo, tras una drenaje inicial, podría colocarse un stent que permita un drenaje interno continuo. En otras circunstancias, se prefiere un drenaje externo temporal para estimar y controlar la salida de bilis y reducir el riesgo de complicaciones en el conducto biliar durante el proceso de resolución de la obstrucción.

¿Por qué podría necesitar un drenaje biliar?

La razón más frecuente para requerir drenaje biliar es la obstrucción o estrechez (estreptosis) de un conducto biliar, lo que provoca cholestasis y la reducción del flujo de bilis desde el hígado hacia el intestino. Diversas condiciones pueden desencadenar esta obstrucción y, en consecuencia, la necesidad de drenaje:

  • Pancreatitis (inflamación del páncreas).
  • Cáncer pancreático.
  • Colangiocarcinoma (cáncer de los conductos biliares).
  • Cáncer de vesícula biliar.
  • Cáncer hepático.
  • Adenopatías cercanas al páncreas o al hígado que comprimen los conductos biliares (agrandamiento de ganglios por cáncer).
  • Colangitis esclerosante primaria (inflamación crónica de los conductos biliares con cicatrización).
  • Cálculos biliares dentro de la vesícula o en un conducto biliar (colelitiasis intrahepática o extrahepática).
  • Infecciones parasitarias poco comunes que pueden obstruir los conductos biliares, como Ascaris, Clonorchis sinensis y Fasciola hepatica.
  • Lesión de los conductos biliares durante una intervención quirúrgica.

Detalles del tratamiento

Qué ocurre antes del drenaje biliar

La preparación depende del tipo de drenaje y del motivo, pero, en líneas generales, se deben seguir las indicaciones del equipo sanitario. Entre las pautas habituales se incluyen las siguientes medidas:

  • Durante las horas previas, no comer, beber ni fumar al menos seis horas antes del procedimiento. En algunos casos, se permiten líquidos claros; la indicación exacta la da el equipo médico.
  • Informar de alergias, especialmente a tintes de contraste intravenosos o a anestesia. Si se colocará un stent, también se debe comunicar cualquier alergia a plásticos o metales de uso médico.
  • Proporcionar una lista actualizada de los medicamentos y suplementos que se están tomando.
  • Consultar si es necesario suspender fármacos anticoagulantes, como la aspirina o la warfarina, para disminuir el riesgo de sangrado.
  • Aconsejar al personal médico si existe o podría haber embarazo.
  • No conducir tras la intervención debido a la anestesia; planificar que alguien lo acompañe a casa.

Qué sucede durante el drenaje

Los pasos pueden variar según el tipo de drenaje y la situación clínica, pero a continuación se describen las fases típicas para cada procedimiento.

Procedimiento de drenaje biliar percutáneo (PTBD)

  1. El equipo sanitario limpia la zona abdominal con un antiséptico y aplica anestesia local para adormecer la región.
  2. Se introduce una aguja delgada a través de la piel hacia un conducto biliar en el hígado.
  3. Se inyecta un medio de contraste fluoroscópico para visualizar con claridad los conductos biliares y el hígado en la pantalla de rayos X.
  4. Una vez localizado el conducto obstruido, se coloca el drenaje biliar en la vía deseada para permitir la salida de bilis. Por lo general, el drenaje externo quedará con la extremidad saliente por la piel.
  5. El extremo externo del drenaje se conecta a un depósito fuera del abdomen para que la bilis drene hacia el exterior. Este depósito requerirá vaciado varias veces al día.

Con el paso del tiempo, podría valorarse retirar el depósito externo y/o cerrar la salida externa, encapsulando o sellando la vía de drenaje para que la bilis drene de forma interna. En tal caso, el equipo podría indicar la necesidad de enjuagar el drenaje con solución salina estéril para mantener la permeabilidad y prevenir obstrucciones.

Procedimiento de drenaje biliar endoscópico (EBD)

  1. Se administra anestesia general o sedación para permitir que el procedimiento se realice con comodidad y seguridad.
  2. Se adormece la garganta con un spray anestésico para facilitar la inserción del endoscopio sin molestias significativas.
  3. Se introduce el endoscopio a través de la boca y se avanza por el esófago y el estómago hasta alcanzar la porción inicial del intestino delgado (duodeno).
  4. Mediante el endoscopio se introduce un catéter que llega hasta el conducto biliar bloqueado para permitir el drenaje de la bilis.
  5. Si se realiza drenaje interno, se coloca un stent que mantiene abierto el conducto y favorece el paso de bilis hacia el intestino. Si se realiza drenaje externo, se establece un tubo de drenaje que discurre desde el conducto biliar hasta fuera del cuerpo, conectado a un reservorio que recoge la bilis; este depósito requerirá vaciado periódico.

Qué ocurre después de cada drenaje

La mayoría de los drenajes biliares se realizan en régimen ambulatorio, lo que significa que el paciente suele regresar a casa el mismo día o al día siguiente. Tras la intervención, se traslada a una sala de observación donde el personal vigila durante varias horas para detectar posibles efectos adversos o complicaciones.

Si se utiliza un drenaje con catéter y bolsa de drenaje, una enfermera suele enseñar al paciente o a su cuidador cómo manejar el sistema en casa: cómo vaciar la bolsa, cómo cambiar el vendaje y qué signos indicar si hay complicaciones.

Riesgos y beneficios

Riesgos y posibles complicaciones

Tanto el drenaje percutáneo como el endoscópico conllevan ventajas y posibles complicaciones. Algunas de las más frecuentes y relevantes incluyen:

  • Riesgo de que la tubo de drenaje se desprenda, se tuerza o colapse.
  • Molestias o dolor en el área de inserción.
  • Alteraciones electrolíticas debidas a la pérdida de bilis y su papel en la digestión y el equilibrio de sales y minerales.
  • Infección alrededor del sitio de drenaje; para prevenir esto, suele administrarse un antibiótico de manera preventiva en el momento de la colocación del drenaje.
  • Sangrado que podría requerir una transfusión en casos más severos.

Complicaciones específicas según la vía de drenaje:

  • PTBD: fuga de bilis alrededor del catéter dentro del cuerpo o neumotórax (aire alrededor de los pulmones) en casos raros.
  • Drenaje con stent: infecciones, sangrado, pancreatitis temprana; a largo plazo, obstrucción por aparición de tejido proliferativo o sedimentación (lodo) y migración o desplazamiento del stent.

El equipo médico discutirá con el paciente estos riesgos y describirá los signos y síntomas que deben vigilar tras el procedimiento para buscar una atención temprana ante cualquier complicación.

Recuperación y perspectivas

Cuidados y recomendaciones tras el drenaje

Si se coloca un drenaje externo, el equipo de atención sanitaria proporcionará instrucciones específicas para su cuidado domiciliario. Entre las pautas habituales se encuentran las siguientes recomendaciones:

  • Reemplazar los líquidos que se pierden a través de la bolsa de drenaje consumiendo bebidas enriquecidas con electrolitos; el profesional indicará qué bebidas y con qué frecuencia.
  • Descansar lo suficiente tras el procedimiento; idealmente, un adulto responsable debe permanecer con la persona durante la primera noche para ayudar ante cualquier necesidad.
  • Evitar dormir o estar tumbado del mismo lado donde se encuentra el drenaje para minimizar el riesgo de torsión del tubo.
  • En muchos casos, se puede retomar la actividad normal a las 24 horas de la intervención, pero se debe seguir la indicación del equipo médico.
  • Evitar levantar objetos superiores a un peso específico (normalmente 10 libras) a menos que el profesional indique lo contrario.
  • Continuar tomando la mayoría de los medicamentos prescritos, a menos que el equipo médico indique lo contrario.
  • Después de 48 horas, puede ducharse, pero no debe bañarse, nadar ni sumergirse en agua mientras el drenaje esté en su lugar.

Señales para consultar de inmediato al profesional de la salud

Es crucial comunicarse con el equipo médico o buscar atención médica urgente si se presentan signos de infección o cambios preocupantes. Debe buscarse atención si aparecen cualquiera de los siguientes síntomas:

  • Aumento de dolor, hinchazón, calor o decoloración de la piel alrededor del sitio de drenaje.
  • Secreción de pus o líquido por el sitio del drenaje.
  • Fiebre o malestar general significativo.
  • Aparición o incremento de una coloración amarillenta en la piel o en la parte blanca de los ojos.
  • Cambio repentino en el color o el olor del drenaje biliar.
  • El tubo del drenaje se suelta o se desplaza de su posición.
  • Nuevos o dolor abdominal intenso o que empeora.
  • Vómitos persistentes o la incapacidad para evacuar heces o pasar gas.

La comunicación temprana con el equipo de atención es esencial para detectar y tratar posibles complicaciones de forma oportuna y segura.

Vídeo sobre Drenaje biliar

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.