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Disecación de la arteria vertebral: síntomas y tratamiento

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La disección de la arteria vertebral es un desgarro en una o varias capas de la arteria vertebral, una vía que transporta sangre rica en oxígeno hacia el cerebro y la médula espinal. Es una causa poco frecuente de accidente cerebrovascular en personas de edad avanzada, pero es más común en adultos más jóvenes. Su presentación, diagnóstico y manejo pueden variar según la extensión del desgarro y el impacto en la circulación cerebral. En general, muchos casos sanan con tratamiento adecuado, pero requieren vigilancia para prevenir complicaciones y recurrencias.

Qué es la disección de la arteria vertebral

La arteria vertebral forma parte de la circulación posterior del cerebro y discurre por la parte posterior del cuello, junto a la columna vertebral. Cuando se produce una disección, se produce una brecha o desgarro en las capas que componen la pared arterial. Esto provoca que la sangre quede atrapada entre capas, se formen coágulos y se altere la dirección y la velocidad del flujo sanguíneo. En ocasiones, el desgarro puede dilatar la arteria, aumentando el riesgo de bloqueo o sangrado.

Anatomía relevante

La arteria vertebral tiene tres capas estructurales, que se pueden describir de forma simplificada como:

  • Intima, la capa interna más cercana al flujo sanguíneo.
  • Media, la capa media que ayuda a mantener la dirección adecuada del flujo sanguíneo.
  • Adventicia, la capa externa que aporta soporte estructural a la arteria.

Estas tres capas permiten que la arteria vertebral se adapte a cambios de presión y caudales, pero cuando se produce una disección, la interrupción de una o más capas puede generar flujo anómalo, coágulos y, en casos graves, afectación de la circulación cerebral.

Cómo puede afectar la disección a la salud

La presencia de sangre atrapada entre las capas de la arteria y/o la formación de coágulos puede interferir con el flujo sanguíneo hacia el cerebro. Esto puede ocurrir de forma localizada o propagarse a través de la vía arterial, con consecuencias importantes para el suministro sanguíneo cerebral. En las situaciones más graves, la disección puede desencadenar un accidente cerebrovascular (ACV) por dos mecanismos principales:

  1. ACV isquémico: se produce cuando un coágulo se hace lo suficientemente grande como para bloquear el flujo de sangre hacia una región del cerebro. También pueden desprenderse fragmentos de coágulo que circulan y obstruyen arterias más distales.
  2. ACV hemorrágico: ocurre cuando la disección afecta las tres capas de la arteria y la sangre se escapa de la pared arterial, provocando sangrado dentro del cerebro o en el espacio que rodea al cerebro (hemorragia subaracnoidea) o dentro del propio tejido cerebral.

Quiénes están en mayor riesgo de padecer una disección de la arteria vertebral

En algunos casos, la disección puede ocurrir sin una causa identificable. En otros, existen condiciones que aumentan la probabilidad de presentar una disección:

  • Fumar
  • Necrosis medial quística
  • Síndrome de Ehlers-Danlos
  • Displasia fibromuscular
  • Hipertensión arterial sistémica
  • Síndrome de Marfan
  • Osteogénesis imperfecta
  • Enfermedad renal poliquística
  • Vasculitis

Estas condiciones pueden afectar la resistencia y la elasticidad de las paredes vasculares, aumentando el riesgo de desgarro cuando se somete a estrés mecánico o tensión arterial.

Factores de riesgo y desencadenantes adicionales

Además de las condiciones comentadas, ciertos episodios o actividades pueden contribuir a desencadenar una disección:

  • Lesiones por trauma en el cuello o movimientos repentinamente intensos.
  • Posiciones prolongadas en las que el cuello está hiperextendido (mirar hacia arriba durante mucho tiempo).
  • Lesiones leves e incluso esfuerzos que no parecen graves pueden, en ocasiones, estar asociados con la disección cervical.

Entre las situaciones que han sido asociadas a disección cervical se incluyen:

  • Accidentes de tráfico.
  • Ajustes quiroprácticos o masajes profundos en el cuello.
  • Esforzar la nariz al sonarse con fuerza.
  • Prácticas como ciertas posturas de yoga que implican hiperextensión del cuello.
  • Trabajos que requieren mantener el cuello en posiciones extremas durante periodos prolongados, como pintar techos.
  • Resucitación cardiopulmonar (RCP).
  • Esteinulación de estornudos, náuseas o vómitos intensos.
  • Esfuerzos físicos intensos, luchas o levantamiento de pesos muy pesados.

¿Puede haber otras disecciones arteriales que lleven a un ACV?

Las disecciones de las arterias cervicales incluyen desgarros en las arterias del cuello, entre ellas la arteria vertebral y la arteria carótida. Las dos arterias carótidas se ubican a cada lado del cuello en la región anterior. Una disección en cualquiera de estas arterias puede alterar el flujo sanguíneo hacia el cerebro y contribuir al riesgo de ACV, especialmente en ciertos grupos de edad.

Riesgo de ACV asociado a la disección de la arteria vertebral

El riesgo global de ACV en el marco de una disección de arterias cervicales es relativamente bajo; estas disecciones representan alrededor del 2% de los ACV isquémicos. En la mayor parte de los casos de ACV, la causa suele ser la aterosclerosis asociada a otros factores de riesgo, como fumar, hipertensión, colesterol alto o diabetes. Sin embargo, la disección de la arteria vertebral es una causa importante de ACV en jóvenes y adultos de mediana edad. En este grupo, hasta un porcentaje significativo de ACV se deben a esta causa.

Manifestaciones clínicas: síntomas y señales

En las fases iniciales, la disección puede ser silenciosa y no presentar síntomas. Cuando hay afectación hemorrágica o flow alterado hacia el cerebro, pueden aparecer signos de un ACV. Los síntomas más habituales que pueden indicar una disección vertebral incluyen:

  • Ataxia, dificultad para mantener el equilibrio o la coordinación.
  • Mareo o sensación de giro.
  • Pérdida de audición o disminución de la audición en uno de los oídos.
  • Diplopía o visión doble.
  • Dolor de cuello, típicamente en un costado.
  • Cefalea intensa, de inicio súbito o que no cede con facilidad.
  • Disartria o dificultad para articular palabras (fala lenta o torpe).
  • Vértigo persistente.

La presencia de cualquiera de estos síntomas, especialmente si se acompaña de dolor de cuello o de severa cefalea, debe motivar una evaluación médica urgente para descartar una disección y/o un ACV.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se llega al diagnóstico

La angiografía por resonancia magnética (MRA) es la prueba diagnóstica de referencia para confirmar una disección de la arteria vertebral. Esta prueba combina la resonancia magnética con la angiografía para obtener imágenes detalladas de la arteria afectada, permitiendo identificar la presencia, la localización y la severidad de la disección y el grado de compromiso de la pared vascular.

La MRA no siempre está disponible de forma inmediata en todos los centros, por lo que en muchos casos se recurre a otras pruebas iniciales. Entre ellas, la tomografía computarizada (CT) y la angiografía por TAC (CT angiography) pueden proporcionar información rápida sobre la arteria vertebral y el estado de la circulación cerebral.

En ocasiones, se puede considerar la angiografía convencional, un procedimiento en el que se introducen catéteres a través de la muñeca o la ingle para administrar medio de contraste y obtener imágenes en tiempo real de la circulación arterial y de la extensión de la disección. Este examen ofrece evaluación directa de la anatomía vascular y puede guiar intervenciones si se requieren.

Manejo y tratamiento

Enfoque inicial y objetivo del tratamiento

La mayor parte de las disecciones vertebrales sanan por sí solas con el tiempo. El objetivo principal del tratamiento es reducir el riesgo de formación de coágulos y de ACV, manteniendo un flujo sanguíneo estable hacia el cerebro. En la mayoría de casos, se utilizan terapias antiplaquetarias o anticoagulantes para lograr este objetivo.

Las opciones de tratamiento inicial incluyen:

  • Aspirina (antiagregante plaquetario básico) para disminuir la formación de coágulos.
  • Medicamentos antiplaquetarios adicionales como clopidogrel, cuando está indicado, para reducir el riesgo de eventos embólicos.
  • Anticoagulantes como heparina en infusión o warfarina en forma de tabletas, según la situación clínica y la evaluación del riesgo. Estos fármacos se emplean para reducir la formación de coágulos de mayor tamaño en la arteria afectada.

Es importante mencionar que, en casos en los que la disección afecte al cerebro o exista una hemorragia intracraneal, la anticoagulación puede no ser adecuada y se deben considerar estrategias terapéuticas alternativas, bajo supervisión especializada.

Qué hacer si las terapias estándar no son suficientes

Cuando las estrategias iniciales no consiguen evitar la progresión de la disección o cuando hay complicaciones, pueden ser necesarias intervenciones más específicas. Estas opciones, que deben evaluarse en equipo multidisciplinario, incluyen:

  • Procedimiento endovascular de embolización: se introducen catéteres por la muñeca o la ingle para acceder a la disección y sellar la arteria anómala mediante un agente embolizante o con pequeñas espirales de metal (coils). De este modo se detiene el flujo sanguíneo a la zona disecante y se protege el flujo hacia el cerebro.
  • Angioplastia: a través de un catéter, se dilata la zona afectada con una balona para reparar la pared arterial y restablecer un flujo sanguíneo adecuado.
  • Inclusión de stents intracraneales: se colocan mediante catéteres mallas o estructuras metálicas para reforzar las paredes del vaso dentro del cerebro, especialmente en pacientes seleccionados.
  • Cuando corresponde, se puede realizar una angioplastia combinada con colocación de stents para optimizar la reparación de la arteria.
  • En casos en que no sea posible realizar intervenciones endovasculares, o cuando existan indicaciones específicas, se puede recurrir a la cirugía clásica para sellar la arteria defectuosa o para prevenir complicaciones graves.

Pronóstico y evolución

En la mayoría de las personas afectadas por una disección de la arteria vertebral, el proceso de curación es favorable y se produce una recuperación completa o casi completa con el tiempo. Sin embargo, existe un riesgo de recurrencia o de nueva disección a lo largo de la vida, que tiende a disminuir con el paso del tiempo. La vigilancia médica regular es fundamental para identificar signos de recurrencia y adaptar el tratamiento de mantenimiento si fuese necesario.

Vivir con una disección de la arteria vertebral

Seguimiento y monitoreo a largo plazo

Tras una disección vertebral, es común realizar un seguimiento estrecho para confirmar la curación y vigilar posibles recurrencias. Este control suele incluir resonancia magnética con angiografía periódica, con intervalos que pueden variar entre tres y seis meses, según la evolución clínica y las recomendaciones del equipo médico. En algunos casos, puede ser necesario continuar con tratamiento antiplaquetario o anticoagulante durante este periodo de vigilancia.

Quienes presentan un mayor riesgo de recurrencia pueden requerir un seguimiento prolongado, incluso durante varios años, para reducir la probabilidad de nuevos desgarros y detectar complicaciones en etapas tempranas.

Qué evitar y qué sí se puede hacer

La mayoría de las personas con una disección vertebral pueden realizar actividad física y mantener un estilo de vida activo, siempre y cuando se sigan ciertas precauciones y se consulten recomendaciones específicas con su equipo de salud. Entre las recomendaciones comunes se encuentran:

  • Realizar ejercicio de forma regular, pero evitar esfuerzos que impliquen cargas o movimientos que pongan en riesgo el cuello.
  • Evitar actividades que impliquen esfuerzos extremos de empuje o tracción con el cuello, como push-ups, pull-ups y otros ejercicios que demanden soporte del peso corporal con las extremidades superiores.
  • Evitar levantar objetos pesados (>25–30 libras, aproximadamente 11–14 kg) o movimientos por encima de la cabeza que exijan elevación sostenida.
  • Evitar deportes de contacto y actividades de alto riesgo como montarse en montañas rusas o practicar saltos que impliquen cambios bruscos de aceleración.
  • Emplear precauciones con manipulaciones de cuello en contextos como tratamientos quiroprácticos y masajes profundos del cuello.
  • Evitar prácticas que impliquen hiperextensión crónica del cuello, como ciertas posiciones prolongadas durante trabajos que requieren mirar hacia arriba o sostener el cuello en posición extendida durante largos periodos (por ejemplo, trabajos de pintura en techo).
  • En general, actividades que podrían provocar una contractura o traumatismo cervical deben discutirse con el equipo médico para adaptar el plan de actividad física.
  • En cuanto a posturas de plancha, la participación en yoga o pilates suele ser aceptable, pero se recomienda evitar movimientos que provoquen hiperextensión o whiplash del cuello.

En todo caso, la reducción de la intensidad, la revisión de la técnica de ejercicio y la supervisión médica son aspectos clave para garantizar que la recuperación siga su curso de forma segura. Si se presentan nuevos síntomas como dolor de cuello intenso, cefalea aguda, debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o cualquier signo de ACV, se debe buscar atención médica de inmediato.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.