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Descubre por qué hay mucho que amar de tu hígado

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El hígado es el mayor órgano interno y uno de los pocos que puede regenerarse. Desempeña funciones esenciales como filtrar la sangre, almacenar energía y producir bilis para la digestión. Existen numerosas afecciones hepáticas que pueden comprometer su función; por ello es fundamental conocer sus funciones, su ubicación y estructura, y las pautas básicas para cuidarlo y detectar problemas a tiempo.

Qué es el hígado

El hígado es un órgano vital ubicado en el lado derecho del abdomen y es responsable de procesar sustancias de la sangre, metabolizar nutrientes y generar compuestos necesarios para la digestión. Su función es amplia y, cuando se ve afectado, puede repercutir en el equilibrio metabólico general del cuerpo. Su capacidad de regeneración facilita la recuperación tras ciertos daños, siempre que la suficiente reserva funcional se mantenga.

Función y metabolismo

La mayor labor del hígado es filtrar sustancias nocivas y desechos de la sangre. Cada día, el hígado filtra más de 250 galones de sangre, lo que destaca su papel central en la limpieza del organismo y la conservación de la homeostasis. Entre otras tareas, el hígado también realiza las siguientes funciones:

  • Producción de colesterol que el cuerpo utiliza en diversas rutas metabólicas.
  • Producción de hormonas y protección de las células; participa en la síntesis de componentes necesarios para la digestión.
  • Síntesis de proteínas plasmáticas, como los factores de coagulación que controlan el sangrado y la albúmina, que regula la presión de fluidos en la sangre.
  • Regulación de la glucosa, almacenando glucógeno y liberándolo en la sangre para mantener niveles de azúcar estables.
  • Descomposición de toxinas y gérmenes para su eliminación segura por la orina y las heces.
  • Procesamiento de grasas para obtener energía; si hay exceso de grasas, estas pueden almacenarse como reserva de grasa.

Anatomía y ubicación

Ubicación

El hígado se ubica en el lado derecho de la parte superior del cuerpo, bajo las costillas y junto al estómago.

Apariencia y estructura

Se describe como un tejido esponjoso de color marrón-rojizo, de forma cuñada y tamaño similar a una pelota de fútbol, con un peso que suele oscilar entre 3 y 5 libras (aproximadamente entre 1,4 y 2,3 kilogramos).

Componentes clave

  • Lóbulos y lobulillos: el hígado está formado por dos lóbulos (derecho e izquierdo); a su vez, contienen numerosos vasos sanguíneos y miles de lobulillos, que son microunidades formadas por hepatocitos (células del hígado).
  • Venas hepáticas: vasos sanguíneos que permiten el paso de la sangre por el hígado para eliminar desechos y toxinas, que luego salen del cuerpo por la orina y las heces.
  • Conductos biliares: conductos que transportan la bilis producida por el hígado hacia el resto del sistema digestivo, principalmente hacia el intestino delgado.

Condiciones y trastornos del hígado

Qué condiciones pueden afectarlo

Existen más de 100 tipos de enfermedades hepáticas, agrupadas en distintos subtipos. Entre las más relevantes se encuentran:

  • Hepatitis alcohólica: inflamación hepática causada por un consumo excesivo de alcohol. Si es frecuente o crónico, puede progresar a cirrosis y fallo hepático.
  • Obstrucción de los conductos biliares: condiciones que bloquean el flujo de bilis pueden generar acumulación y daño hepático. Piedras en la vesícula y estenosis/bloqueos son causas comunes.
  • Trastornos metabólicos hereditarios: desórdenes genéticos que pueden provocar acumulación de productos tóxicos en la sangre; la hemocromatosis es un ejemplo.
  • Lesiones hepáticas: existen lesiones benignas, como quistes hepáticos y hemangiomas. También pueden presentarse crecimientos anormales malignos, entre ellos hepatocarcinoma, colangiocarcinoma intrahepático y hepatoblastoma.
  • Enfermedad grasa hepática: condiciones con acumulación de grasa en el hígado. Incluyen enfermedad hepática grasa relacionada con el alcohol, enfermedad grasa hepática asociada a la disfunción metabólica (MASLD) y esteatohepatitis no relacionada con el alcohol.
  • Hepatitis tóxica: inflamación causada por exposición crónica a toxinas o fármacos.
  • Hepatitis viral: infecciones virales que pueden volverse crónicas y provocar enfermedad hepática crónica, incluyendo hepatitis B y hepatitis C. Hepatitis A es una infección aguda.

Signos y síntomas comunes

En las etapas iniciales, los signos pueden ser inespecíficos. Los síntomas típicos incluyen:

  • Dolor en la parte superior del abdomen (tramo superior derecho o central).
  • Náuseas y malestar digestivo.
  • Ictericia (coloración amarillenta de la piel y los ojos).

Cuando la enfermedad progresa y la función hepática está comprometida, pueden aparecer más señales como:

  • Confusión o deterioro cognitivo leve.
  • Orina oscura y deposiciones pálidas.
  • Fatiga y malestar general.
  • Aliento con olor a moho/mal olor en algunos casos.
  • Hinchazón del abdomen o edema en las piernas.

Pruebas para evaluar la salud hepática

Los profesionales de la salud pueden emplear varias pruebas para evaluar el hígado o diagnosticar enfermedades hepáticas. Entre las pruebas más habituales se encuentran:

  • Pruebas de sangre: pruebas de función hepática que miden sustancias en la sangre producidas o procesadas por el hígado, como enzimas hepáticas, proteínas y bilirrubina. Anomalías en estos valores pueden indicar enfermedad hepática.
  • Pruebas de imagen: estudios de diagnóstico por imágenes para detectar inflamación, lesiones o cicatrices. Incluyen ecografía hepática, TAC (tomografía computarizada), exploraciones nucleares del hígado y elastografía para estimar la rigidez del hígado.
  • Biopsia hepática: cuando es necesario, se toma una pequeña muestra de tejido hepático para su análisis en laboratorio, generalmente a través de una aguja hueca.

Tratamientos y manejo

Los tratamientos varían según la enfermedad hepática específica. Las opciones incluyen medicamentos y, en algunos casos, intervención quirúrgica. El enfoque más común y crucial es reducir la carga sobre el hígado mediante cambios en la dieta y el estilo de vida. Si la enfermedad se desplaza a etapas finales, puede requerirse trasplante de hígado.

Cuidados para mantener la salud del hígado

Para conservar un hígado sano y que funcione correctamente, se pueden adoptar varias medidas en el día a día:

  • Prevención de infecciones: lavarse las manos con regularidad, vacunarse contra la hepatitis y practicar sexo seguro para disminuir el riesgo de infecciones que pueden dañar el hígado.
  • Evitar toxinas: si se consume alcohol, limitar a una o dos bebidas al día; si se usa tabaco, intentar dejarlo; usar medicamentos solo como se indica; evitar suplementos herbales innecesarios que puedan afectar al hígado.
  • Nutrición y control de peso: adoptar una dieta basada en alimentos integrales y grasas saludables, como la dieta mediterránea, y mantener un peso saludable para prevenir enfermedades hepáticas asociadas al metabolismo.

Cuándo consultar a un profesional de la salud

Los síntomas del hígado pueden ser inespecíficos y parecerse a otros cuadros. Debe buscar atención médica si persisten molestias estomacales, hay pérdida de peso no intencionada o se observa ictericia (coloración amarillenta de ojos o piel) u otros signos preocupantes:

  • Dolor o malestar que no desaparece en la parte superior del abdomen.
  • Pérdida de peso involuntaria.
  • Hemorragias o hematomas fáciles, debilidad o confusión.

Vídeo sobre Descubre por qué hay mucho que amar de tu hígado

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.