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Deficiencia de la hormona de crecimiento (GHD): Síntomas y tratamiento

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La deficiencia de hormona de crecimiento (GHD, por sus siglas en inglés) es una condición poco frecuente en la que la glándula pituitaria no libera suficiente hormona de crecimiento (GH). Puede presentarse en lactantes, niños y adultos, y en los niños suele observarse una estatura menor de lo esperado con proporciones corporales normales. La GH es responsable de estimular el crecimiento y de contribuir a la estructura y el metabolismo general, por lo que su deficiencia tiene efectos variados según la edad de inicio.

Definición y función de la hormona de crecimiento

La hormona de crecimiento (GH) actúa sobre múltiples tejidos del cuerpo para promover el crecimiento en la infancia. Es esencial para el crecimiento normal, la fortaleza muscular y ósea, y para la distribución de la grasa corporal. Aunque, una vez que las placas de crecimiento de los huesos (epífisis) se fusionan, la GH ya no aumenta la estatura, el cuerpo continúa necesitando GH para mantener la estructura corporal y el metabolismo, incluida la regulación de los niveles de glucosa en sangre.

Clasificación y criterios etiológicos

GHD congénita

La deficiencia de GH congénita está presente desde el nacimiento y puede deberse a mutaciones genéticas o a problemas estructurales en el cerebro del bebé. Entre las posibles mutaciones genéticas se destacan varios fenotipos que explican desde la talla baja al nacer hasta respuestas variables ante el tratamiento con GH sintético. En algunas variantes, la respuesta inicial a la terapia puede ser normal, pero con el tiempo pueden desarrollarse anticuerpos contra la hormona de crecimiento que limitan su efecto.

  • Tipo IA: mutación genética que provoca crecimiento fetal lento y un niño más pequeño al nacimiento; suele haber respuesta inicial al tratamiento, pero puede generar anticueros que bloquean el efecto de la GH y conducen a una estatura final muy baja.
  • Tipo IB: mutación similar a IA, pero con presencia de cierta GH natural al nacimiento y respuesta sostenida al tratamiento con GH a lo largo de la vida.
  • Tipo II: niveles muy bajos de GH con retraso del crecimiento que puede ser más o menos grave; aproximadamente la mitad de las personas presentan hipoplasia de la glándula pituitaria.
  • Tipo III: similares a la II, con crecimiento corto y posible afectación inmunitaria, predisponiendo a infecciones frecuentes.

GHD adquirida

La GHD adquirida aparece cuando se produce daño en la glándula pituitaria más adelante en la vida, afectando su capacidad para producir y liberar GH. Puede afectar tanto a niños como a adultos. Entre las causas están:

  • Adenoma pituitario (tumor benigno).
  • Radioterapia dirigida o cercana a la glándula pituitaria.
  • Lesión craneal grave o traumatismo craneoencefálico.
  • Falta de flujo sanguíneo a la glándula pituitaria.
  • Daño durante cirugía cerebral o por extirpación de un adenoma pituitario.
  • Infección del sistema nervioso central.
  • Enfermedades infiltrativas, como histiocitosis de células de Langerhans, sarcoidosis o tuberculosis.
  • Tumores del hipotálamo que comprimen la pituitaria.

GHD idiopática

En algunos casos, la causa de la deficiencia de GH no puede identificarse, y se clasifica como idiopática. En la práctica, esto significa que no se ha encontrado una explicación demostrable para la disminución de GH.

Edad de inicio y variabilidad clínica

La GHD se puede clasificar también según el momento de aparición, lo que modifica la presentación clínica y las estrategias diagnósticas. Los síntomas y el curso de la enfermedad difieren entre la infancia y la edad adulta, y influyen en el proceso diagnóstico.

Frecuencia y epidemiología

La deficiencia de GH es una condición poco frecuente. En la población infantil, se estima que alrededor de una de cada 4.000 a 10.000 personas presenta GHD. En cuanto a la forma de inicio en la edad adulta, se cifra aproximadamente en una de cada 10.000 personas. Estos rangos refuerzan la idea de que la GHD es un trastorno poco común, pero clínicamente relevante por sus efectos en el crecimiento, la composición corporal y el metabolismo.

Síntomas y signos

Manifestaciones en lactantes y niños

La presentación en la infancia se centra principalmente en el crecimiento y el desarrollo puberal. Los signos característicos incluyen:

  • Retraso o lentitud en el crecimiento: crecimiento anual menor de lo esperado, especialmente después de los tres años de edad, observándose un porcentaje de altura inferior al esperado para la edad.
  • Rostro con aspecto más joven de lo habitual para la edad.
  • Desarrollo del vello y de las uñas con menor impulso.
  • Retraso en el desarrollo dental.
  • Retraso puberal.
  • Hipoglucemia en lactantes y menores de edad.
  • En varones, micropene en el recién nacido (micropene).

Manifestaciones en adultos

En la edad adulta, los síntomas pueden ser más sutiles y, a veces, difíciles de detectar. Entre ellos se destacan:

  • Disminución del bienestar general y sensación de mala calidad de vida.
  • Ansiedad y/o depresión.
  • Disminución de la energía y la vitalidad.
  • Aumento de la grasa corporal, especialmente en la zona abdominal.
  • Pérdida de tono muscular y menor masa muscular.
  • Disminución de la densidad ósea, con mayor riesgo de osteoporosis.
  • Resistencia a la insulina, que puede favorecer diabetes tipo 2.
  • Aumento de LDL-colesterol y de triglicéridos, elevando el riesgo de enfermedad cardíaca.

Diagnóstico y pruebas

En niños: cómo se establece el diagnóstico

El diagnóstico en la infancia se apoya en la revisión detallada de la historia clínica, el rendimiento de crecimiento y la observación de factores de riesgo o condiciones que afecten el crecimiento. Aunque medir la GH en sangre a lo largo del día no es concluyente por su variabilidad, se utilizan pruebas específicas para confirmar la deficiencia y descartar otras condiciones que afectan el crecimiento.

  • Historia clínica y curvas de crecimiento: revisión de antecedentes y de la evolución de la estatura en comparación con la de los compañeros.
  • Pruebas de laboratorio para descartar otros trastornos que afecten el crecimiento, como hipotiroidismo, pubertad retardada, enfermedad celíaca o desnutrición.
  • Pruebas de estímulo de GH: la prueba principal para diagnosticar GHD consiste en administrar fármacos que estimulan la liberación de GH y medir las concentraciones de GH en sangre tras la estimulación. Si las concentraciones no aumentan como se espera, ello sugiere deficiencia de GH.
  • Radiografías: una radiografía de la mano puede ayudar a estimar la edad ósea y el potencial de crecimiento.
  • Pruebas séricas de IGF-1 e IGFBP-3: estas pruebas ayudan a descartar otras condiciones y pueden respaldar el diagnóstico.
  • Resonancia magnética (RM) de la cabeza: para evaluar la pituitaria y posibles anomalías estructurales que expliquen la deficiencia (causa subyacente).

En adultos: enfoque diagnóstico

En adultos, el diagnóstico suele ser más desafiante por la menor especificidad de los síntomas. Una de las pruebas más utilizadas es la prueba de tolerancia a la insulina, que evalúa la capacidad de la GH para responder a la hipoglucemia inducida. Se administra insulina para provocar una bajada de glucosa y se miden las concentraciones de GH en sangre; niveles inusualmente bajos confirman la GHD.

  • Prueba de tolerancia a la glucosa o de insulina (insulin tolerance test).
  • Prueba de estimulación con glucagón.
  • Prueba de estimulación con macimorelin.
  • Pruebas de estimulación con arginina.
  • Prueba de estimulación con clonidina.

Tratamiento y manejo

Tratamiento fundamental

El tratamiento principal de la deficiencia de GH en niños y adultos consiste en la administración de hormona de crecimiento recombinante mediante inyecciones diarias en casa. Este tratamiento es de largo plazo y, con frecuencia, se aplica durante varios años. Es fundamental la supervisión regular por parte del profesional de salud para ajustar la dosis y maximizar la respuesta terapéutica.

Tratamiento de otras deficiencias de la hipófisis

Si el paciente presenta deficiencias en otras hormonas producidas por la hipófisis, también será necesario tratar esas deficiencias para optimizar la salud general.

Efectos adversos y consideraciones

Los efectos secundarios del tratamiento con GH suelen ser leves o moderados y no son comunes. Entre ellos se incluyen:

  • Dolores de cabeza.
  • Dolor muscular o articular.
  • Hipotiroidismo leve (disminución leve de la función tiroidea).
  • Edema en manos o pies.
  • Progresión de la escoliosis en algunos casos.

Entre los efectos graves y poco frecuentes se destacan:

  • Dolor de cabeza intenso con alteraciones visuales.
  • Displasia de cadera (displasia de la cadera).
  • Pancreatitis.

Si se presentan alguno de estos síntomas, es crucial consultar al profesional de salud para ajustar la dosis o reevaluar el plan terapéutico.

Pronóstico y posibles complicaciones

Perspectivas para niños

Cuanto antes se inicie el tratamiento de GHD en la infancia, mayor es la probabilidad de que el niño alcance una estatura cercana a la normalidad en la adultez. Con frecuencia, los niños pueden experimentar un incremento de estatura significativo durante el primer año de tratamiento y continuar ganando centímetros adicionales en los años siguientes, con una reducción progresiva de la velocidad de crecimiento a medida que avanza el tratamiento.

Perspectivas para adultos y complicaciones a largo plazo

En adultos con GHD de inicio en la edad adulta, el pronóstico es generalmente favorable si el tratamiento se administra adecuadamente. No obstante, puede haber un mayor riesgo de ciertas complicaciones a largo plazo, incluso con tratamiento. En particular, el riesgo cardiovascular y de accidente cerebrovascular puede verse aumentado. Adoptar hábitos de vida saludables, como una alimentación equilibrada y ejercicio regular, ayuda a mitigar este riesgo.

los adultos con GHD presentan una mayor probabilidad de desarrollar osteoporosis, lo que eleva el riesgo de fracturas ante traumatismos o caídas menores. Una dieta rica en calcio y la suplementación de vitamina D, cuando lo indique el médico, forman parte de las medidas preventivas.

Prevención y factores de riesgo

Factores de riesgo para GHD adquirida

Aunque la mayor parte de los casos de GHD no se pueden prevenir, ciertos factores aumentan la probabilidad de desarrollar una forma adquirida de la enfermedad. Entre ellos se incluyen:

  • Tratamiento oncológico (quimioterapia o radioterapia) antes de alcanzar la estatura adulta.
  • Radiación para o cerca de la glándula pituitaria.
  • Radiación total del cuerpo.
  • Cirugía cerebral, especialmente en la región central donde se ubica la pituitaria.

Si alguno de estos factores de riesgo aplica a una persona, es importante discutir con el profesional de salud las señales de alerta de GHD y la necesidad de vigilancia clínica y endocrinológica.

Vida diaria y seguimiento

Cuándo consultar y cómo coordinar el manejo

Si un niño presenta un ritmo de crecimiento más lento de lo esperado o si un adulto experimenta síntomas compatibles con GHD, es razonable consultar a un endocrinólogo pediátrico o un médico de adultos especializado en hormonas. El diagnóstico preciso y el manejo adecuado requieren evaluaciones periódicas y ajustes del tratamiento. Una vez diagnosticado, se recomienda un seguimiento regular para verificar la eficacia de la terapia y adaptar dosis para optimizar los resultados.

En cualquier caso, la GHD suele requerir un compromiso a largo plazo con la atención médica y la adherencia al plan de tratamiento para maximizar la calidad de vida y reducir posibles complicaciones metabólicas y óseas.

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Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.