Vidaliax VIDALIAX

Cardiotoxicidad: daño cardíaco causado por el tratamiento del cáncer

static.elsevier.es

La cardiotoxicidad es el daño al corazón provocado por ciertos tratamientos contra el cáncer. Este daño puede desarrollarse años después de haber recibido la terapia y es más probable en personas expuestas a fármacos específicos o a radiación en la región del tórax. La detección temprana y un manejo adecuado permiten conservar la función cardíaca y disminuir el riesgo de complicaciones graves a largo plazo.

Qué es la cardiotoxicidad

La cardiotoxicidad se refiere a un deterioro de la función cardíaca causado por tratamientos oncológicos. Puede afectar la capacidad del corazón para bombear sangre de forma eficiente y, en casos avanzados, provocar una cardiomiopatía, que es una enfermedad del músculo cardíaco que complica la labor de bombeo. Este daño no siempre se manifiesta de inmediato y puede permanecer estable durante años, reaparecer o empeorar con el tiempo, dependiendo del tipo de tratamiento recibido.

¿Quiénes pueden verse afectados?

La cardiotoxicidad puede presentarse en cualquier persona que haya recibido tratamiento para el cáncer. Es más probable en aquellos que han recibido fármacos específicos o radiación en el tórax. También es relativamente común en adultos que fueron tratados durante la infancia. Aunque no se conoce con exactitud la incidencia exacta en todas las poblaciones, algunas estimaciones señalan que:

  • hasta un 20% de quienes recibieron tratamiento oncológico en la infancia y luego son adultos pueden desarrollar algún problema cardíaco;
  • aproximadamente entre 7% y 10% podría evolucionar hacia cardiomiopatía o insuficiencia cardíaca.

Cómo puede afectar al cuerpo

La cardiotoxicidad puede provocar diversas afecciones cardíacas, entre las que se enumeran a continuación las más relevantes. Estas condiciones pueden aparecer de forma aislada o coexistir en un mismo individuo:

  • Cardiomiopatía (alteración del músculo cardíaco que reduce la capacidad de bombeo).
  • Infarto de miocardio o dolor torácico asociado a daño en las arterias coronarias.
  • Enfermedad de las arterias coronarias que reduce el flujo sanguíneo al corazón.
  • Insuficiencia cardíaca con dificultad para mantener un gasto cardíaco adecuado.
  • Enfermedad de las válvulas cardíacas que puede alterar el cierre o apertura de las válvulas.
  • Arritmias o ritmos cardíacos irregulares.
  • Acumulación de líquido alrededor del corazón (derrame pericárdico) u otros signos de congestión.
  • Presión arterial alta o baja que puede acompañar el trastorno hemodinámico.
  • Bradicardia o ritmos lentos del corazón.
  • Engrosamiento o inflamación del recubrimiento del corazón (pericarditis constrictiva), que puede limitar el llenado adecuado del ventrículo.

Síntomas y causas

Síntomas que pueden indicar cardiotoxicidad

Los signos de problemas cardíacos relacionados con la cardiotoxicidad pueden ser variados y a veces inespecíficos. Entre los síntomas más comunes se encuentran:

  • Distensión abdominal o abdomen hinchado.
  • Dolor o presión en el pecho.
  • Mareos o sensación de aturdimiento.
  • Palpitaciones o latidos irregulares.
  • Disnea o dificultad para respirar, especialmente al realizar esfuerzos.
  • Edemas o hinchazón en las piernas y tobillos debido a la retención de fluidos.

Factores que provocan la cardiotoxicidad

La cardiotoxicidad puede ser causada por distintos tratamientos oncológicos, entre los más estudiados se encuentran:

  • Antraciclinas, como la doxiciclina (también conocida como doxorobicina, comumente empleada para leucemias, linfomas, cáncer de mama, sarcoma o mieloma múltiple). Este grupo de fármacos es uno de los más asociadas con daño al músculo cardíaco.
  • Trastuzumab (medicación dirigida, usada en el tratamiento de cáncer de mama, cáncer gástrico o cáncer en la unión gastroesofágica). Este fármaco eleva el riesgo de cardiomiopatía cuando se emplea en combinación con una antraciclina.
  • Radioterapia a nivel torácico, a menudo utilizada para tratar cáncer de mama o leucemias, que puede afectar el corazón de forma directa o por inflamación crónica de las estructuras cercanas.

Diagnóstico y pruebas

El diagnóstico de cardiotoxicidad se basa en evaluar la función de bombeo del corazón y la integridad de sus válvulas. Se emplean varias pruebas para estimar cuánta sangre se expulsa por el ventrículo izquierdo en cada contracción y para observar la estructura y el flujo sanguíneo en el corazón.

  • Ecocardiograma: es la herramienta de imagen más utilizada para detectar cardiotoxicidad. Utiliza ultrasonido para visualizar el ritmo cardíaco, el tamaño de las cavidades y el flujo sanguíneo a través de las válvulas y las cavidades ventriculares.
  • Resonancia magnética cardíaca (RM cardíaca): muchos expertos la consideran la estándar de oro para detectar cardiotoxicidad, ya que ofrece imágenes detalladas del músculo y de la función cardíaca sin irradiación. Se utiliza para evaluar estructuras, movimientos y flujo de sangre.
  • Prueba de esfuerzo cardíaco: evalúa la respuesta del corazón ante el ejercicio, verificando la tolerancia al esfuerzo, la frecuencia cardíaca y la presión arterial durante actividad física para identificar cambios anómalos.
  • Gated MUGA (multigated acquisition): utiliza un trazador radiactivo seguro para valorar la función de los ventrículos y calcular la fracción de eyección.
  • Tomografía computarizada cardíaca (TC cardíaca): proporciona imágenes detalladas del corazón y puede ser especialmente útil para evaluar efectos de la radiación en el área torácica.

Un parámetro clave es la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (LVEF, por sus siglas en inglés), que mide cuánta sangre se expulsa del ventrículo izquierdo con cada contracción. Una reducción sostenida de la LVEF puede indicar deterioro de la función cardíaca y justificar ajustes en el tratamiento oncológico o en el manejo cardíaco.

Tratamiento y manejo

El manejo de la cardiotoxicidad suele ser individualizado y depende de la etapa de la enfermedad, de los síntomas y de la terapia oncológica que se esté recibiendo. En general, el objetivo es proteger la función cardíaca, aliviar los síntomas y, cuando sea posible, mantener la eficacia del tratamiento contra el cáncer.

  • En algunas situaciones, el médico puede interrumpir o reducir la dosis de ciertos fármacos oncológicos para evitar un mayor daño al corazón.
  • Se pueden utilizar fármacos para mejorar la función cardíaca y la perfusión, entre los que se encuentran:
  • Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ACE inhibitors) para ampliar las arterias y mejorar el flujo sanguíneo. Ejemplos incluyen lisinopril y fosinopril.
  • Betabloqueantes para reducir la demanda de oxígeno del corazón y disminuir la frecuencia cardíaca. Ejemplos incluyen metoprolol y atenolol.
  • Digoxina (digitalis) para ayudar al corazón a latir de manera más eficiente y a controlar la frecuencia.
  • \n
  • Diuréticos para eliminar el exceso de líquidos y reducir la congestión. Un ejemplo es la furosemida.
  • Vasodilatadores para ensanchar los vasos sanguíneos y facilitar la circulación, como el isosorbide dinitrato.

La selección de fármacos y las decisiones sobre el tratamiento deben realizarse por un equipo de atención médica que combine experiencia oncológica y cardiaca, ya que la interacción entre tratamientos puede influir tanto en la respuesta al cáncer como en la salud cardíaca.

Pronóstico y reversibilidad

La cardiotoxicidad puede ser reversible en algunos casos, pero no siempre. En particular, la cardiotoxicidad inducida por trastuzumab ha mostrado reversibilidad en ciertos escenarios. En cambio, la cardiotoxicidad causada por antraciclinas suele ser poco reversible y puede requerir manejo a largo plazo. La cardiotoxicidad relacionada con la radiación torácica también es a menudo difícil de revertir y puede necesitar tratamiento prolongado, con posibles opciones que incluyan intervención quirúrgica en casos complejos.

Prevención y vigilancia

No existe una estrategia única que garantice la prevención absoluta de la cardiotoxicidad. Sin embargo, es fundamental discutir con el equipo oncológico los riesgos y beneficios de cada tratamiento para cada paciente. La vigilancia cardíaca durante el tratamiento del cáncer es clave: realizar pruebas cardíacas regulares permite detectar cambios tempranos en la función del corazón y ajustar el plan terapéutico antes de que aparezcan síntomas graves.

Vida diaria y cuándo consultar

Es importante saber cuándo acudir a atención médica ante signos que podrían indicar complicaciones cardíacas graves. Debes buscar atención de emergencia si experimentas alguno de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones persistentes o sensación de que el corazón late demasiado rápido.
  • Mareos o desmayo súbito.
  • Disnea que empeora rápidamente o dolor torácico intenso.
  • Hinchazón inusual en áreas de la cara, garganta o labios (edema angioneurótico) o en las extremidades.
  • Aumento de peso rápido o notable en pocos días (p. ej., >3 libras en una semana).
  • Calambres, hinchazón severa o dolor en las piernas que sugieran deterioro circulatorio.

si durante el tratamiento oncológico o en los meses/años siguientes nota síntomas nuevos o empeoramiento de la capacidad para realizar actividades habituales, debe comunicarse de inmediato con su equipo de atención médica para una evaluación adecuada.

Vídeo sobre Cardiotoxicidad: daño cardíaco causado por el tratamiento del cáncer

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.