Vidaliax VIDALIAX

Carcinoma de células renales: Síntomas, Tratamiento y Pronóstico

nci-media.cancer.gov

El carcinoma de células renales (CCR) es el tipo más frecuente de cáncer que se origina en el riñón. Surge en los túbulos renales, estructuras que, junto con otros componentes, filtran la sangre para eliminar residuos y conservar el agua y los nutrientes necesarios. El CCR representa hasta el 85% de los cánceres renales y puede presentarse de forma localizada en un riñón o convertirse en una enfermedad avanzada si se disemina a otras partes del cuerpo. Este artículo describe qué es, sus tipos principales, factores de riesgo, diagnóstico, opciones de tratamiento, pronóstico y vida diaria para las personas afectadas.

Qué es el carcinoma de células renales

El CCR suele iniciarse como una única masa de células tumorales dentro de un riñón, aunque en algunas personas puede haber múltiples tumores en uno o en ambos riñones. Las células tumorales se agrupan de distintas maneras y, en función de estas características, se clasifican en varios subtipos que pueden influir en el manejo y el pronóstico.

Tipos principales del CCR

Carcinoma de células claras (ccRCC)

El carcinoma de células claras es el subtipo más frecuente, representando hasta el 85% de los CCR. Debe su nombre al aspecto claro de las células cuando se observa al microscopio. Este subtipo se presenta con menos frecuencia bajo otras características morfológicas, pero suele ser el razonamiento habitual cuando se diagnostica CCR sin especificar otro subtipo.

Carcinoma renal papilar

El carcinoma renal papilar representa entre el 10% y el 15% de los CCR. Se llama así por las proyecciones en forma de papilas visibles en la mayoría de los tumores de este tipo. Su comportamiento clínico y respuestas a ciertos tratamientos pueden diferir de otros subtipos.

Carcinoma cromófobo renal

El carcinoma cromófobo renal comprende entre el 5% y el 10% de los CCR. Sus células suelen ser de color claro, similares a las del ccRCC, pero con características grandes y distintas que permiten diferenciarlas al microscopio.

CCR no clasificado

Hasta un 6% de los CCR no encaja claramente en los subtipos anteriores. Con los avances en la clasificación, cada vez se identifican mejor grupos de CCR no definidos, basados en rasgos microscópicos y en la información del ADN de las células tumorales.

Notas sobre la clasificación

La clasificación de los CCR se realiza para orientar el tratamiento y prever la respuesta a determinadas terapias. En algunos casos, el plan terapéutico se ajusta con base en la morfología de las células y en hallazgos moleculares específicos cuando son relevantes para la elección de tratamiento.

Frecuencia y epidemiología

En Estados Unidos se diagnostican aproximadamente 80,000 casos nuevos de CCR cada año y a nivel mundial se estiman alrededor de 400,000 casos. Aunque puede afectar a cualquier persona, es más común en hombres y en personas de entre 60 y 80 años.

Síntomas y causas

Síntomas

Muchas personas no presentan síntomas en las etapas tempranas. Cuando aparecen, suelen reflejar cómo el crecimiento tumoral afecta a tejidos u órganos cercanos. Los síntomas más comunes incluyen:

  • Sangre en la orina (hematuria).
  • Dolor en el flanco (lado del cuerpo entre las caderas y las costillas).
  • Una masa palpable o bulto en el abdomen, la espalda baja o el flanco.
  • Fiebre.
  • Sudoración nocturna.
  • Pérdida de peso inexplicada.

algunas personas pueden experimentar signos de anemia, como dificultad para respirar o fatiga. En algunos casos, pueden presentarse síndromes paraneoplásicos, en los que el tumor libera sustancias, como hormonas, que producen cambios en el cuerpo.

Causas y factores de riesgo

El CCR se desarrolla cuando las células de los túbulos renales se multiplican de forma descontrolada. Las causas exactas no se conocen plenamente, pero se han identificado varios factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de desarrollar la enfermedad.

Factores de riesgo

  • Tabaquismo (cuanto más fuma, mayor es el riesgo).
  • Obesidad (índice de masa corporal más alto, mayor riesgo).
  • Hipertensión arterial.
  • Enfermedad renal crónica, que puede incluir diálisis de larga duración.
  • Infección crónica por hepatitis C.
  • Uso prolongado de ciertos analgésicos, incluidos AINEs y paracetamol.
  • Radiación previa dirigida al abdomen.
  • Exposición a carcinógenos como cadmio y asbestos.
  • Enfermedades genéticas, como dreis de células rojas (en particular la enfermedad de células falciformes) asociadas a formas raras de CCR.
  • Historia familiar de cáncer de riñón.
  • Mutaciones genéticas que alteran el ADN de las células.
  • Síndrome de esclerosis tuberosa.
  • Enfermedad de Von Hippel-Lindau (VHL).

Si existe una condición de riesgo o antecedentes familiares, el equipo sanitario puede recomendar revisiones regulares para detectar tumores en etapas tempranas.

Diagnóstico y pruebas

Cómo se diagnostica

Aproximadamente el 25% de las personas con CCR no recibe un diagnóstico hasta que la enfermedad está más avanzada, generalmente cuando aparecen síntomas. En la actualidad, es frecuente detectar tumores de forma incidental durante pruebas de imagen no relacionadas, lo que facilita el tratamiento en fases tempranas cuando la enfermedad responde mejor. Durante la evaluación, la confirmación mediante biopsia no siempre resulta necesaria ni razonable debido a ciertos riesgos que puede implicar.

Pruebas y pruebas diagnósticas

Los profesionales utilizan pruebas de imagen para identificar tumores y planificar el tratamiento. Las pruebas más comunes son:

  • Ecografía (ultrasonido): emplea ondas sonoras para generar imágenes y ayuda a distinguir entre quistes (contenido líquido) y tumores sólidos (más compatibles con cáncer).
  • Tomografía computarizada (TC): crea imágenes detalladas del interior del cuerpo. Suele hacerse una exploración antes y después de administrar un medio de contraste por vía intravenosa, que se distribuye hacia el tumor y lo muestra con mayor claridad.
  • Imagen por resonancia magnética (IRM): utiliza un imán y ondas de radio para obtener imágenes detalladas. Puede emplearse cuando la TC no es adecuada (por ejemplo, por alergia al contraste) o cuando los resultados de ecografía y TC son inconclusos.

Una biopsia, que consiste en extraer una muestra de tejido tumoral para analizarla al microscopio, no es de uso rutinario en todos los casos de CCR. En muchos escenarios, la biopsia entraña riesgos de daño renal y, en cambio, el diagnóstico y la clasificación por el equipo se obtienen tras la resección completa del tumor durante la cirugía. Si hay indicios de diseminación tumoral, pueden tomar muestras de otros lugares para su análisis cuando sea necesario.

Estadificación del CCR

La estadificación ayuda a definir el grado de avance de la enfermedad y a planificar el tratamiento. Se utiliza el sistema TNM (tumor, linfáticos y metástasis) y se asigna una etapa del I al IV. En general:

  • Etapa I: tumor <7 cm y confinado dentro del riñón.
  • Etapa II: tumor >7 cm y confinado dentro del riñón.
  • Etapa III: el tumor puede ser de cualquier tamaño y se ha extendido a estructuras cercanas al riñón.
  • Etapa IV: el cáncer se ha diseminado fuera del riñón a otros órganos o a ganglios linfáticos.

La propagación suele ocurrir primero hacia ganglios linfáticos, pulmones, huesos, hígado y cerebro. También puede extenderse a los ovarios o testículos.

Tratamiento y manejo

Tratamiento del CCR localizado

El tratamiento depende de varios factores, entre ellos el estadio de la enfermedad y la salud general del paciente. El CCR localizado, que permanece dentro del riñón o en estructuras cercanas, se aborda principalmente con intervención quirúrgica o con técnicas de destrucción selectiva de células.

Cirugía

  • Nefrectomía radical: extirpación del riñón afectado y, a veces, de tejido circundante, como ganglios linfáticos y glándula suprarrenal que podría contener células tumorales. En la mayoría de los casos se conserva la otra riñón.
  • Nefrectomía parcial: remoción únicamente de la parte afectada del riñón. Esta opción puede considerarse cuando el tumor es de menor tamaño y permite conservar parte de la función renal, lo que resulta especialmente importante si no hay dos riñones sanos.

Procedimientos de ablación

Si la cirugía no es adecuada, se pueden emplear métodos de ablación para destruir las células tumorales mediante calor extremo o frío extremo:

  • Crioterapia: congelación de las células cancerosas para destruirlas.
  • Ablación por radiofrecuencia: calentamiento de las células cancerosas para ocasionar su muerte.

Tratamiento del CCR metastásico

Cuando el cáncer se ha propagado, las opciones se orientan a programas que combatan las células cancerosas en todo el cuerpo. Aunque la cirugía puede seguir siendo útil en algunos casos para aliviar síntomas o retrasar la progresión, no suele curar la enfermedad metastásica por sí sola. Las estrategias principales son la inmunoterapia y la terapia dirigida, a veces utilizadas en combinación, y en ciertos escenarios la radioterapia puede formar parte del manejo.

Inmunoterapia

La inmunoterapia fortalece el sistema inmunitario para que reconozca y combata mejor las células cancerosas. Entre los fármacos empleados se hallan:

  • Avelumab (Bavencio)
  • Ipilimumab (Yervoy)
  • Nivolumab (Opdivo)
  • Pembrolizumab (Keytruda)

Terapia dirigida

La terapia dirigida interfiere con procesos necesarios para la multiplicación de las células cancerosas y, en particular, restringe el suministro de sangre a los tumores para ralentizar su crecimiento. Entre los fármacos utilizados se encuentran:

  • Axitinib (Inlyta)
  • Bevacizumab (Avastin)
  • Cabozantinib (Cabometyx)
  • Everolimus (Afinitor)
  • Lenvatinib (Lenvima)
  • Pazopanib (Votrient)
  • Sorafenib (Nexavar)
  • Sunitinib (Sutent)
  • Temsirolimus (Torisel)
  • Tivozanib (Fotivda)

Según el cuadro clínico, el equipo médico puede recomendar otras terapias, incluida la radioterapia, en función de la localización y la extensión de la enfermedad, la sintomatología y la respuesta a tratamientos previos.

Panorama y pronóstico

¿Es curable el CCR?

La curación es más probable cuando la enfermedad está localizada y se ha retirado quirúrgicamente. En estos casos, el pronóstico a largo plazo suele ser muy favorable. En pacientes con CCR localizado de alto riesgo, puede considerarse la inmunoterapia tras la cirugía para mejorar los resultados a largo plazo. No existe una cura única para el CCR metastásico; sin embargo, la supervivencia ha mejorado gracias a terapias más efectivas dirigidas a células cancerosas concretas y a la inmunoterapia.

Perspectiva de la enfermedad

La detección en etapas más tempranas y la disponibilidad de tratamientos más eficaces han aumentado la supervivencia. En concreto, la supervivencia a cinco años para el CCR en la etapa I se sitúa en torno al 90%. Aunque históricamente la expectativa de vida en la etapa IV era limitada, hoy en día muchas personas viven varios años con la enfermedad gracias a las terapias disponibles y a un manejo más personalizado.

Prevención y reducción de riesgos

Puede prevenirse o reducirse el riesgo?

No siempre es posible prevenir el CCR, pero ciertos cambios pueden disminuir la probabilidad de desarrollo de la enfermedad. Por ejemplo, abandonar el hábito de fumar y evitar exposiciones a ciertos carcinógenos, junto con el manejo de condiciones como la hipertensión y la obesidad, pueden contribuir a reducir el riesgo. Mantener un estilo de vida saludable, con control de factores de riesgo cardiovascular y renal, también es beneficioso.

Vivir con CCR: cuidado, manejo y orientación

Plan de cuidado y seguimiento

Conocer un plan de cuidado individualizado ayuda a gestionar los síntomas y efectos secundarios de los tratamientos. Algunas personas pueden requerir diálisis después de la cirugía si una o ambas funciones renales quedan comprometidas. Es crucial entender cómo las terapias dirigidas o la inmunoterapia pueden afectar el cuerpo y qué esperar durante el tratamiento.

Preguntas útiles para hacer a su médico

Antes de iniciar un tratamiento, puede resultar útil plantearse las siguientes preguntas para comprender mejor la enfermedad y las opciones disponibles:

  • ¿Qué tipo de CCR tengo?
  • ¿Qué grado de avance tiene mi cáncer?
  • Cuáles son los beneficios y riesgos de las posibles opciones de tratamiento?
  • Qué efectos secundarios pueden aparecer y cómo se gestionarán?
  • Con qué frecuencia necesitaré visitas de seguimiento después del tratamiento?
  • Qué cambios en el estilo de vida puedo esperar durante el tratamiento?
  • Cuál es mi pronóstico?

Este plan de información y las decisiones de tratamiento deben hacerse en consulta estrecha con un equipo multidisciplinario de profesionales de la salud, adaptando las opciones a las características específicas de cada paciente y a su estado de salud general.

Vídeo sobre Carcinoma de células renales: Síntomas, Tratamiento y Pronóstico

Bibliografía

Autor

Autor Íñigo Aranda Íñigo Aranda Íñigo Aranda es un apasionado de la divulgación en salud y bienestar. Con experiencia investigando hábitos saludables y tendencias médicas, dedica su tiempo a compartir información clara y práctica.